sábado, 26 de noviembre de 2016

Guerra de secesión de Portugal (7)

“Algunos aristócratas pasaron de la oposición pasiva a la activa, y el duque de Medina Sidonia respondió a la solicitud del rey de formar un ejército con vistas a la campaña de Cataluña conspirando para convertirse en gobernante independiente de Andalucía con su ayuda (a imitación de su cuñado Braganza).”

El duque de Medina Sidonia, capitán general de Andalucía, hermano de Luisa Francisca de Guzmán, esposa del duque de Braganza, organizaba por su cuenta la rebelión en Andalucía con los mismos objetivos que el de Braganza.

Pero como hemos visto, no era el único problema secesionista que estaba surgiendo. En esa sintonía, el marqués de Ayamonte, a instancias de Luisa de Guzmán también intentó la rebelión, pero fue descubierto y ejecutado.

La ejecución del marqués de Ayamonte acabó amedrentando al duque, que en una maniobra comprometedora fue reclamado a la corte por el conde duque. No había actuado con suficiente ligereza preparando sus huestes, y se vio obligado, para no caer en la misma desgracia que el de Ayamonte, a atender la llamada del valido. “Vino el de Medinasidonia, aunque de mala gana; el orgulloso magnate que había soñado ser rey se echó humildemente a los pies de Felipe IV, confesó su culpa y pidió perdón. Otorgósele el soberano, ya predispuesto a ello por el ministro, bien que por vía de castigo se le confiscó una parte de sus bienes y se le sujetó a vivir en la corte. Pero el conde-duque le obligó a más: con achaque de que necesitaba justificar en público su inocencia, le comprometió a desafiar al duque de Braganza, por medio de carteles que extendió por toda España, y aún por toda Europa. Señalóse para lugar del combate un llano cerca de Valencia de Alcántara que sirve de límite a ambos reinos, donde se ofrecía el duque a esperar ochenta días, que se empezarían a contar desde 1.° de octubre. Y en efecto allá se fue el de Medinasidonia, acompañado del maestre de campo don Juan de Garay, y allí esperó el tiempo prefijado, hasta que viendo que nadie parecía se retiró a Madrid, satisfechos él y el conde-duque de lo bien que habían representado aquella farsa pueril.”

Tanto frente abierto desbordó la capacidad del conde duque, cuya ansia de poder le había hecho centralizar todas las cuestiones en su propia persona. Los consejeros se limitaban a seguir las ideas, en muchas ocasiones peregrinas, nacidas del caletre del valido, lo que llevó a que, aunque el “agraciado” hubiese podido ser cualquier otro de los asuntos que se manejaban en el momento, que “Desde un principio y ante la multitud de frentes abiertos en la política exterior de Felipe IV, Portugal resultó el más sacrificado por considerar las altas esferas políticas que era menos peligroso su levantamiento, que la intromisión francesa en Cataluña, cuyo avance podía poner en serio aprieto a Aragón e incluso a Madrid. Por ello, la campaña portuguesa durante varios años se limitó a escaramuzas fronterizas de escasas consecuencias, una especie de «guerra menor» por ambas partes; los robos, correrías y desolaciones eran continuas.”

Esa falta de actuación, no sólo militar sino también política, tan sólo significó el reforzamiento de las oligarquías separatistas portuguesas y de sus aliados franceses e ingleses, con los que unía desde hacía siglos una relación vejatoria para Portugal. El tratado entre los ingleses y la oligarquía portuguesa arranca de una fecha tan lejana como el 6 de abril de 1385, cuando fue coronado Juan de Avis, que acabaría venciendo en la batalla de Aljubarrota a un ejército castellano notablemente superior en efectivos. Portugal contaba con el apoyo de Inglaterra, habiendo firmado un pacto, el “tratado de Windsor”, inextinto hoy, que permite a Inglaterra hacer lo que le plazca; así, por el mismo intervino en 1640 propiciando la separación de éste reino hispánico de la unidad nacional; en 1890 Inglaterra exigió su incumplimiento y envió un ultimátum obligando a Portugal a retirarse del territorio existente entre Angola y Mozambique; en base al mismo tratado, Inglaterra obligó a Portugal a luchar en la Primera Guerra Mundial, y volvió a invocar el tratado para impedir que Portugal se aliase con el Eje y obligarle a ceder una base aérea en las Azores, y por supuesto no se cumplió cuando en 1961 fue atacada la India Portuguesa por el ejército de la Unión India.


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