martes, 1 de noviembre de 2016

LA LEYENDA NEGRA (2)

LA LEYENDA NEGRA (2)

“En el siglo XVII, Francia siguió generando abundantes textos críticos contra España, aunque la Inquisición no fue referente tan frecuente como en los años anteriores. Sólo encontramos juicios duros contra la Inquisición en la Histoire universeille de De Thou que calificó al Tribunal de “un horror todavía más agrandado por la forma extrema e inicua que éste emplea en contra del orden, la razón y la equidad naturales, sobre todo por los tormentos horribles cuya violencia a menudo obliga a inocentes y desventuradas víctimas a declarar contra la verdad”. 



La historia de la desinformación se volcaba en una vorágine sin precedentes, y es que,
“derrotados en el campo de batalla, los protestantes recurrieron a la guerra de palabras a través de la imprenta. En 1567 publicaron un folleto, traducido del inglés, al alemán, francés y flamenco, titulado Descubrimiento y simple declaración de las acendradas y sutiles prácticas de la santa Inquisición española. El autor, que escribe con el pseudónimo de Montanus, pretendía haber sido él mismo víctima de la Inquisición. Este folleto es considerado como el inicio de la Leyenda negra y fue el golpe de propaganda más sensacional del milenio. La mayoría de las tan conocidas patrañas tuvieron origen en él. Se esparció con rapidez por la Europa protestante, terreno fértil para recibir la semilla de la mala propaganda contra un enemigo al que odiaban y temían por razones tanto políticas como religiosas.”

El desprecio que el pueblo español sentía por sus autores era consecuencia de la suficiencia y del conocimiento diario de la verdad que la propaganda europeizante y protestante se obstinaba en tergiversar. Por el contrario, el desconocimiento histórico y el complejo acogota a las generaciones españolas del siglo XXI, y lo que no tuvo éxito antaño triunfa estúpidamente hogaño en una sociedad sin norte.

Ya nada importa que hasta ellos reconozcan lo que hay, porque como hoy, en la Hispanidad no se lee, hasta se pueden permitir el lujo de reconocer la verdad. Así, Pierre Chaunu, historiador de hoy, fuera de toda duda por ser calvinista, escribió: «La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica.» 

Dice Philip W. Powel, historiador norteamericano en el libro “Los grandes engaños históricos”, que la llamada “Leyenda negra” contra España fue un invento. Y añade: “La propaganda que tan efectivamente se empleó para estimular ataques contra España, y a la vez levantar a las naciones que le sucederían en la cumbre del poderío europeo, contribuyó en gran manera a la debilitación y declive de aquel país y de su imperio” (España). Así, durante los siglos XVI y hasta el XIX, varias naciones europeas, sobre todo, Holanda, Inglaterra y Francia, y también los EE.UU. de Norteamérica con ocasión del apoyo que dieron a la independencia de algunas de las colonias españolas en América, protagonizaron una campaña de insidias contra nuestro país, unas veces inventándose una serie de hechos negativos que nunca existieron, otras veces magnificando meros hechos aislados y sin apenas trascendencia y, en otros casos, engañando a base de elevar a verdades absolutas lo que sólo llegaron a ser medias verdades, tergiversadas luego con maliciosa intencionalidad para producir efectos múltiples que enfrentaran al mundo contra nuestro país, atribuyéndole a España atrocidades que luego ellos cometieron.

Un ejemplo de lo que se dice se tiene en la denuncia que dichos países hicieron ante el mundo sobre masacres y exterminio cometidos por los conquistadores españoles en América, que no se discute que sí se dieran algunas atrocidades que fueron de todo punto injustas y reprobables, pero que era casi normal que se cometieran por ambas partes en una época en que existían el derecho de conquista  y el radical choque entre religiones, en el caso de España por defender la unidad de la fe católica que entonces era confesional, y en el caso de los países conquistados, por el culto a sus dioses con el ofrecimiento de cruentos sacrificios de jóvenes cebados que descuartizaban para así ofrecerlos a sus ídolos religiosos.”

Y dice más el señor Powell sobre la actividad de la Inquisición, sobre el desarrollo de la cultura en América, y sobre todo lo comentado en este trabajo. Es una verdadera pena que autores como éste hayan sido condenados al ostracismo, no sólo por los poderes fácticos del mundo anglosajón, sino tambíén, y lo que es más lamentable, por los poderes fácticos hipánicos. Desde la modestia de este trabajo reivindico a Philip W. Powel y recomiendo la lectura de sus obras, entre ellas, “Arbol de Odio”, que puede ser encontrada en la red de internet.



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