martes, 14 de febrero de 2017

Los realistas americanos (5)

VICENTE BENAVIDES LLANOS


San Martín y O’Higgins vencieron en la batalla de Maipú  acaecida el cinco de Abril de 1818,  lo que marcó la separación de Chile. Tras ese acontecimiento, los separatistas acometen la invasión de Perú conforme al proyecto británico.



Tras Maipú, Vicente Benavides, que tras la batalla de Chacabuco de 1817 dirigió una campaña de guerrillas apoyado por los mapuches, es tomado prisionero y sentenciado a muerte junto a su hermano. Ambos pudieron eludir la sentencia hasta que tres meses después fueron fusilados en Santiago, aunque Vicente salió milagrosamente vivo… y se incorporó al ejército separatista, del que acabaría desertando para organizar la guerrilla patriótica, ya iniciado el año 1819, con el grado de teniente coronel, concedido por el virrey Joaquín de Pezuela, con “unos 1.700 hombres a los que se sumaron miles de lanzas, dirigidas por los caciques Mariluán, Maguin (wenteches o arribanos), Chuica (pehuenches) y Catrileo (de Huillío).”  Se había dado comienzo a la “guerra a muerte”, que duraría hasta el año 1832 con la desarticulación del ejército de los hermanos Pincheira.

Si las actividades tendentes a la fragmentación de España llevaban un paso firme y acelerado a ambos lados del Atlántico, espíritus patriotas independientes se negaban a morir sin batallar. Vicente Benavides, y con el otros patriotas, venderían cara su piel entre el Maule y la Araucanía. Relata Carla G Manara que “Se trasladaron al sur del Bio Bio y, contando con el aval de los caciques aliados, organizaron una guerrilla desplegada en decenas de montoneras pluriétnicas que comenzaron a operar en todos los segmentos de fronteras desde el Pacífico hasta el Atlántico.” 

Ante esta situación desesperada, con las fuerzas fragmentadas, cuando no enfrentadas en una estéril guerra civil entre conservadores y liberales, Benavides quedó desconectado del gobierno virreinal cuando ya había sido nombrado Comandante General de las Fronteras en los dominios del Sur por el virrey Pezuela.

Con ese título, Benavides se convirtió en el defensor de la tradición monárquica amenazada por los separatistas y controló los territorios fronterizos al sur del Biobio, a los que dividió en tres frentes. Los llanos centrales estaban a cargo de Benavides; el cura Juan Antonio Ferrebú defendió la costa y los hermanos Pincheira se dedicaron al sector andino, siendo que en su lucha contaba con el apoyo de gran parte de los grupos araucanos y pehuenches. Esta actuación sería heredada por su lugarteniente, José A. Pincheira.

En los tres sectores se contó con el apoyo de los indios. No era nada nueva la actuación hispánica de los indios, ya que “a partir de 1783 los pehuenches malalquinos fueron una pieza clave en la administración hispana, lo cual garantizaba el control de los pasos andinos de Villacura, Antuco, Alico, Anegado, Cerro Colorado y Curico. Los sucesores de Ancán Amún fueron sucesivamente Pichintur, Millaquin y Pichi Colimilla.”  Y serían ellos quienes apoyarían decididamente la causa hispánica junto al caudillo Benavides, quién organizó una guerrilla que “se impuso reiteradamente en lo combates frente a las fuerzas de los separatistas e iba sumando adeptos en la medida que estos no lograban imponerse.” 

No era la de Benavides la única actividad contraria a los acontecimientos que irremisiblemente tendían su negro porvenir sobre toda la América. Mientras, según relata Frederic de Brandsen, Benavides designaba “como su segundo a Juan Manuel Picó, teniente coronel de las Milicias Realistas. Una montonera, al mando de Pedro López, ataca a sangre y fuego el pueblo de Tucapel. El coronel de Milicias Victoriano, jefe militar de la plaza de Chillán, organiza una expedición punitiva. Aprovechando su ausencia, el 18 de septiembre de 1819 las montoneras de Elizondo y Pincheira, apoyadas por el cacique Torino, asaltan la ciudad” .

