viernes, 18 de noviembre de 2016

La revuelta comunera (7)

Inmediatamente después de la muerte de Fernando el Católico los incidentes y el desorden volvieron a aparecer en Castilla. Unas veces eran las ciudades que se levantaban contra los señores. Otras —las más— eran los nobles que intentaban alcanzar posiciones ambicionadas durante largo tiempo. Frente a la subversión que amenazaba con desintegrar el reino, Cisneros no vio otra solución sino la creación de una fuerza armada permanente que cuidara de hacer cumplir las decisiones de la justicia y de mantener el orden.

En este momento no se puede decir que esa actividad de revuelta vaya encaminada contra Carlos I y contra la corte de flamencos que le acompañaba. Era más bien la actividad de la misma nobleza que, una vez muerto Fernando, salía por sus fueros, y manipulaba a la población haciendo que ésta reclamase como derechos propios la abolición de prerrogativas reales que la beneficiaban.

“El 14 de marzo de 1516, Carlos es proclamado rey de Castilla y Aragón en una ceremonia solemne. Ocho días más tarde notificaba esta proclamación a Cisneros. A partir de entonces debía ser considerado rey con el mismo título que su madre, «juntamente con la católica reina, mi señora». Era un auténtico golpe de Estado y como tal fue calificado en Castilla.”

Pero quién tenia cualidades para calificar de tal modo ese acto que, por supuesto es inadmisible… Sin lugar a dudas la nobleza, que era la primera en presumir una merma en  los derechos que, tras la muerte de Fernando, pretendían abrogarse. El pueblo también tendría capacidad de calificar el hecho como golpe de estado, pero nunca con la inmediatez que lo hizo la nobleza. Si para el pueblo era un golpe de estado, que lo era, necesitaba más tiempo para asimilarlo dado que la comunicación de hechos no corría con la rapidez que podía correr entre la nobleza.

En cualquier caso, era difícil exculpar al rey, aunque también “se ha dicho que el joven príncipe, dirigido en absoluto por su consejero y privado Guillermo de Croy, señor de Chievres, merece el perdón de la historia en estos primeros actos de vida: tenía á la sazón diez y seis años, era dueño de los dos reinos más poderosos de la Europa meridional, veia en perspectiva la codiciada herencia de su abuelo Maximiliano I, emperador de Alemania y rey de romanos.”  Y sobre todo tiene un a historia posterior que, si no puede anular lo acaecido en sus primeros años, sí puede inundarlo con hechos gloriosos que predisponen la mente de quien entra en su conocimiento, a quitar importancia a los gravísimos hechos protagonizados entre los 16 y los 20 años del protagonista, y a interpretar que en el conjunto de la historia de Carlos I constituyen la mácula que toda persona tiene en su vida.

En 1517 aparece la reforma luterana; en 1521 Solimán el Magnífico se apodera de Belgrado; en 1522, de Rodas; en 1526 de casi toda Hungría; a Viena llegan en 1529. Por otro lado, la enemistad de Francisco I de Francia completaba un panorama de guerra permanente. La situación que se planteaba en Europa, combinada con la situación de poder y la formación humanista y cristiana de Carlos, forzosamente debían convertirlo en el adalid de la fe. Estos hechos contribuirían a mitigar la mala imagen que dio en sus primeros años de rey.

Tras varias demoras, por fin, el 19 de septiembre de 1517 desembarca en Villaviciosa Carlos I, que rodeado de una corte flamenca encabezada por Guillermo de Croy (el señor de Chevres), es recibido por una modesta representación nobiliaria y por una carta “instrucción” del moribundo cardenal Cisneros, que mereció una penosa respuesta en la que “le daba su real licencia para que se retirase á su diócesis á descansar de las fatigas de su laboriosa vida, y á aguardar del cielo la digna remuneración de sus servicios, que solo el cielo podia darle como él la merecía” .”Y esta carta dicen que notó el obispo Mota, a quien no le placía que el cardenal se juntase con el rey, para le hacer sinsabor con aquella manera de despedirle a cabo de tantos servicios. Luego que llegó esta carta, el cardenal recibió tanta alteración con ella, que se le encendió la calentura de tal manera, que en pocos días le despachó, y domingo a 8 de diciembre de este año de 1517, en Roa, dio el ánima a Dios.”

No, no empezaba con buen pie su andadura en los que auténticamente eran sus reinos. “Ni su educación ni las personalidades de su círculo habían preparado al rey para preocuparse con el debido interés de los súbditos españoles. Bien al contrario y pese a las advertencias de Cisneros, parecía que Chièvres y sus colaboradores hubieran llegado a Castilla con la intención de sacar del país los mayores beneficios sin prestar la menor atención a sus intereses más legítimos y estimulados.”

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