domingo, 8 de enero de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (1)


FERNANDO VII: DESEADO Y FELÓN



Podríamos decir que la figura de Fernando VII es controvertida y no haríamos sino romper una lanza a favor de este personaje, cuyo calificativo, forzosamente, debe ser muy otro.



Los pormenores de su reinado ya los hemos  tratados en “Los Procesos Secesionistas de América”, por lo que aquí nos limitaremos a señalar aquellos aspectos que resultan más llamativos y contradictorios.

En 1812, las cortes de Cádiz promulgaron una Constitución, la conocida como “la Pepa” por haber sido sancionada el 19 de marzo.

Habiendo fallecido su primera esposa, Maria Antonia de Nápoles, el año 1806 sin haber dejado descendencia, en 1816, casó en segundas nupcias con su sobrina Isabel de Braganza, que falleció en 1818 habiéndole dado una hija que también falleció con pocos meses. En 1819 volvería a contraer matrimonio con Maria Josefa Amalia de Sajonia, que fallecería en 1818 sin haber dejado descendencia. En su cuarto matrimonio, con su sobrina Maria Cristina de las Dos Sicilias, tendría dos hijas: la que acabaría siendo Isabel II en 1833, nacida en 1830, y Luisa Fernanda, nacida en 1832.

Si las vicisitudes familiares resultaron complicadas, justamente esas vicisitudes acabarían aportando una terrible inestabilidad nacional. Por sí mismas y por las circunstancias y talante del personaje, quien a la vista de su actuación tenía una sola preocupación: él mismo.

La situación se complicaría ostensiblemente el año 1820 cuando, un fatídico uno de enero, en Cabezas de San Juan (Sevilla) Rafael de Riego, al mando de las tropas destinadas a combatir a los separatistas americanos, y siendo partícipe como aquellos de organizaciones masónicas servidoras de los intereses británicos, se sublevó, ocasionando una cadena de nuevas sublevaciones que, además de dejar desamparado el territorio americano, sembraron la península de inestabilidad.

La situación creada por la asonada iniciada por los militares masones ocasionó que el 10 de marzo de 1820, Fernando VII diese nuevas muestras de su talante publicando un manifiesto en el que, entre otras cosa decía:
Me habéis hecho entender vuestro anhelo de que se restableciese aquella Constitución que entre el estruendo de las armas hostiles, fue promulgada en Cádiz del 1812, al propio tiempo que con asombro del mundo combatían por la libertad de la patria. He oído vuestros votos, y cual tierno padre he descendido a lo que mis hijos reputan conducente a su felicidad. He jurado esa Constitución, por la cual suspirabais, y seré siempre su mas firme apoyo. Ya he tomado las medidas oportunas para la pronta convocación de las Cortes. En ellas, reunidos a vuestros representantes, me gozaré de concurrir a la grande obra de la prosperidad nacional. (Incógnito 1844: 37)

Acabando el mismo proclamando:
Marchemos francamente, YO EL PRIMERO, POR LA SENDA CONSTITUCIONAL; y mostrando a la Europa un modelo de sabiduría, orden y perfecta moderación en una crisis que en otras naciones ha sido acompañada de lágrimas y desgracias, hagamos admirar y reverenciar el nombre español, al mismo tiempo que labramos para siglos nuestra felicidad y nuestra gloria. (Incógnito 1844: 37)

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