domingo, 26 de febrero de 2017

La crisis del siglo XVII (VIII)

Pero la actuación de la Monarquía no estaba a la altura de las circunstancias; para paliar la crisis, “El 27 de octubre de 1641 una pragmática real dispuso resellar todo el vellón acuñado entre 1617 y 1626; esta medida leonina generó un alud de resellos falsificados, con lo cual la Real Hacienda no obtuvo los beneficios esperados y, en cambio, sí disparó los precios de las subsistencias y paralizó las transacciones comerciales. El aumento del vellón y su depreciación subsiguiente se tradujo en un alza incontenible del premio de la plata que pasó del 52 por 100 el marzo del 1641 al 90 por 100 en el diciembre de ese mismo año.”

¿Y qué se hacía para financiar tanto gasto?... Algo que nos resulta inaudito: “La financiación del ejército español de Flandes y el comercio entre España y Holanda fueron asumidos en gran medida por la comunidad judía de Amsterdam, cuyo número tal vez se duplicara entre 1648 y 1660.” 

Y es que, para contrarrestar la falta de oro y plata se procedió a fabricar dinero de los materiales más viles, llegando el conde duque a contratar filibusteros que aseguraban haber encontrado algo como la piedra filosofal, y que si en ocasiones acabaron en la cárcel, en otras acabaron desapareciendo con el dinero que se les había adelantado para la fabricación  del oro.

“La inestabilidad monetaria hizo que el oro y la plata desaparecieran de la circulación y el vellón perdió la paridad con los metales preciosos, aumentando el precio anual medio en el cambio del vellón por plata del 1 por 100 en 1603 al 3 por 100 en 1619.”

A pesar de todo este panorama, el prestigio de España, a principios del siglo XVII se mantenía íntegro; en base a ese prestigio, el año 1609, Bosnia y Albania pedían integrarse a la monarquía hispánica.  Y es que los reinos europeos no estaban mejor. No se puede decir lo mismo cuando hablamos del año 1640. Las circunstancias habían variado ostensiblemente.

La política internacional de Francia y de Inglaterra no se encontraban ajenas a los acontecimientos españoles; sus contactos les permitieron maniobrar en las sublevaciones de Cataluña primero y de Portugal después dentro del mismo año 1640. No parece que fueran casuales los levantamientos, y cercanos a ellos se encontraban las dos potencias enemigas de España. Eran plenamente conscientes que “La inoportuna sublevación de Cataluña y Portugal en el momento más decisivo de la historia moderna va a dar el golpe de gracia a la política europeísta de España, no sólo por la necesidad de atender a dos frentes dentro de la península, al Este por Cataluña y al Oeste por Portugal, sino por la reducción de tropas a que obligaba el número de operaciones militares y por la dificultad del transporte al quedar en poder del enemigo el puerto de Barcelona.”

Francia e Inglaterra actuaron como debían; no se les puede echar nada en cara; a quién sí se le debe echar en cara es a los responsables españoles.

No obstante, no todo lo que hicieron lo hicieron mal; el ejército español estaba actuando como era costumbre. “Durante el largo reinado del cuarto Felipe, España había ido recuperándose repetidas veces de las virtuales pérdidas materiales y los reveses militares del pasado. En la década de 1620, los tercios salían por las puertas de Praga, Bruselas y Milán para dominar Renania y los territorios del Danubio. Reconquistaron las colonias brasileñas en 1626, la violentada frontera vasca en 1638, Nápoles y Sicilia en 1647, Cataluña en 1652, y las poblaciones del norte de Italia en el mismo año.”

“Los rebeldes Holandeses deffeofos de ejecutar mas de lo que podian intentaron ganar la provincia del Brasil, y aprovechandofe del defcuydo de quien la governava (que los Governadores del figlo antes paffan á ser mercaderes, que Capitanes) ô de algunos viles fugetos que avian divertido el cuydado, y dado avifos, comunicaron el pensamiento, ô la codicia mal penfada, á los príncipes del norte, que todos envidiosos del poder de Efpaña (eterna fera fu envidia) fe inclinaron en fu favor, y establecieron grueffa compañía con gente mercantil y poderofa.”

No obstante, la suerte estaba echada, y sólo faltaban unos tratados internacionales para dar sentencia. Estos serían la Paz de Westfalia y el tratado de los Pirineos.

0 comentarios :

 
;