miércoles, 22 de marzo de 2017

España bajo el Islam (13)

Por estas fechas los españoles de Septimania intentaron sublevarse contra los francos, sin obtener nada positivo. En 766, el obispo de Narbona ya se encontraba en el séquito del rey galo.

Con Alfonso I toma cuerpo la idea de la Reconquista y se fundan nuevas ciudades en sus territorios; ciudades que, necesariamente, debían ser nutridas con la población mozárabe que emigraba, irremisiblemente en dirección sur-norte.  Alfonso Murió el año 757, y dominó desde Galicia hasta la Vasconia, en gran parte gracias a los enfrentamientos existentes entre los invasores . El dominio efectivo al sur de la cordillera cantábrica no sería efectivo hasta el reinado de Alfonso III, el último cuarto del siglo IX.

La emigración sur-norte referida tuvo su origen en los enfrentamientos acaecidos entre los invasores (año 123 de la Hégira. Año 740-741 d.C.), principalmente en el norte de España, donde los bereberes expulsaron  a los moros orientales y a los “baladíes”, primeros invasores. Abd al-Malik acabó con la rebelión aportando 12000 sirios a quienes dio los tributos que pagaban los cristianos. Acabaron con la rebelión… y con Abd al-Malik, que se negó a pagar con tierras la ayuda recibida de los sirios. Los sirios pusieron a Ocba ben Alachach, lo que motivó una encendida guerra civil entre las facciones invasoras. Ocba murió asesinado, y la cadena de virreyes siguió. Siguieron los enfrentamientos entre los invasores… y siempre tocaba algún premio indeseado a los mozárabes, que en gran número huyó en estas fechas a Asturias.

El año 743 Abuljatar, virrey de África, acabaría con estos enfrentamientos, con el auxilio de Ardabasto, que aconsejó que se entregasen tierras, lejos de Córdoba, a los sirios, asignándoles así mismo la tercera parte de los bienes producidos por los cristianos.  También el beneficio de los invasores fue a costa del condado de Teodomiro, donde ya reinaba su hijo Atanagildo.

Pero esa falta de respeto por los pactos sería generalizada. Por ejemplo, en Córdoba, les fueron retirados los templos y los españoles confinados a los arrabales, según recoge el cronista árabe Al-Maccari.  Y no solo sufrieron los españoles sometidos involuntariamente, sino que incluso los traidores sufrieron la insaciable rapiña del invasor.  Por ejemplo, el propio Ardabasto, que fue privado de su patrimonio porque Abderramán estimaba que era demasiado considerable para un cristiano y un súbdito.

Estas distribuciones de tierra ocasionaron nuevas guerra civiles en las que se enfrentaron árabes, sirios, egipcios y mauritanos, y guerrearon entre sí los emires y walies de Córdoba, Zaragoza y Toledo. 

Pero no era sólo el norte de África y Al Andalus donde la guerra marcaba los tiempos. El año 32 de la Hégira (20-8-749 a 9-8-750 d.C.) se produjo la matanza de los Omeyas en Bagdad, el desarrollo de la cual nos deja muestra de la calidad humana que adornaba a los invasores: El califa abbasida Abul Abbas amnistió a los omeyas que habían sobrevivido a la salvaje persecución de que habían sido objeto, y en medio de un banquete dado para celebrar la amnistía, todos los miembros de la familia omeya fueron asesinados mientras las carcajadas y los instrumentos musicales sonaban sobre los moribundos. De esta matanza supo huir un joven de 16 años: Aberramán, que en una rocambolesca y eterna huída llegaría a Al Andalus ocho años después, donde con el apoyo de sus patronos, que eran muchos, y de los yemeníes, se hizo con el poder, aprovechando las luchas intestinas existentes entre los invasores. Eliminó a Yusuf y a su principal aliado, Al-Sumail, que dominaba en Aragón y contaba con el apoyo de los “maulas” , que eran quienes lo habían llamado cuando conocieron la persecución de que era objeto.

En 758 llegó Abderramán a España de acuerdo con los Banu Unayya. Al Sumail quería combatirle, pero Yusuf le ofreció su hija en matrimonio. Fueron rechazadas sus ofertas y el embajador fue prendido.

Yusuf, que regresaba victorioso de su campaña sobre el rebelde Amrú, montó en cólera, asesinó a los prisioneros que había tomado, se sublevó e invitó a sublevarse a Al-Sumail y buscó la alianza con los yemeníes, que no quisieron combatir a Abderramán,  no sin antes haber procurado una matanza entre sus adversarios políticos. 

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