martes, 10 de enero de 2017

Anotaciones para un estudio del priscilianismo (7)

Últimamente no falta quién reivindique la figura de Prisciliano; así se pueden encontrar afirmaciones como la siguiente: A pesar de haber sido condenado como hereje de conducta licenciosa y maleficio, Prisciliano fue un asceta que quiso vivir un cristianismo más auténtico y evangélico; pero también una figura carismática capaz de movilizar multitudes, un “mártir apócrifo” canonizado por el pueblo, un teólogo genial mucho tiempo descalificado como hereje y luego rehabilitado y valorado como reformador de la Iglesia, un “profeta contra el poder”, un mito y un símbolo; mito rompedor, innovador y, por eso, controvertido. El gran patrólogo Uxío Romero Pose no duda en afirmar: “Prisciliano es sin duda, uno de los personajes más controvertidos –si no el que más- de la historia religiosa y social del final del mundo antiguo”.

Más cierto parece la afirmación que nos señala a Prisciliano como un avanzado del protestantismo, donde se ven reflejados aquellos extremos que le llevaron a la excomunión.

Estudiosos actuales opinan que, lejos de significar un rechazo a la Iglesia, bien puede significar un tímido y responsable acercamiento desde concepciones mas idolátricas o animistas de una religión puramente sideralísta, a otra forma de pensamiento netamente monista y antropomórfica.

El priscilianismo no es sino el conjunto de la doctrina interpretada, y no pocas veces transformada de un personaje que vivió dentro de la orbita romana, mas concretamente en la Hispania romana del siglo IV. Esta persona se llamaba Prisciliano.

Para ello se basan en el único documento que perdura como escrito directamente por Prisciliano, el “Liber Apologeticus”, redactado como defensa ante el concilio de Burdeos, lo que pone en entredicho la veracidad de sus sentimientos respecto a lo que en él defiende, dado que, para el priscilianismo, como para el posterior pensamiento protestante, la mentira no es en sí un mal, sino un posible medio para conseguir los
objetivos.

Así, en la citada obra se puede leer:

Él es quien ha sido, es y será y, contemplado por los siglos, verbo hecho carne, habitó entre nosotros y, crucificado, fue constituido heredero de la vida31 una vez derrotada la muerte y, resucitando al tercer día, mostró, hecho figura de lo venidero, la esperanza de nuestra resurrección, y, ascendiendo a los cielos, construyó el camino para quienes se dirigen hacia él, todo él en el padre y el padre en él, para que se manifieste lo que está escrito: gloria a dios en los cielos y paz a los hombres en la tierra de la buena voluntad.

Como dice Juan: tres son las cosas que dan testimonio en la tierra: el agua, la carne y la sangre, y estas tres están en uno solo, y tres son las que dan testimonio en el cielo: el padre, el verbo y el espíritu, y estas tres son uno solo en Cristo Jesús.

Para nosotros hay un solo dios, el Padre, del que todo procede y nosotros en él, y un solo señor, Jesucristo, por quien todo fue hecho y nosotros por él.

Según dice el apóstol: quien niega al hijo tampoco tiene al padre, pero quien confiesa al hijo, tiene al hijo y al padre…sea anatema quien niega que el Señor Dios nuestro estuvo sujeto con clavos o que bebió vinagre o hiel. A propósito de todo esto, los cismáticos o los herejes, conforme a lo que acostumbran, interpolando las Escrituras e insertando en los textos sagrados el pensamiento de su propia depravación, mezclaron lo falso con lo verdadero y lo mendaz con lo católico…Sea anatema quien no condene a Manes y sus obras, sus doctrinas y sus costumbres.

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