martes, 21 de marzo de 2017

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX (4)

 

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX


En agosto de 1836, la Junta de Zaragoza proclamó la constitución de 1812, marcando lo que puede entenderse el principio del movimiento cantonalista. Argumentaba la Junta:



Separada esta provincia del actual Gobierno necesitaban acogerse a una bandera legal y conocida .y que otra mas noble pudiéramos buscar, ¿qué otra ofrece recuerdos mas grandiosos, acciones mas distinguidas, mas digna de los hijos de esta Patria? Sin embargo, los escritores que acusan a las provincias de haberse sublevado en obsequio de la Constitución, padecen un insigne error o se empeñan en sostener un sofisma desvanecido por si mismo. Es un sentimiento de reprobación hacia los actos del Gobierno lo que produjo el alzamiento: no era precisamente el amor a la Constitución por respetable que sea a los ojos de los españoles. La emancipación de las provincias, es el acto principal, el restablecimiento de la Constitución el secundario, y es tanto más cierta esta aserción cuanto hemos declarado del modo mas solemne que nos gobernaremos con arreglo a esta ley fundamental, mientras los Diputados de la Nación, no decidan sobre las que deben definitivamente gobernarle.” (El español 19-8-1836)

Las convulsiones dominaban la totalidad de la vida nacional, y como venía siendo costumbre, el Ejército no se libraba de las mismas. Unos sargentos pusieron en fuera de juego a toda la jerarquía militar. Algo que resultaría inaudito si no tuviésemos en consideración los intereses foráneos más arriba señalados. Parece que la inteligencia británica y su principal arma en España, la masonería, no andaba lejos de esos movimientos.

Una acción desjerarquizada de un grupo de sargentos consiguió que la cúpula militar se tambalease; varios generales optaron por abandonar el mando de sus unidades ante las consecuencias de la sargentada; Narváez abandonó su puesto en Aragón para adentrarse en Castilla con la excusa de perseguir al caudillo carlista Basilio García, que había iniciado una campaña de captación de voluntarios. Es, tal vez, el hecho más significativo por tratarse de la figura histórica que representa Narváez, pero

El resto de las brigadas quedaron muy afectadas por la desorganización y sin un general en jefe de quien recibir instrucciones. (Rújula 2008: 233)

En una concatenación de hechos, el 13 de enero de 1837, se produce una sublevación republicana en Barcelona, siendo sofocada y deportados sus instigadores. El 4 de mayo, nueva sublevación que provocó enfrentamientos con las tropas del ejército.
Su principal cabecilla, Ramón Xaudaró, sería detenido y dos días después fusilado por orden del gobierno presidido por el liberal José Mª Calatrava. (Rolandi 2005: 5)

Pero los acontecimientos de Barcelona no era un hecho aislado. Las intrigas en el campo isabelino llegaron al asesinato de varios generales, lo que conllevó que, en 1837, Espartero mandase pasar por las armas a los responsables de los motines acaecidos, sin que ello significase el fin de las intrigas. Tan es así que el 4 de Enero de 1838, el general Manuel de Latre se sublevaba en Andalucía.

Pero el pronunciamiento que tuvo mayores consecuencias  tendría lugar el 1 de Agosto de 1840 cuando el general Joaquín Baldomero Fernández Espartero Álvarez de Toro, liberal progresista, se subleva  contra el gobierno del conservador Evaristo Pérez de Castro y provoca el exilio de la reina Maria Cristina, terminando así su regencia. También se produce la rebelión de Zaragoza encabezada por el general Emilio Borso di Carminati. Espartero es nombrado regente mientras en Barcelona se produce una nueva sublevación republicana.

Entre pronunciamiento y pronunciamiento, las conspiraciones eran la constante de la vida nacional. Constante que se recrudecería con la frustración de las esperanzas suscitadas por la revolución de Espartero, que derivó en la ruptura política o el desencuentro del progresismo oficial, que apoyaba a Espartero, y el llamado “partido republicano”, que decía defender el “verdadero liberalismo” contra los “falsos liberales de septiembre”.

Así,  en 1841 tiene lugar una rebelión frustrada en Zaragoza a cargo del General Emilio Borso di Carminati, que significó su  fusilamiento el 11 de octubre. No sería la única de este año, ya que el 27 de septiembre, los generales Leopoldo O'Donnell, Montes de Oca, Diego León, y Manuel Gutiérrez de la Concha llevan a cabo su particular intentona, que tiene nueva réplica con protagonismo de O’Donnell el siete de octubre. En el curso de esta intentona, los generales Ochoa y Diego de León, intentan secuestrar a Isabel II.

¿Quién olvida la mañana del 2 de octubre [de 1841] en Pamplona? Sólo podrá hacerlo quien fuese bastante insensible para no haber participado de aquella profunda impresión que causó en todos los ánimos la difusión de la noticia de la sublevación de O'Donnell, circulando de boca en boca con la rapidez del rayo la nueva de que O'Donnell se había apoderado de la ciudadela de Pamplona proclamando la regencia de María Cristina. Los pronunciamientos de Bilbao y de Vitoria y los sucesos de Zaragoza se miraron como consecuencias naturales de la insurrección de O'Donnell como el desarrollo de un plan que debía de, estar combinado de antemano. (Balmes 1950: 134 vol 6)
 
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