viernes, 30 de diciembre de 2016

Los Cátaros (7)

Rituales, doctrina (2)


Promovían el amor libre. Para los cátaros, ninguna salvación fue posible sin haber renunciado previamente al matrimonio. Incluso no sólo preferían las relaciones heterosexuales ocasionales, sino que era preferible la relación sexual "antinatural" al suprimir todo riesgo de procreación.
Las autoridades de la Iglesia catara no desaprobaban tales conductas. En épocas festivas se llegaba a niveles de orgía. Más aún, estima que la actitud relajada hacia la moral sexual explica el éxito que alcanzaron en la patria de los trovadores.


Negaban tajantemente la naturaleza divina de Jesús y rechazaban, igualmente, la eucaristía y la veneración de la cruz. Pensaban que esta era un simple madero que se había utilizado por el Mal, que domina nuestro mundo, como instrumento de suplicio de Cristo por los hombres. En suma, los cátaros ofrecían a los creyentes un cristianismo en el que gracias a la vía de salvación ofrecida por Jesús se puede evitar la condena eterna; un cristianismo sin culto a la cruz; un cristianismo sin eucaristía.

En cuanto a Cristo, los cátaros sostenían que hasta su venida la Humanidad había estado bajo el imperio de Satán (Principio del Mal), al que atribuían incluso la personificación de Jehovah en el Antiguo Testamento. Sin embargo, no consideraban a Cristo como Dios, sino como un eón emanado y adoptado por Dios como Hijo y venido al mundo a través del seno de María para enseñar a los hombres el valor del espíritu y el camino de la liberación de la materia, sin misión expiatoria alguna, sino puramente didáctica y ejemplar. El no podía ser contaminado por la materia: su cuerpo era aparente o fantasmal y por tanto no había sufrido ni muerto realmente en la Cruz -sino sólo simbólicamente- ni resucitado corporalmente. De acuerdo con su Cristología, la Iglesia católica, con sus sacramentos materiales, su culto visible -cruces, imágenes y ornamentos- y su organización externa, era para los cátaros la gran Babilonia, la cortesana, la basílica del diablo y sinagoga de Satán.

En esta vida el único pecado consiste en la sujeción del mundo y el principio moral básico es la abstención del mundo. Las obras carecen de todo valor; sólo la iluminación interior salva.

El culto cátaro, sin cruces, imagenes ni sacramentos, se reducía a reuniones en las que se leía el Nuevo Testamento traducido a lengua vulgar (cosa que prohibiría el concilio de Toulouse de 1229). Seguía una homilía, la recitación del pater y la bendición del pan, reservadas al Perfecto.
Aunque no practicaban ningún sacrificio ritual tenían otros ritos: a) oración, especialmente el Padre nuestro, que repetían unas 250 veces al día, y en el que cambiaron panem quotidianum por panem supersubstantialem; b) consolamentum, o rito de entrada en la secta por imposición de manos que convertía a un creyente en perfecto; melioramentum o invocación de los creyentes a los perfectos pidiendo su intercesión ante Dios; servitium, o asamblea con lectura del Evangelio y sermón de un perfecto; fracción del pan, y aparellamentum, o confesión pública de los pecados.

Que consistían en lo siguiente:

"Consolamentum": sacramento fundamental de la iglesia cátara mediante el cual el creyente se liberaba del mal. Se utilizaba para ordenar a los "Perfectos" y equivalía al bautismo, y también a la extremaunción si se administraba en el momento de la muerte; en ese caso, si el moribundo sobrevivía, el rito caducaba. Era una consagración, y como tal, exigía una serie de compromisos que el purificado debía asumir.

"Melloramentum”: Consistía en inclinarse profundamente tres veces delante de "Perfecto" demandándole en cada inclinación la bendición de Dios y la suya propia.

Esto se consideraba una forma de progresar en el camino del bien. "Service o Aparellament": Un ritual de práctica de penitencia pública y colectiva .

"Convenenza": Acuerdo entre la iglesia cátara y los creyentes para que durante los momentos anteriores a la muerte éstos sean consolados.
"Endura": Ayuno estricto del creyente que se realizaba a veces después de recibir el "Consolamentum", y que en algunos casos podía llegar incluso hasta la propia muerte.

El albigenismo fue la primera cuña de indiferentismo religioso institucionalizado, a causa de su espiritualidad deísta y fisicalista, introducida en el Occidente cristiano y arrojó el primer germen de naturalismo legalista que fructificará plenamente en la Ilustración.

Uno de los aspectos más problemáticos, y que generó gran inquietud y defecciones entre los cátaros era, por ejemplo, la doctrina relativa al estado del perfecto: Así, si un perfecto pecaba, todos los que hubieran recibido el consolament de sus manos, lo perdían, de manera que se condenaban irremediablemente.

