miércoles, 14 de diciembre de 2016

Los realistas americanos (4)

Agustín Agualongo (y 3)


Pero el odio de Bolívar no desapareció con esta nueva masacre. Muy al contrario quedó reflejado en la orden que, tras la victoria de ese aciago día, dio al General Salom. Entre otras, marcaba las siguientes medidas:

“…Destruirá US. todos los bandidos que se han levantado contra la República.
Mandará US. partidas en todas direcciones a destruir estos facciosos.
Las familias de estos facciosos vendrán todas a Quito para destinarlas a Guayaquil.
Los hombres que no se presenten para ser expulsados del territorio serán fusilados.
Los que se presenten serán expulsados del país y mandados a Guayaquil.
No quedarán en Pasto más que las familias mártires por la libertad.
Se ofrecerá el territorio de Pasto a los habitantes patriotas [separatistas] que lo quieran habitar...”

Odio que quedaría remarcado en su carta de 21 de Julio de 1823 al general Santander, en la que decía Simón Bolívar:”Pasto es la puerta del sur (decía) y si no la tenemos expedita, estamos siempre cortados, por consiguiente es de necesidad que no haya un solo enemigo nuestro en esa garganta (...) (los pastusos tienen) una alma de acero que no plega por nada. Desde la conquista acá, ningún pueblo se ha mostrado más tenaz que ese. Acuérdese Vd. lo que le dije sobre la capitulación de Pasto, porque desde entonces conocí la importancia de ganar esos malvados. Ya está visto que no se pueden ganar y por lo mismo es preciso destruirlos hasta en sus elementos.”
Era una guerra de reveses. Finalmente, José Mires tomaría Pasto, quedando Agualongo encerrados en el convento de las monjas Conceptas, de donde acabó huyendo para sufrir nueva derrota en Buenaventura, esta vez definitiva, a manos de Tomás Cipriano Mosquera. “Retirado al pueblo del Castigo fue sorprendido el 24 de Junio de l.824 por el General José Maria Obando. Tomado prisionero, se le condujo con tres cabecillas principales a Popayán y sometidos a juicio, se les condenó a ser pasados por las armas. Estando en Capilla le llegó la Cédula Real de Fernando VII confiriéndole el grado de General de Brigada y fue fusilado el 13 de Julio de l.824, cuando solamente tenía 44 años de edad. Sus últimos momentos fueron de gran valor, como había sido su vida militar bravía, valerosa y constante”.
“Ante el pelotón de fusilamiento exclamo que, si tuviese veinte vidas, estaba dispuesto a inmolarlas por su religión y por su Rey de España, suplicó que no le vendaran, porque quería morir cara al sol, mirando la muerte de frente, sin pestañear, siempre recio, como su suelo y su estirpe.”

Gran espíritu hispánico de Agualongo, quién debe ser reconocido como héroe de la Hispanidad; un personaje visionario que supo detectar la mala fe en aquellos criollos que con tanto ardor buscaron y consiguieron la ruptura de la patria con el único objetivo de satisfacer sus ansias economicistas. La verdad es que “mucho se ha escrito sobre la actitud de Agualongo en contra de los criollos que afanosamente buscaban la libertad de la Nueva Granada, pero razones importantes tenía para pensar que una vez llegaran al poder dichos hijos de españoles, ya sin ninguna cortapisa de por medio, terminarían los indígenas perdiendo sus tierras, como en efecto ocurrió.”

La marea de la tiranía no pudo ser contenida por el patriota Agualongo, que tuvo que sufrir la pasión y la muerte a manos del invasor sin que el coraje hispánico pudiese frenar la codicia de los agentes británicos, quienes encontraron su labor trillada por la indolencia del pueblo español, que sin remedio e incomprensiblemente incluso para ellos, sucumbiría ante su tiranía

Bolívar encontró en Pasto resistencia patriótica que arrasó a sangre y fuego, pero no fue Pasto el único lugar que el tirano miraba con desconfianza. Así, con relación a Coro, que tantas muestras había dado de mantenerse fiel a la Patria, manifestaba el genocida de Pasto: “El resto del pueblo lo creo tan godo como antes. Ni aún por mi llegada se acercan a verme, como que sus pastores son jefes españoles. Yo creo que si los españoles se acercan a estas costas, levantarán 4 ó 5.000 indios en esta sola provincia. La nobleza de este país permanece renuente y abstraída de todo; pero cobrando millones y Coro no ha valido jamás un millón”.

Pero España estaba perdida, y las peores pesadillas de sus enemigos no pudieron verse cumplidas, siendo que, además de ser el mejor sueño de los patriotas, hubiese sido la más lógica de las soluciones.

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