lunes, 23 de enero de 2017

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX (3)

 

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX


Previsto un alzamiento liberal por el subteniente Cayetano Cardero, el día 18 de enero de 1835, el 2º batallón de Voluntarios de Aragón se amotinó ocupando el edificio de Correos, Puerta del Sol y calles adyacentes, en Madrid. En principio parecía que había algún que otro motivo político, se especulaba con el descontento con el Estatuto Real, con el gobierno y con la marcha de la guerra, pero parece que el motivo principal era librarse de Llauder, enfrentado con sus compañeros del gabinete de Martínez de la Rosa y con la oposición liberal avanzada. Se trataba, así, de un alzamiento de los liberales contra los liberales.

El general José de Canterac, uno de los firmantes de la capitulación de Ayacucho, pretendió pararlo y fue tiroteado y muerto, y este hecho paralizó a los mismos conspiradores, que se vieron acometidos por el general Llauder, apoyado por otros generales. Tras unos cañonazos se dio el indulto a los sublevados, que al son del himno de Riego marcharon a combatir a los carlistas.

“El Eco del Comercio” de 19 de enero de 1835 relataba así el hecho:
Toda la guarnición y la Milicia Urbana, que se habían puesto sobre las armas empezaron a aproximarse hacia las avenidas de la casa de Correos, pero solo hizo fuego la infantería de la guardia, y sola a ella los hacían los encerrados. La compañía de granaderos del 4º batallón de urbanos mandada por su capitán Berrueta, se aproximó por la calle de Carretas, mas al oír que desde correos gritaban viva Isabel II, viva la libertad, se abstuvo de hacer fuego a los que daban sus mismos gritos.
En seguida se acercaron algunos parlamentarios, que por las rejas hablaron con el comandante Cardero, y últimamente se presentó el general Solá, anunciando á nombre de S M. el perdón para todos. En su consecuencia á las tres de la tarde han salido los voluntarios de Aragón a tambor batiente y tocando patrióticas por las calles de la Montera y de Fuencarral con dirección a Alcobendas; y las cinco de la tarde ya se habían retirado a sus cuarteles las tropas y la Milicia a sus casas.
Los muertos y heridos de resultas de las descargas han sido tres de los de correos, ocho ó diez de la guardia, un aguador y otro paisano.

Un acontecimiento que no calmó la situación, sino que no fue sino un hito más, de menor importancia, premonitorio de lo que ocurriría año y medio después en el que la Guardia Nacional tuvo una especial significación, con una consecuencia subsiguiente: el triunfo de la rama liberal-progresista.

El 12 de Agosto de 1836 tuvo ocasión el motín de los sargentos de la Granja, donde los sublevados, al parecer utilizando todo tipo de vejaciones, incluida la agresión sexual a la regente María Cristina, consiguieron restablecer la Constitución de 1812. Este levantamiento tuvo su causa en los problemas de tipo económico y social, sobre todo en la industria textil de Barcelona. Los liberales implantaron la Constitución de 1812 de manera provisional, siendo que la guardia real se manifestó con vivas a la constitución, a Mina y a Inglaterra…. (Pirala 1868 III: 301), y siendo que en Barcelona, donde Mina ejercía sus funciones de capitán general, estaba siendo asistido por el jefe de la armada británica, comandante Parker.

A estos actos le siguieron varios pronunciamientos, siendo los primeros los habidos en Zaragoza y Málaga, con soflamas en la prensa que, como “El Español” de 19 de agosto de 1836,  decía:
Se toman disposiciones para alejar de la provincia aquellas personas que por su manifiesta opinión contraria a la causa de la libertad, pueden influir perniciosamente en el espíritu de los pueblos, y en este punto interesante a vuestra seguridad, la junta tiene muy presente que cualquiera tolerancia es perjudicial a la marcha de revolución que hemos emprendido. Se ha mandado establecer una comisión militar, y otra de seguridad pública, compuesta de tres individuos de la junta. En suma os asegura que emplea todos sus esfuerzos para llenar el grande objeto de su alta misión: con ellos y con vuestra decisión y entusiasmo, el triunfo es cierto, no lo dudéis, y vuestra será la gloria. Ciudadanos: VIVA LA CONSTITUCIÓN, VIVA LA LIBERTAD, VIVA ISABEL II CONSTITUCIONAL. Córdoba I3 de agosto de 1836.

Y en la provincia de Jaén:
La Guardia Nacional de vuestra capital, identificada en sentimientos con las demás clases de su población, ha unido su pronunciamiento al que sucesivamente han hecho en Cádiz, Zaragoza, Málaga, Sevilla, Granada y otras ciudades populosas de esta monarquía. El convencimiento irresistible de los males en que nos tiene envueltos una política ministerial, vaga y cautelosa , reclama ya esta firmeza en nuestra decisión , y al ejemplo de esas otras capitales debemos sostenerla invocando la Constitución política de la monarquía española, en que se salva verdaderamente el trono y sus prerrogatívas, en que se afianza la corona en las sienes augustas de nuestra inocente REINA, y de la que emana nuestra libertad y se robustece con los derechos de una segura representación nacional.

Justificaban el pronunciamiento echando la culpa de todos los males a los apostólicos, que se habían levantado en armas contra el absolutismo liberal, argumentando del siguiente modo:
cuando los enemigos rompiendo esas decantadas líneas han atravesado sin obstáculos ni resistencia desde Álava hasta Galicia: desde Navarra hasta el corazón de Castilla la Vieja. Observando que las facciones del bajo Aragón ocupan y dominan el reino entero de Valencia, a excepción de la capital y de algunos puntos fortificados que nuestras tropas menos en Cataluña, parecen simples espectadores de los adelantos de los rebeldes; en fin que la virgen Andalucía ha sido invadida y manchado su suelo con la sangre de sus hijos, mientras por la parte de Murcia se muestran igualmente orgullosos y feroces los sicarios del absolutismo.

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