jueves, 26 de enero de 2017

Guerra de secesión de Portugal (8)

El tratado de Windsor de 1635, así, fue esgrimido por la oligarquía separatista portuguesa. Los ingleses, en esta ocasión, fueron llamados para proceder a lo que mejor sabían hacer: el expolio de lo ajeno. Se les brindaba una ocasión de oro para combatir en su propio terreno al único enemigo que les ponía trabas en su labor de parasitismo universal.

No parece muy lógico, en un trabajo que pretende ser histórico, expresarse de este modo con el reino de la Gran Bretaña, pero la realidad es obstinada, y si el asunto merece ser tratado en un trabajo aparte, y de forma muy extensa, baste esta descalificación general como sencillo apunte de la trayectoria histórica de la Gran Bretaña con relación a la Humanidad y con relación a España. Son dos conceptos de la vida absolutamente irreconciliables, y nos encontramos en un momento histórico en el que la Gran Bretaña tiene el poder que tenía España en el siglo XVI, y España el poder que tenían ellos en esas mismas fechas; con una diferencia: los españoles, hoy, no nos damos cuenta de lo que representa, para la Humanidad y para España, esa realidad, y nos mostramos inermes física y espiritualmente, lo que irremediablemente está comportando en el mundo una relación infinita de actuaciones contrarias al espíritu humanista.

Con enemigos de esas características y con gobernantes de las características de Olivares, “la misma dinámica que había impulsado la unión peninsular se desarrollaba ahora al revés. En Portugal están documentadas, desde 1629, las revuelas anti-fiscales contra las autoridades castellanas. Pasaban a escucharse con frecuencia las voces que criticaban a Felipe IV por la “forma insufrible” como el rey trataba a sus súbditos lusitanos. En consecuencia, se impulsaba a las gentes del reino a que “se levanten los pueblos y busquen otro rey.”

En esos momentos todavía actuaba el gobierno y actuaba la virreina manteniendo el orden y poco más. “La oposición no fue vencida hasta mayo de 1634. Después, en 1637, estallaron de nuevo disturbios en Portugal, en Evora, y circularon rumores de que podrían extenderse a otras ciudades. La causa era una vez más fiscal: los esfuerzos del gobierno de Madrid por crear nuevos impuestos para financiar la recuperación de Brasil de manos holandesas.”

Los holandeses habían tomado Salvador de Bahía el año 1624 y fue puesta al servicio de la  Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, cuya principal función era la obtención d azúcar y el tráfico de esclavos africanos para que trabajasen en los ingenios. Fue el triunfo de una serie de acciones que venían llevando a efecto flotas holandesas desde 1598. Serían expulsados en 1625.

En 1628 los holandeses montaron un fuerte en la Isla de Fernando de Noroña, de donde serían expulsados el año 1630. Pero ese mismo año se harían con una plaza más importante: Pernambuco, de la que no serían desalojados hasta el año 1654 gracias a la colaboración de marranos instalados en el lugar y que eran titulares de importantes ingenios azucareros.

Estos acontecimientos preocupaban al gobierno de Olivares, como ocuparon en su momento a Felipe II. “Durante la época de la “Unión Ibérica”, España tuvo una gran preocupación en materia defensiva en todo el territorio brasileño, siendo años en los que se construyeron numerosas fortalezas a lo largo de la costa de Brasil, en un momento en que la presencia de ingleses, franceses y holandeses era constante como también los diferentes confrontamientos con los indios de la región y por esta razón existió una preocupación por la presencia de una Armada que defendiera esta costa.” 

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