domingo, 1 de enero de 2017

LA LEYENDA NEGRA (3)





LA LEYENDA NEGRA (3)

Es de destacar que la España Imperial no reconocía colonias. España no tuvo colonias, sino reinos. “Dios nuestro Señor por su infinita misericordia y bondad se ha servido de darnos sin merecimientos nuestros tan grande parte en el señorío de este mundo, que demás de juntar en nuestra Real persona, muchos y grandes Reinos, que nuestros gloriosos progenitores tuvieron, siendo cada uno por sí poderoso Rey y señor, ha dilatado nuestra Real corona en grandes provincias, y tierras por Nos descubiertas, y señoreadas hacia las partes del Mediodía y Poniente de estos nuestros Reinos.”  En ello se insiste a través de los siglos. Felipe II habla de “los Reinos y provincias de las Indias occidentales, Islas y Tierra Firme del mar océano y otras partes”



Y en cuanto al trato y objeto de la Conquista, el Emperador Don Carlos, en Granada, á 17 de Noviembre de 1526 legisló: “Los señores Reyes nuestros progenitores desde el descubrimiento de nuestras Indias Occidentales, islas y Tierra Firme del mar Océano, ordenaron y mandaron nuestros Capitanes y Oficiales, descubridores, pobladores y otras cualquier personas, que en llegando á aquellas provincias procurasen luego dar á entender, por medio de los intérpretes á los indios y moradores, Como los enviaron á enseñarles buenas costumbres, apartarlos de vicios y comer carne humana, instruirlos en nuestra santa fe católica y predicársela para su salvación y atraerlos á nuestro señorío, porque fuesen tratados, favorecidos y defendidos como los otros nuestros súbditos y vasallos.” 

No fue sólo, así, lo legislado por la reina Isabel, muerta en olor de santidad y no beatificada por los intereses políticos de los enemigos de España, sino la práctica totalidad de la política llevada a cabo con posterioridad a ella, la que vigiló el buen gobierno y el buen trato de las personas en concreto en América.

El objetivo principal era la difusión del Evangelio, y con él, la liberación de las personas; así, Don Felipe II en la Ordenanza 144 de poblaciones, en el Bosque de Segovia, á 13 de Julio de 1573 volvió sobre el asunto: “Mandamos á nuestros Gobernadores y pobladores, que en las partes y lugares donde los naturales no quisieren recibir la doctrina cristiana de paz, tengan el orden siguiente en la predicación y enseñanza de nuestra santa fe. Conciértense con el cacique principal, que está de paz y confina con los indios de guerra, que los procure atraer á su tierra á divertirse, o a otra cosa semejante, y para entonces estén allí los predicadores con algunos españoles, é indios, amigos secretamente, de manera que haya seguridad, y cuando sea tiempo se descubran á los que fueren llamados; y á ellos juntos con los demás por sus lenguas é intérpretes, comiencen á enseñar la doctrina cristiana: y para que la oigan con más veneración y admiración, estén revestidos á lo menos con alvas ó sobrepellices y estolas, y con la santa cruz en las manos, y los cristianos la oigan con grandísimo acatamiento y veneración, porque á su imitación los fieles se aficionen á ser enseñados. Y si para causarles más admiración y atención pareciere cosa conveniente, podrán usar de música, de cantores y ministriles, con que conmuevan á los indios á se juntar y de otros medios para amansar, pacificar y persuadir á los que estuvieren de guerra; y aunque parezca que se pacifican, y pidan que los predicadores vayan á su tierra, sea con resguardo y prevención, pidiéndoles á sus hijos para los enseñar, y porque estén como en rehenes en la tierra de los amigos, persuadiéndoles que hagan primero iglesias, á donde les puedan ir á enseñar; y por este medio, y otros, que parecieren más convenientes, se vayan siempre pacificando y doctrinando los naturales, sin que por ninguna via ni ocasión puedan recibir daño, pues todo lo que deseamos es su bien y conversión.” 

Don Felipe III, en Madrid, el 1 de Junio de 1612 insistió en lo mismo: “Mandamos á nuestros Virreyes, Presidentes y Gobernadores, que pongan mucho cuidado en procurar se desarraiguen las idolatrías de entre los indios, dando para ello el favor y ayuda conveniente á las Prelados, estado eclesiástico y religiones, pues esta es la de las materias más principales de gobierno á que deben acudir con mayor desvelo, como tan del servicio de Nuestro Señor y nuestro, y bien de las almas de los naturales.” 

Hay quien, cuando se desmonta la leyenda negra afirma que se crea la “leyenda rosa”; son, sin lugar a dudas, “ilustrados”, “sofistas” que creen útil (y como son utilitaristas y confunden moral y utilitarismo) el uso de la mentira, y creen que los demás vamos a usar sus mismas armas. Nada más lejos de ello, lo que desde estas páginas proclamo, no es una historia rosa, sino la cruda historia.

Coincidió en la historia el protestantismo y la invención de la imprenta; una combinación que resultó letal para España; “los Países Bajos se conformaron como el principal núcleo de la crítica a la Inquisición, desde los primeros panfletos editados en 1548 hasta los textos de Philip Marnix de Ste. Aldegonde (1556) o la publicística derivada de la revuelta contra el duque de Alba. Hito fundamental en la guerra del papel impreso en los primeros años de este periodo lo constituye la Historia del estado de los Países Bajos y de la Religión de España (1558), las memorias del ya citado exiliado español Francisco de Enzinas, cuya contribución al miedo a la Inquisición española y la amenaza que suponía para los Países Bajos, fue fundamental.”

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