El hombre, enseñaban, es una contradicción viviente. De ahí que la liberación del alma de su cautividad en el cuerpo sea la verdadera finalidad de nuestro ser. Para alcanzar ésta, el suicidio es recomendable; era costumbre entre ellos en la forma de la endura (inanición). La extinción de la vida corporal en el mayor grado compatible con la existencia humana es también una finalidad perfecta. Como la generación propaga la esclavitud del alma al cuerpo, debe practicarse la castidad perpetua. La relación matrimonial es ilegal; el concubinato, al ser de naturaleza menos permanente, es
preferible al matrimonio. El abandono de la mujer por su marido, o viceversa, es deseable. La generación era aborrecida por los albigenses incluso en el reino animal.

Por consiguiente, se ordenaba la abstención de todo alimento animal, excepto el pescado. Su creencia en la metempsicosis, o trasmigración de las almas, resultado lógico de su rechazo del purgatorio, suministra otra explicación para la misma abstinencia. A esta práctica añadieron largos y rigurosos ayunos. La necesidad de absoluta fidelidad a la secta era fuertemente inculcada. La guerra y el castigo capital eran absolutamente condenados.

Su pesimismo radical ante la vida los conduciría, con perfecta lógica, hasta el suicidio. Había quienes se hacían abrir las venas en un baño y morían suavemente; otros tomaban bebidas emponzoñadas o se daban la muerte en diversas maneras. La más usada era la endura, lento suicidio, que consistía en dejarse morir de hambre. De los casos que conocemos, algunos acabaron su vida al cabo de sólo seis días de ayuno absoluto; otros duraron siete semanas e inmediatamente eran venerados como santos y propuestos al pueblo como modelos.

El culto de los cátaros comprendía: la comida ritual, en la que un perfecto bendecía y partía el pan que, luego, se dividía entre los presentes; el melioramentum, que tenía lugar cada mes y consistía en una confesión general seguida de tres días de ayuno. Todas las ceremonias concluían con el beso de paz que todos los presentes al rito se daban sobre ambas mejillas.

En algunos, los perfectos, el espíritu o parte superior del ser humano que quedó en los cielos en el momento de la caída, se ha adueñado de nuevo del alma. Con la muerte, libre ya el alma del cuerpo material, será arrastrada por el espíritu al reino celeste del Bien, en donde se revestirá del cuerpo espiritual y glorioso que perdiera en su descenso a este mundo….La mayoría, los Creyentes, no han recibido aún el espíritu y -salvo que
lo hagan antes de la muerte- habrán de pasar por sucesivas reencarnaciones.

Podían casarse y tener hijos (aunque, como se ha señalado antes, era preferible el amor libre). Podían comer carne y tener bienes materiales. Sólo les estaba vetado los juramentos y matar animales (ya que eran posibles receptáculos de reencarnación). Se les recomendaba intentar zafarse de acudir a guerras, salvo que les fuera imposible.

El perfecto tenía que abstenerse de cualquier forma de intimidad sexual, rezar constantemente y ayunar con frecuencia. Cuando se le permitía comer, debía evitar la carne o los derivados de la reproducción, como el queso, los huevos, la leche o la mantequilla. Sin embargo, podía beber vino y comer pescado, pues el hombre medieval creía que este último surgía en el agua por generación espontánea. Un solo desliz en
este régimen severamente impuesto —tan nimio como un bocado de ternera o un beso robado—, y se esfumaba el estatus de perfecto. El reincidente tenía que recibir de nuevo el consolamentum al igual que todos los demás a los que el imperfecto perfecto había llegado a «consolar».

Viviendo en comunidades separadas por sexos, recibían ocasionalmente la visita de un diácono o de un obispo, y entonces le dirigían un acto de sumisión y aún de penitencia que era conocido de “servisi” o “aparellament”. Por su parte, sus fieles, cuando se encontraban en cualquier parte, o en mitad de la calle, se mostraban respeto y veneración mediante un “melhorier”, es decir, un rito que incluía tres prosternaciones e
invocaciones diversas. Y cuando estos mismos fieles los recibían en su casa, les pedían que partiesen el pan, no como una equivalencia de la eucaristía católica –los cátaros se reían de lo que el Concilio de Letrán (1215) ya designó con el nombre de transubstanciación-, sino como
un acto de fraternidad y un memorial de los gestos de Cristo durante la Santa Cena.

En el ritual cátaro de Lyon se ruega así a Dios: “No tengas piedad de la carne nacida de la corrupción, mas ten piedad del espíritu preso.

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