viernes, 24 de febrero de 2017

Los Campamentos del Frente de Juventudes (VIII)

Objetivos

En principio, la educación impartida por el Frente de Juventudes estaba encaminada a la formación integral de los jóvenes, aprovechando para ello el tiempo libre.

Esta gestión formativa estaba encaminada a que cada muchacho desarrollase sus propias aptitudes. Para ello debe influir en los diferentes aspectos de la personalidad, que son, sustancialmente:

•    Aspecto físico: perfeccionamiento corporal, así funcional como morfológico.
•    Aspecto intelectual: perfeccionamiento de los hábitos intelectuales y adquisición de conocimientos.
•    Aspecto moral: formación de hábitos operativos sólidos y bien orientados.
•    Aspecto estético: formación del gusto
•    Aspecto vocacional: descubrimiento y orientación de la propia vocación.
•    Aspecto sobrenatural: favorecer las disposiciones naturales para la vida de la gracia y el robustecimiento de las virtudes, así como ayudar a la adquisición de conocimientos en este sentido.
•    Desarrollo de la capacidad de sociabilidad.
•    Integración en una empresa común.

Estos aspectos formativos eran todavía más matizados en el campamento; la vida en el mismo obliga al muchacho a realizar una serie de actos que, para su desgracia, no tienen continuidad en la ciudad, pero que en ese mismo hecho se halla la necesidad de realizarlos.

Junto a un aprendizaje social y político por parte del acampado, la vida al aire libre irá desarrollando poco a poco su propia personalidad individual, conformando un complejo de hábitos, un “modo de ser” que ha de traducirse en un constante “modo de reaccionar” ante todas las circunstancias de la vida. Es lo que llamamos el “estilo”, como expresión de la personalidad y como conclusión de una serie de enseñanzas que no son sólo aprendidas sino también vividas.

Ese “estilo”, siempre presente, era la máxima expresión del modo de ser que se pretendía imprimir. Así, cuando se habla de responsabilidad, de disciplina, de confianza en sí mismo, se está hablando de aspectos concretos de ese “estilo”.

La meta de la educación falangista puede ser resumida en cinco grandes objetivos:

•    La voluntad de superación (El individuo se debe siempre a una superior empresa)
•    El deseo de hacer hombres libres. Con personas no ambiciosas se podrán formar yuntas, tal vez, pero con las que lo sean honradamente todas las empresas serán posibles.
•    La paz, la voluntad de crear hombres superadores de tiempos pasados en los que cayeron tantos jóvenes, que por la propia idiosincrasia del sistema que los envolvía se enzarzaron en una lucha fratricida, iniciada quizás porque en la edad de su despertar político había más parlamentos que Campamentos.
•    La moralidad. En el caso de que estén con conflicto las dos normas –la social y la moral -, es decir, entre ser correcto con un a persona –que es una norma social- y ser justo –que es una norma moral- debes hacer que triunfe la virtud de la justicia y no la mera fórmula tolerante del trato social.
•    La convivencia. Hemos de aprender a convivir con los demás. Necesitamos que cada uno sea responsable de sus deberes sociales y conozca sus derechos… Debemos convivir y aprender a convivir; educarnos para la convivencia.

•    Estos objetivos se ven plasmados y desarrollados en el códice del arquero de la Organización Juvenil Española.

Este decálogo mantiene el espíritu del Frente de Juventudes, ya que la formación integral es el objetivo último del Frente de Juventudes.

Decimos que se posee formación integral cuando se ha adquirido un permanente modo de ser –complejo de hábitos -, que se refleja en un constante modo de reaccionar –estilo- ante todas las circunstancias de la vida, privadas y públicas… Cualquiera de estos muchachos de dieciséis a dieciocho años reacciona de un modo viril, enérgico, contra todo insulto a Dios y a la Patria. Son los que miran de frente al hablar a sus superiores, en lugar de bajar hipócritamente los ojos.

La voluntad de educar, muy por encima de la voluntad de crear falangistas (eso vendría por añadidura), queda continuamente expresado. Veamos un juicio que apoya esta afirmación: Una clara consigna para quienes son denominados Mandos Políticos por antonomasia. No cumplirán su misión, es más, quizás traiciones lo que la Falange –nuestros caídos- espera de ellos si se limitan a un fácil y cómodo intelectualismo desconociendo su obligación de educar, de formar.

No obstante, quién dice esto quería profundizar más aún en el aspecto formativo, lo cual le llevó a dimitir de su cargo en 1950.

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