miércoles, 1 de febrero de 2017

La conquista británica de España (XXV)


ASPECTOS ECONÓMICOS DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX


Por lo que respecta a Cuba, esta legislación tardó cinco años en llegar. No sería hasta 1830, año en que se firmó el Tratado de Comercio con Inglaterra, cuando se implantó  en Cuba la legislación sobre minería de 1825.

A partir de esta fecha se produce la entrada masiva de capitales foráneos, que tomaron el relevo en el control de la extracción en la isla. Entre las empresas que se formaron destaca sobre todo Consolidated Copper Mines of Cobre Association, constituida en Londres en 1835 con un capital bastante elevado para la época (480.000 libras esterlinas) y que lideró el laboreo de esta zona durante bastantes años. (Pérez 2014:15)

Poco después se iniciaría también en Cuba la construcción de la primera línea de ferrocarril española. El principal promotor de este proyecto fue Claudio Martínez de Pinillo, el Conde de Villanueva, nacido en La Habana, quien en 1832 se inició como Presidente de la Real Junta de Fomento de La Habana. Esta entidad llevaría a cabo la construcción del ferrocarril consiguiendo un empréstito de 2 millones de pesos negociado en Inglaterra. La construcción de la línea tuvo al norteamericano Alfred Cruger, como ingeniero principal. El 19 de noviembre de 1837, la Compañía Caminos de Hierro de La Habana abrió su primer tramo de 27,5 kilómetros desde la capital cubana hasta Bejucal, sólo 12 años después del primer servicio de ferrocarril público inglés.

En 1855, Cuba contaba con 522 kilómetros de vía ferroviaria, duplicándose en una década, y siguiendo su construcción, que conoció incremento en 1871. En 1879 había 333 kilómetros construidos.

Y en la Península,
Puede calcularse, para todo el sigo XIX, una inversión ferroviaria efectiva de 3.188 millones de pesetas, de las cuales 2.422 millones procedieron de la inversión particular y 766 millones —un 24%— de subvenciones del Estado. En 1869, había 336 millones de pesetas concedidas en subvenciones. Dentro del capital privado, la mayor parte de la inversión realizada se hizo a través de obligaciones o títulos de renta fija, en un 65% del total, frente al 35% restante en acciones. El capital extranjero, casi todo francés —en acciones y obligaciones—, representó cerca del 60% de la inversión total privada en los ferrocarriles españoles durante la segunda mitad del siglo XIX. (Tedde)
También en la Península podemos encontrar el efecto del Tratado de Libre Comercio cuando en 1833 se constituyó la Real Compañía Asturiana de Minas…que contaba con la participación de capitales belgas.

Como queda señalado, desde 1825 todo español o extranjero podía realizar libremente calas o catas para descubrir, reconocer y adquirir recursos minerales. Una dejación que, forzosamente debía ser consecuencia de algo…

Ese “algo” puede vislumbrase si atendemos los “servicios” prestados por potencias extranjeras como Inglaterra en la lucha contra Napoleón, y que no podían quedarse reducidas a la destrucción de la incipiente industria nacional; así,


Durante el reinado de Fernando VII, el 28 de octubre de 1828, se reconoció una Deuda con Gran Bretaña de 60 millones de reales en concepto de presos e indemnizaciones procedentes de la época de las guerras anteriores a esta fecha, siendo Ministro de Hacienda López Ballesteros.
La Comisión de Tenedores de Bonos Españoles (Spanish Bond Holders) se formó en el año 1844 y estaba compuesta por aquellos súbditos ingleses que en el año 1828 habían adquirido Deuda pública española, con el fin de, según sus propias palabras, «haber intentado coadyuvar al establecimiento de un gobierno constitucional en España» (Alonso 1995: 86)

Durante este tiempo, la actividad de Inglaterra, y como viene siendo costumbre, tenía varios frentes, que si en tiempos anteriores habían sido neutralizados, como en el caso de la piratería, ahora habían tomado otras formas con las que Inglaterra estaba obteniendo todos sus objetivos a ambos lados del Atlántico, y siempre utilizando los Tratados de Libre comercio al alimón con el apoyo directo a acciones militares. Así, mientras organizaba ejércitos con personal y material de guerra británicos que acabaron rompiendo la unidad nacional creando republiquetas títeres de su voluntad al otro lado del Atlántico, con la España peninsular hacía lo propio manteniendo una monarquieta también títere de sus intereses. Todas maniatadas con Tratados de Libre comercio que permitían todo tipo de actividad a los británicos y maniataban a los estados que con ellos subordinaba.

Nada que objetar; el perro muerde, el gato araña… Y la acción de los agentes británicos, sometidos todos al mandato de una institución británica al servicio de los intereses británicos (la Masonería), sometía a la voluntad británica a las distintas poblaciones que habían perdido el espíritu que los hizo grandes, y daban por bueno todo lo que viniese de la que hasta el momento había sido considerada la Pérfida Albión.

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