miércoles, 18 de enero de 2017

La revuelta comunera (8)

Agravaba el mal al cardenal, de lo cual tenían a menudo aviso los que venían con el rey, que estorbaban las vistas, porque el médico que le curaba les escribía y hasta qué tiempo podía vivir; y por esto alargaban la venida, esperando que el cardenal muriese antes de ver al rey…/… En este tiempo hacían el oficio del Consejo de Cámara, el obispo Mota y don García de Padilla, que habían sido proveídos en Flandes, y decían que no por buenos medios; que el uno tuvo con monsieur de Xevres, y el otro con el gran chanciller Juan Salvage.”  Los cortesanos flamencos no dudaban en dilatar el encuentro entre Carlos y en Cardenal Cisneros, a espera de lo que inevitablemente sucedió el 8 de Noviembre de 1517: la muerte del Cardenal.

Mal asunto, que el rey estuviese entre “cabros” (Chevres) y “Salvages”. Parecía premonitorio.

Era tal la situación existente en España, y tal el encono sentido hacia los flamencos, que hubo sospechas de envenenamiento en la muerte del cardenal. Nada hay que confirme el hecho del envenenamiento, pero el decir popular lo puso como causa de la muerte del estadista, y su lecho de muerte, “debajo de un dosel y con las vestiduras pontificales, estuvo mas concurrido de dia y de noche que el palacio del monarca, que tan ingratamente había pagado sus servicios…/.. los que le depriman y los que aspiren á canonizarle concordarán en reconocer que su figura es gigantesca, su capacidad pasmosa, nada comun su grande aliento, y en que contarle por hijo es fortuna de que se envanece con razón España.”

Sin pasar por Burgos, donde reinaba la peste, se dirigió a Tordesillas, donde el  4 de noviembre se entrevista con su madre, que se encontraba recluida.

Carlos seguía sin ser reconocido rey por las cortes castellanas y aragonesas. En enero de 1518 se reunieron en Valladolid las Cortes de Castilla para deliberar “si se habia de reconocer y alzar por rey á Don Carlos en vida de su madre Doña Juana, reina legítima y propietaria de Castilla…/… Las cortes fueron presididas, en nombre del rey, por los consejeros flamencos…/… tenian asiento en los escaños de las cortes de Valladolid los mas encumbrados y poderosos magnates de Castilla, y solo un hijo del pueblo, el doctor Zumel, aunque obedeciendo al encargo de la insigne ciudad que representaba, tuvo alientos para oponerse á la conculcación de fueros y privilegios que deseaban llevar á cabo los desvanecidos y soberbios consejeros flamencos del monarca.”

El día 2 de febrero de 1518 las Cortes de Castilla se reúnen en la iglesia de San Pablo de Valladolid para el juramento de Carlos. En la presentación de las mismas, se recuerda al rey que “considerando que vuestra Alteza, como sancto, justo, católico Rey, primero debe e es obligado a socorrer e proveer en las cosas tocante a sus pueblos, universidades e subditos e naturales vasallos, que alas cosas suias propias…/… queremos traer a la memoria a vuestra Alteza, se acuerde que fue escojido e llamado por Rey, cuia interpretacion es regir bien, y por que de otra manera non seria regir bien, mas desypar, e ansy non se podria decir nin llamar Rey, e el buen regir es facer justicia, que es dar a cada uno lo que es suyo…/… pues en verdad nuestro mercenario es, e por esta causa asaz sus subditos le dan parte de sus frutos e ganancias suias e le syrven con sus personas todas las veces que son llamados.”

Nuestro mercenario es… Lejos estaban todavía los tiempos en los que Carlos sería un modélico rey de España que hablaba alemán con los caballos, francés con las damas, inglés con los perros y español con los soldados, según nos recuerda la memoria popular. En estos tiempos, cuando estaba saliendo de la niñez, dependía demasiado de sus ayos flamencos, más atentos a su propio beneficio que cualquier otra cosa, y desatendía lo que más convenía a él y a España. Lejos estaba que supiese interpretar lo que le decían las Cortes de Castilla.

No obstante esta circunstancia, en 1518 Carlos nombra Gran Canciller a Mercurino Gattinara, que fue sucesor de Sauvage e instigador de la Monarquía Universal, basada en la tradición imperial romana y cristiana, y fue el contrapunto a los parásitos flamencos encabezados por Chievres y por Ruiz de la Mota que hacían girar los intereses de España en torno a la voluntad de Francisco I de Francia. Él fue el principal valedor de Carlos para el cargo de emperador tras la muerte de Maximiliano.  Tal vez ese fue su único error, pero en cualquier caso era una luz en el entramado de tinieblas que cubría a quién estaba llamado a ser grande en la Historia de España.

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