jueves, 30 de marzo de 2017

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX (5)

 

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX


Estas intentonas eran fruto del permanente ambiente conspiratorio auspiciado por una junta anti esparteriana radicada en París en la que tomaba parte O’Donnell y un núcleo de liberales moderados, al amparo del gobierno francés. La intentona acabaría en fracaso, si bien en esta ocasión las represalias no fueron tan sangrientas como en otras ocasiones.



Tras la llegada de Espartero a Vitoria el 22 de octubre con 32.000 hombres, ya con la insurrección derrotada completamente, la estrategia del regente habría sido de relativa clemencia, liberando a prisioneros y permitiendo al poco tiempo el regreso de los desterrados a otros puntos de España, así como de soldados rasos y militares de poca graduación emigrados a Francia. (Mikelarena 2009: 244)

Pero el enemigo era, sin lugar a dudas, el Carlismo, y en él convergían todas las diatribas, tanto del gobierno como de quienes conspiraban contra él. Tan es así que el sistema, presumiblemente con el único objetivo de insultar, como en nuestros tiempos hacen apellidando fascista todo lo que muestra insumisión con el poder establecido, hacían lo propio en el momento, apellidando carlista a todo aquel que criticaba el sistema del momento.

Coincidiendo con esa especulación, y siendo conocido el exilio carlista en Francia, donde se encontraba refugiado un importante contingente carlista, en el que figuraban altos funcionarios, miembros del clero, unos 1000 oficiales y jefes y gran número de personal de tropa, se utilizaba semejante afirmación, siendo que acerca de la participación carlista en estas conspiraciones, las crónicas liberales se contradicen manifiestamente… aunque tal vez lo hiciesen siguiendo la doctrina liberal que marca como honorable el uso de la mentira si ésta encamina a la obtención de sus objetivos.

Sea como fuere,
Flórez asegura que la junta conspiratoria de París estaba formada por «varios personajes emigrados de los dos bandos absolutistas vencidos en 1839 y 1840», si bien a continuación afirma que no todos los carlistas estuvieron implicados, negándose a colaborar los más consecuentes. (Mikelarena 2009: 246)

El problema, como señalaba Jaime Bálmes era otro:

Hasta ahora, preciso es confesarlo, ninguno de nuestros gobiernos ha acertado a cerrar el cráter de las revoluciones, y por eso se han reproducido sin cesar y más terribles cada vez, y se reproducirán en adelante, si la máquina de gobierno no se asienta sobre una base que, con su anchura y solidez, pueda asegurarnos de que no bastará un empuje cualquiera para sumirnos en nuevas catástrofes. (Balmes 1950: 81 vol 6)

¿Cuáles son hasta ahora los beneficios que nos ha traído la libertad?.../… Yo creo que nadie podrá decírnoslo, y así es que no ha de parecer extraño que el pueblo español no se tome por las nuevas formas políticas el interés que algunos quisieran…/…(Balmes 1950: 76 vol 6)

Pero lo que acabaría con la regencia de Espartero es el Tratado de Libre Comercio firmado  con Inglaterra  en 1841, que permitía la entrada libre de tejidos de algodón ingleses y perjudicaba a la industria textil y a la burguesía catalana, hasta entonces uno de los baluartes del progresismo. Como consecuencia de esa alianza de Espartero, el 75% de la industria textil se vio forzada a cerrar.

Como consecuencia prodigaron las conspiraciones contra Espartero, lo que dio lugar a movimientos populares de protesta en Barcelona en el que tomaron parte republicanos y obreros de la industria textil. Espartero prohibió las asociaciones de obreros, al tiempo que prodigaban las acciones violentas.

Abundaron las barricadas y las luchas callejeras contra las tropas del gobierno presidido por el marqués de Rodil, creándose una Junta Popular Directiva Provisional, que fue liderada por los republicanos locales. (Rolandi 2005: 7)

La anarquía se apoderó finalmente de la situación, Una junta revolucionaria se hizo cargo de la ciudad mientras los miembros de la junta saliente emitieron un comunicado en el que informaban:

La junta ha cesado ya, y Barcelona está en la anarquía. Los que firman no saben si su vida durará dos minutos. A las dos y cuarto de la tarde del 2 de Diciembre de 1842.—Juan de Zafont, Antonio Giberga, Laureano Figuerola.

Las turbas frenéticas que dominaban la ciudad, quisieron exigir del venerable abad Zafont y de sus compañeros que les prestasen sus nombres para una resistencia loca; pero se negaron á ello con entereza, y en medio de aquella confusión, se formó una junta provisional de gobierno, compuesta de nueve hombres totalmente desconocidos en Barcelona. (Orellana, II: 124)

Estos enfrentamientos conllevaron finalmente un bombardeo de la ciudad, protagonizado por las tropas de Espartero, que tuvo lugar durante el 3 de diciembre de 1842 y se inicio a las 11:30 de la mañana, desde el castillo de Montjuich, concluyendo alrededor de las 12 de la noche con la rendición de la Junta Revolucionaria a las tropas gubernamentales, comandadas por el Capitán General Van Halen. Concluyó con 400 edificios destruidos y causando centenares de muertos.

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