jueves, 16 de febrero de 2017

Los intereses europeos en la destrucción de España (5)

Todo estaba calculado con exactitud y ejecutado con exquisita fidelidad; así, conforme señalan Heraclio Bonilla y Karen Spalding, “entre 1808 y 1811, en efecto, aproximadamente un tercio del total de las exportaciones británicas se destinó a Hispanoamérica, (Chaunu, 1964: p 210).”

Las exportaciones británicas y, de paso, el expolio de todo cuanto encontraban a su paso; por ejemplo la toma de Potosí, que en 1810 fue llevada a cabo por Pueyrredón, asistido por el agente británico Paroissien, a quién pagó los servicios con el tesoro allí existente y “recomendando al llamado Primer Triunvirato, el otorgamiento de la ciudadanía para el agente inglés, convirtiéndose así en el primer argentino naturalizado de la historia; acto luego confirmado entusiastamente por la masónica Asamblea del Año XIII.”

La Junta de Buenos Aires firmaba sus comunicados conjuntamente con el capitán de la armada británica Mark Bavfield, a quién el gobierno autorizaba “para que introduzca sin derecho alguno en valor de la fábrica cien mil pesos de géneros y extraiga otros tantos en frutos del País igualmente libres.”  La autorización, que abarcaba otros aspectos, estaba firmada por Cornelio de Saavedra. Doctor Juan José Castelli. Manuel Belgrano. Miguel Azcuénaga. Doctor Manuel Alberti. Domingo Matheu. Doctor Larrea. Doctor Mariano Moreno.y el propio Mark Bayfield.

La gran asonada estaba tomando fuerza; así, dos años después, el 1 de abril de 1812, Luis de Onís, embajador de España en los Estados Unidos, comunica al Virrey de la Nueva España, Francisco Javier Venegas, que Estados Unidos se muestra hostil a España y pretende extenderse hasta el Río Bravo.

Pero esa hostilidad no quedaría demostrada sólo al norte. También acudieron al sur en apoyo de Bolívar, y para llevar a cabo actos de terrorismo, según señala el ecuatoriano Francisco Núñez del Arco,  “Alejandro Macaulay, agente y emisario del imperialismo yanqui en la Nueva Granada durante su guerra de separación de España, desempeñó importantes funciones militares en su país antes de acudir al servicio de los intereses angloyanquis en el hemisferio…./…Durante más de un año y medio el yanqui personalmente conduce una feroz campaña represiva de los oligarcas payaneses contra los pueblos realistas insurrectos de Patía, Pasto y Barbacoas: pueblos enteros incendiados, pequeñas propiedades saqueadas y destruídas, mujeres y niños masacrados van quedando al paso de las tropas comandadas por el agente de los Estados Unidos, que actúa acorde con el ejército de la segunda junta quiteña, comandada por Pedro Montúfar, hermano del marqués de Selva Alegre.

En agosto de 1812, incapaz de derrotar con sus tropas a las milicias pastusas y patianas, Macaulay intenta pasar al sur, a reunirse con tropas quiteñas. Pasto le tenía bien preparado su recibimiento. En Catambuco se le enfrenta el ejército popular pastuso, que armado de palos y machetes derrota al ejército represivo al servicio de la oligarquía criolla y de los intereses angloyanquis. En absoluta derrota aniquilan a 200 subversivos y aprisionan a más de 400, entre ellos Macaulay y el presidente de la junta de Popayán, Joaquín de Caycedo y Cuero (sobrino del también subversivo obispo de Quito Cuero y Caycedo).

El 23 de enero de 1813, el agente yanqui Alejandro Macaulay fue fusilado en Pasto por orden del nuevo Presidente de la Real Audiencia de Quito, general Toribio Montes. Constituyéndose este hecho en la primera derrota registrada del imperialismo yanqui-anglosajón en la Real Audiencia de Quito.”

Pero no eran sólo usenses las fuerzas que competían con la hegemónica Inglaterra en el control del continente. Emilio Ocampo señala que en 1814, huyendo de la persecución que sufría por haber sido general de Napoleón, el aventurero “Brayer conoció al chileno José Miguel Carrera, quien en esos momentos acordaba con el mariscal Emmanuel Grouchy y con el general Bertrand Clausel, un plan para libertar a todas las colonias españolas en Sudamérica. Con la ayuda de ambos, y probablemente también de José Bonaparte, Carrera consiguió fletar cinco buques y reclutar más de treinta veteranos del Ejército imperial. Tanto Grouchy como Clausel planeaban viajar a Buenos Aires y participar en la campaña, pero esperaban ser invitados, o mejor dicho contratados oficialmente por el gobierno revolucionario.

1 comentarios :

Benito Albacete dijo...

Los hijos de la Gran Bretaña y los yanquis como siempre, detrás de la Democracia.

 
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