La lucha sería sumamente encarnizada. En esta ocasión, los patriotas no logran apoderarse de la ciudad siendo derrotados y perseguidos por las fuerzas del jefe separatista Pedro Nolasco Victoriano, quien, al servicio de la oligarquía victoriosa en Chile, sin piedad ni contemplaciones, extermina a todos los prisioneros. Esta acción no quedaría olvidada, y en un nuevo ataque a Chillán, el 22 de Septiembre de 1820, Juan Manuel Picó obtenía en la batalla de Pangal una victoria total sobre las tropas separatistas y el sanguinario Victoriano sería ejecutado por los patriotas. También sería ejecutado el jefe del ejército del centro, el británico Carlos O'Carroll, por su condición de extranjero. Cuatro días más tarde, en Tarpellanca, las tropas nacionales obtenían una nueva victoria sobre los separatistas. Sería el momento cumbre de la resistencia hispánica en Chile ante el avance del colonialismo británico. Concepción, Los Ángeles, Chillán y San Carlos eran liberadas en Septiembre de 1820.

Pero la alegría duraría poco tiempo, dado que el “nuevo orden” que había dado al traste con España, con la seguridad y con la prosperidad, acabaría imponiéndose en Talcahuano el 25 de noviembre y en la alameda de Concepción el día 27, a manos de un ejército compuesto en parte sensible por fuerzas británicas y comandado por el coronel Joaquín Prieto, quienes acaban con la esperanza de Benavides. Prieto acabaría siendo presidente del gobierno.

Los agentes sanguinarios habían sido ejecutados, pero tras la derrota de Concepción tuvieron un relevo digno: el coronel Arriagada, quién es calificado por la misma historiografía separatista, en concreto por Adolfo Márquez Esparza, como “uno de los más inflexibles ejecutores de fusilamientos en masa, sin ninguna clase de proceso... sin exceptuar al clero, porque muchos sacerdotes se habían alistado en el ejército realista y formaban al lado del bandido Benavidez (sic)”.

El 9 de Octubre de 1821, a orillas del río Chillán se produjo la batalla definitiva de Benavides en la que fue conocida como de las Vegas de Saldías, donde el coronel Prieto acabó efectuando una feroz matanza de patriotas. Pero Benavides logró escapar junto a sus lugartenientes Bocardo, Ferrebú, Pico, Seoosiain y Carrero, que se desparramaron por la Araucanía, intentando zafarse de la implacable persecución de Prieto. La traición de Jorge Arévalo y de Dionisio Aguayo, obligó a Benavides a desistir de su empeño, por lo que embarcó para Perú, siendo finalmente apresado el 30 de enero de 1822, cuando tomó tierra para hacer aguada.



Conducido a Santiago para su suplicio, el 23 de febrero de 1822 sufría las mayores vejaciones; era arrastrado en un serón por las calles, y tras ser ahorcado, el cadáver quedó en la horca hasta el anochecer, cuando fue descuartizado; las extremidades fueron enviadas a los escenarios de sus actividades, mientras el tronco fue quemado. Un año más tarde, Concepción seguía siendo humillada con la cabeza del héroe encerrada en una jaula.

Benavides tuvo el honor de ser calificado por Lord Cochrane, principal representante de los intereses británicos del momento, y almirante de las fuerzas “libertadoras”, como “infame monstruo". A este respecto, en una edición extraordinaria de Gazeta Ministerial, del 23 de febrero de 1822, se señalaba: "Por la notoriedad de sus hechos aun el más imparcial extranjero lo condenaba al último suplicio; pero el Supremo Gobierno quiso oírle sus descargos y mandó se le juzgase conforme a las leyes, y resultando hallarse fuera de la protección del derecho de gentes, se le aplicó la pena que éste, y las leyes de la República imponen a cada uno de sus delitos..."

Le sucedió el general español Manuel Pico hasta 1824 cuando fueron derrotados los realistas del Perú en la batalla de Ayacucho. Es a partir de este momento cuando entraría en acción la facción de los hermanos Pincheira.

0 comentarios :

 
;