domingo, 26 de marzo de 2017

Guerra de secesión de Portugal (9)

Mientras tanto, “en 1637 estalla la ola de motines populares en más de un centenar de lugares, villas y ciudades, lo que se dio a conocer como motines de Evora.”  Ello comportaría una serie de medidas por parte del conde duque.

En 1638 se ordenó “la supresión del «Consejo de Portugal que assiste en esta Corte» y el establecimiento de dos juntas, una en Madrid y otra en Lisboa «para que en ellas se traten las materias universales y, en particular, lo que mira a la reformación y authoridad de la justicia»…/… Con la supresión del Consejo, los fidalgos  portugueses vieron cómo se perdía uno de los principales garantes del particularismo de Tomar, porque, abriendo a castellanos el organismo que se dedicaba a tramitar las exclusivas mercedes portuguesas ante el rey, se empezaba la reforma que debería haber terminado con la separación jurada de Portugal.”

“El Consejo de Portugal se institucionalizó por el Reglamento del 27 de abril de
1586 y fue suprimido en 1665. Era un Consejo que debería estar formado exclusivamente por portugueses que se encontraban siempre junto al rey, especialmente cuando éste se encontraba fuera del reino. En un primer momento fue constituido para perpetuar la “memoria del reino”, según Fernández Albadalejo, es decir, para recordar al rey la singularidad de las leyes portuguesas por haberse comprometido Felipe II a defender los fueros y libertades de Portugal.” 

“Hombres de la época, como Pellicer, Novoa o el portugués Severim de Faria, especialmente los dos  últimos, quisieron ver en los planes de Madrid a partir del sofoco de las alteraciones de Évora, un intento de reducir el vecino reino a provincia acabando con sus leyes e instituciones particulares. De este modo, la supresión del Consejo de Portugal, o su disminución de rango, significaría una ruptura frontal de la carta de Tomar en la que este aparecía como instrumento garantizador de un Portugal autónomo. La reducción del consejo en Junta de Portugal coincidió en el tiempo con la convocatoria por parte de D. Gaspar en la capital de la monarquía, de un importante número de personalidades portuguesas, cuyos nombres habrían sido sugeridos por el secretario Miguel de Vasconcelos.”

Como vemos, el nacionalismo utiliza un lenguaje subliminal al tratar el asunto; el Consejo no fue suprimido, sino suspendido, y sus funciones fueron llevadas a término por personas portuguesas de una confianza superior a las que componían en citado Consejo.

“En marzo de 1639, la situación creada por los "herejes holandeses" atacando y conquistando el Brasil como instrumentos del castigo divino, junto con los problemas del reino, entre los que se enumeraban como principales la defectuosa administración de justicia y la mala situación de la Hacienda, llevaron a Felipe IV a suprimir el Consejo de Portugal, reemplazándolo por una Junta. Este nuevo organismo, en aras de una mayor eficacia, se correspondería con otra junta que a los efectos se formaría en Lisboa.”

¿Era el nombramiento de portugueses para llevar adelante los asuntos de Portugal una medida tendente a limitar su autonomía?... Tal vez… Tengamos en cuenta que el ideal del conde duque era uniformar la legalidad de todos los reinos, según él, conforme a las leyes de Castilla. Esa idea de someter a las leyes de Castilla hoy podemos verlo como un error. Tal vez lo interesante hubiese sido redactar unas leyes comunes para todos, pero lo que se trasluce, aun cuando fuese cierta esa idea, es que estaba teniendo muy en cuenta que los responsables fuesen portugueses, no vascos, gallegos, aragoneses o castellanos.

En estos momentos, y en aplicación de la Ley de Armas, el valido procedió al reclutamiento de soldados y de dinero también en Portugal estando desatado el conflicto de los segadores en Cataluña, nuevamente estrujó los bolsillos de los contribuyentes de todos los reinos. Pero en esta ocasión “Olivares no sólo pretendía conseguir dinero en Portugal, sino también tropas. Se reclutaron unos 6.000 soldados para servir en Italia, pero la rebelión de Cataluña determinó que se integraran en el ejército reclutado para el frente catalán. Olivares pretendía, sobre todo, movilizar a la nobleza portuguesa, con el duque de Braganza a la cabeza, de manera que contribuyera a vencer la revolución de Cataluña en lugar de fomentarla en su país. Pero la nobleza portuguesa, considerando que había llegado el momento de pasar a la acción, se negó a alejarse del país y en el otoño de 1640 algunos nobles comenzaron a planear la revolución.”

Esas tropas, que serían requeridas por los sublevados portugueses para que se sublevaran y depusieran las armas en el conflicto de los Segadores, declinaron la invitación y pusieron en conocimiento de sus superiores la oferta que habían recibido. Duro golpe para el de Braganza, que veía su trono cogido con alfileres.

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