lunes, 26 de diciembre de 2016

La crisis del siglo XVII (7)

No obstante, en 1626 Felipe IV podía decir: “Nuestro prestigio ha crecido inmensamente. Hemos tenido a toda Europa en contra nuestra, pero no hemos sido derrotados, ni hemos perdido a nuestros aliados, mientras que nuestros enemigos me han pedido la paz. El pasado año de 1625 hemos tenido a nuestro cargo casi 300.000 hombres de a pie y de a caballo, y en armas a unos 500.000 hombres de las milicias, mientras las fortalezas de España se ponían en estado de defensa. La flota, que al subir yo al trono sólo tenía 7 barcos, se ha elevado en 1625 a 108 barcos de guerra marítima, sin contar los navíos de Flandes, y las tripulaciones están formadas por los marinos más diestros que este reino haya tenido nunca ... Este mismo año de 1626 hemos tenido dos ejércitos reales en Flandes y uno en el Palatinado, y todo el poder de Francia, Inglaterra, Venecia, Saboya, Suecia, Dinamarca, Holanda, Brandeburgo, Sajonia y Weimar no ha podido salvar Breda de nuestras victoriosas armas.”

Baladronadas vacías de contenido, porque si los ejércitos cumplían con su obligación, la corona no hacía lo propio, demorando los pagos, celebrando fiestas sin fin y haciendo gastos suntuarios que España no se podía permitir, aunque la historia negra que las minas de América lo cubrían todo.

Sí venía plata de América; naturalmente, pero no en cantidades tan inmensas como el imaginario europeo ha llegado a divulgar. Cálculos de aficionados a la historia sitúan el monto de la plata sacada de Potosí en todo el tiempo que duró el Imperio, equivalente a la deuda externa del Ecuador del año 2014. Sin embargo, “Las naves inglesas y holandesas hacían tal persecución y andaban tan a caza de las flotas españolas destinadas a traer el dinero de las Indias, que cuando arribaban nuestros galeones salvos y sin tropiezo, se celebraba en la corte como un acontecimiento de extraordinaria prosperidad. La llegada de una flota con diez y seis millones de moneda sin haber tropezado con la armada inglesa que había acometido a Cádiz (1625), se mandó celebrar en Madrid con fiestas anuales.”

Fiestas y jolgorios de la corte que requerían apretar todavía más al pueblo, y para ello, don Gaspar de Guzmán creó nuevos impuestos especiales. “Pero tamaños impuestos no fueron tampoco de remedio para las armas españolas; pues el conde-duque empleó la mayor parte de ellos en edificar y adornar suntuosamente el palacio del Retiro real, y en disponer costosísimas fiestas para  divertir y apartar de los negocios de estado al rey Felipe IV.”  Esta actuación fue denunciada por muchos, especialmente por el duque de Fernandina, célebre por sus victoriosas campañas contra los ingleses, cuyo prestigio no le valió de nada, ya que por la denuncia fue perseguido y encarcelado, muriendo en prisión el año 1636.

En esta situación, en 1638, Enrique de Borbón-Condé, el Príncipe de Condé, que posteriormente sería aliado de España, y en el desarrollo de la Guerra de los 30 años, sitió Fuenterrabía por mar y tierra con un poderoso ejército de 30.000 hombres y 64 barcos, siendo batido por la guarnición de la plaza, compuesta por 1300 soldados que resistieron el sitio hasta la llegada de las tropas de refuerzo que, dada la pésima situación administrativa y económica tardó sesenta y nueve días en llegar.

A la par, la flota española sufría serias derrotas en Dunkerke  y en Brasil. Así, a primeros de 1640 la situación española era la de un héroe vencido. Olivares buscaba la paz en todos los frentes. Pero en esos momentos, en mayo, se rebeló Cataluña, y en diciembre Portugal. Francia estaba desplazando el frente de lucha desde la frontera de Vascongadas a la de Cataluña. Esto era favorable a los intereses de España, porque Cataluña era “provincia gruesa, abundante de gente y víveres y de otros géneros, y la más descansada [de impuestos] destos reinos”, pero la Generalidad se negó a aportar soldados y las gentes se sintieron desaforadas por tener que alojar a su costa a los soldados del Imperio que iban a defenderlos del ataque francés, momento que aprovecharon los franceses para tomar posiciones de importancia, entre las que destacaba Salses.

La situación era de un cariz tal que se veía al conde-duque como culpable de todos los males, y el pueblo recitaba una décima atribuida a Quevedo que decía:

"Toda España está en un tris
y a pique de dar un tras;
ya monta a caballo más
que monta a maravedís.
Todo es flamenco país
Y toda cuarteles es;
al derecho y al revés
su paz alterado han
el rebelde catalán
y el tirano portugués.”

0 comentarios :

 
;