domingo, 27 de noviembre de 2016

La caída del Imperio Romano (7)

En 455 era asesinado el emperador Valentiniano en medio del caldo de intrigas en que nadaba la corte imperial (en las que Valentiniano mandó asesinar a Aecio), y le siguió un periodo de nuevas intrigas para acceder al cargo donde los visigodos apoyaban a Avito frente a Petronio Máximo, y se produjo una guerra entre godos y vándalos en Italia, de la que salieron vencedores los godos. Como consecuencia, los suevos volvieron a la carga, saquearon Roma durante catorce días y tomaron parte de la cartaginense y de la tarraconense, lo que ocasionó una campaña de Teodorico II que le llevó al apresamiento de Rekiario, rey de los suevos,  y al control del reino suevo, que dejó de tener presencia destacable.
Pero en este festín de la sinrazón, Avito fue despuesto en 457 por Mayoriano, cuya primera misión fue desplazarse a Arlés a rendir pleitesía a Teodorico II (¡dónde había caído Roma!). Avito sería asesinado en 461y sería sustituido por Libio Severo, quien entre 462 y 464 cedió el gobierno civil de las provincias de Hispania a los visigodos.

Las provincias y ciudades, que generalmente conservaron la misma división y los mismos nombres que habían tenido bajo la dominación romana, se gobernaban por duques y condes; aquéllos regían una provincia entera, éstos presidían el gobierno de una sola ciudad y estaban subordinados á los primeros. Sustituían, según algunos, á los duques en ausencias y enfermedades los gardingos. Las poblaciones de menor entidad eran gobernadas por los prepósitos.

En 466 Teodorico II era asesinado por su hermano Eurico, que le sucedía en el reino y rompería el feudo con Roma al tiempo que ocupaba toda la Septimania. Los godos controlaban la Galia al Sur del Loira y desde los pasos alpinos a Burdeos gracias a la incompetencia de lo que quedaba del Imperio, donde Nepote, a título de emperador cedió su soberanía al godo. Además controlaban la mayor parte de las provincias Tarraconense, Cartaginense, Lusitania y Bética, y todo sen menos de tres años.

En 475 Eurico compilaba su código legal. Con este código el reino de Eurico disponía de ley escrita, lo que le situaba a la misma altura que el Imperio. 

A los setenta años de haber sido invadida España habían cumplido los godos la primera parte de su misión, la de destruir ó lanzar los otros bárbaros, y dan principio á la segunda, la de organizar un gobierno y un estado. En Eurico, en cuyo tiempo se pudo decir ya con verdad: «España tiene un rey godo,» se ve la civilización ir venciendo á la barbarie. Eurico subió al poder por un fratricidio: aquí se ven aún los instintos del godo bárbaro; pero después rige el imperio con justicia, y da leyes escritas á su pueblo: este es ya el godo civilizado. 

Durante el reinado de Eurico caía, el año 476, el último emperador romano (que por cierto había sido impuesto por Orestes, secretario de Atila), Rómulo Augústulo, nombre que si le había sido puesto por su padre, fue recogido por el pueblo para un emperador que hacía gala del sobrenombre. Por esta época los visigodos ya tenían asentamientos en Mérida y en el valle del Guadalquivir.

Por su parte Clodoveo, rey de de los francos, conspiraba para cortar el creciente poder de los visigodos, si bien se veía frenado por Teodorico, rey de los ostrogodos de Italia.

Eurico moría en  484, sucediéndole su hijo Alarico II, que perfeccionó la tarea de gobierno de su padre, consolidando la estructura gubernativa del Reino de Tolosa, y poseyendo ciudades en Hispania, entre las que destaca Pamplona, desde donde se combatía, con tropas auxiliares vasconas, las rebeliones de los cántabros y los astures. En esta marcha, se asentaron a ambas orillas del Duero, desde Soria hasta más allá de Toro (¿Villa gothorum?) y desde la cordillera cantábrica hasta la central, llegando a controlar los territorios de Burgos, Palencia, Valladolid, Soria, Segovia, Ávila, Guadalajara, Madrid y Toledo. El momento cumbre de tal proceso lo constituyó la promulgación de la Lex Romana Visigotorum, un nuevo texto legal compilado sobre la base del código de Eurico. 

Hasta estas fechas, la presencia visigoda en España sólo había tenido carácter militar, no de población. A lo que parece, no entraron con intención de poblar definitivamente hasta el 494-497, cuando ya se estaba gestando un enfrentamiento que tendría dramáticas consecuencias para el reino visigodo, que hasta entonces había sido de Tolosa.

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