sábado, 4 de febrero de 2017

Sertorio, el primer separatista (7)

Aunque llegó a desplazarse por toda la Península, ganando incluso la costa mauritana en una ocasión, el centro de operaciones sertoriano se encontraba en la provincia de la Citerior. En esta provincia se concentraban la mayoría de sus tropas y sus principales apoyos entre los indígenas. Bien porque estuviera de acuerdo en considerarlas injustas, o porque entendiera su potencial diplomático, Sertorio bajó los impuestos y las cargas que pesaban sobre las comunidades hispanas, lo que le atrajo rápidamente la adhesión de muchos indígenas.

Por otra parte, “la alianza de Sertorio con los piratas cilicios y otros navegantes del África mauritana le permitió disponer de una importante flota, útil para los combates navales, aunque no la utilizó extensamente, bien por dudar de la fidelidad de los piratas o por entender que buscar la supremacía naval no garantizaba sus objetivos militares.”

Para el suministro de los piratas contaba con los puertos de Sagunto, Valencia, Sucro (Júcar), Denia y Cartagena.

Por otra parte se encontraba latente el problema agrícola. La agricultura en Hispania era de subsistencia, y con el aporte de las legiones, la producción no daba para todos; por otra parte, los patricios, con grandes propiedades agrícolas en Italia, agudizaban la penuria de los agricultores itálicos, que se empobrecían como consecuencia de los grandes latifundios propiedad de los patricios, que eran mantenidos con mano de obra esclava procedente de los distintos puntos del imperio, y con los que aquellos no podían competir.
“Tras su llegada a España, Sertorio se hizo muy popular entre las comunidades hispanas al corregir los excesos tributarios y al librarles de la obligación de dar alojamiento a las tropas romanas, circunstancias que habían hecho muy impopular la dominación romana”   . Contrariamente a lo acaecido con las tropas imperiales, “al año siguiente Quinto Sertorio era ya el amo de todo el valle del Guadalquivir y de la Lusitania, cuyas levantiscas tribus se le habían unido de un modo entusiasta.”

Durante todos estos años, Hispania se convirtió en un refugio para los proscritos del bando popular que se habían visto obligados a huir de Roma. Con el tiempo, el número de estos proscritos llegó a ser tan elevado que Sertorio pudo formar con los más nobles una especie de senado paralelo, cuya sola existencia servía para deslegitimar a la curia romana; fundó una academia en Osca (Huesca) para que los hispanos aprendiesen derecho y latín y, ya que estaban, abandonasen sus bárbaras costumbres. Los valientes guerreros indígenas, por su parte, fueron internados en campamentos genuinamente romanos, equipados como tales e instruidos en sus sofisticadas artes bélicas.   El motivo no era otro que el separarse de Roma, romper el imperio para crear un lugar en que la oligarquía disidente pudiese ejercer su poder. Justa y consiguientemente fue declarado enemigo público de Roma. Reunía todas las cualidades para ello.

Sertorio creó de facto “un gobierno autónomo de la metrópolis romana, rechazando las incursiones militares que pretendían restaurar el dominio romano durante al menos ocho años. En este tiempo, las instituciones republicanas, ya en franca decadencia en el resto del imperio, fueron mantenidas en el territorio peninsular.”

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