martes, 7 de marzo de 2017

Los Cátaros (8)

La organización de la iglesia cátara se asemeja en parte a la de la católica.

Estaban organizados en obispados, como ya hemos explicado, presididos por el obispo y sus ayudantes: un Hijo Mayor y un Hijo Menor.

Cuando moría el obispo le sucedía el Hijo Mayor, cuya posición era ahora ocupada por el Hijo Menor, y al puesto de este accedería un nuevo personaje.

Los cátaros habrían tomado como modelo la organización eclesial católica romana, pero clasificaban los fieles de la siguiente forma:
•Obispo
•Perfecto
•Diácono
•Creyente

El diácono sería una especie de predicador, e incluso se le considera el equivalente al sacerdote católico. Sólo de entre ellos, serían elegidos los perfectos, fieles que habrían llevado su renuncia a lo material y lo mundano a un nivel superior, que les acercaba más que a ningún otro, a la perfección y la salvación. Por eso, sólo ellos podían nombrar a otros perfectos, ordenación que realizaban mediante la imposición de manos,
rito sacramental equivalente al bautismo que se conoce como consolament o consolamentum. Otro de los sacramentos conservados por los cátaros, era una especie de confirmación, conocida como melhorament, que consistía en inclinarse tres veces seguidas delante del perfecto, pidiendo su bendición y la de Dios, a fin de perseverar en el camino hacia la perfección y la salvación. El aparelhament, por su parte, era el
equivalente a la penitencia y la endura, el ayuno. Dado el radical rechazo de los cátaros a todo lo material, el ayuno más perfecto, el que garantizaba la salvación, era aquel que se llevaba al extremo de morir de inanición, lo que fue practicado por algunos de los fieles a este movimiento. Pobreza, celibato y rezo, constituían los pilares de la vida del perfecto cátaro.

Existían tres obispados cátaros: El de Albi, el de Tolosa, y el de Carcasona. Que se conozca, la iglesia cátara celebró un único concilio, el de Saint Félix de Lauragues en 1167, con la presencia del obispo cátaro de Constantinopla, el llamado Papa Nicetas, prueba irrefutable de su gran implantación en Occitania.

El catarismo mantenía que el hombre y la mujer eran iguales. Un ser humano había experimentado muchas reencarnaciones —como campesino, princesa, muchacho, muchacha—, pero, una vez más, lo que importaba era la personalidad divina, inmaterial, asexuada, de cada uno. Si los sexos se empeñaban en juntarse y, por tanto, prolongar su estancia en el mundo material, podían hacerlo libremente, fuera del matrimonio, que era otro sacramento infundado inventado por una voluntad sacerdotal de poder.

Las perfectas, a diferencia de las monjas católicas, no estaban separadas del mundo y desempeñaban un papel efectivo en la educación de su familia y del vecindario. Un buen número de cataras eran viudas y madres. Es notable el papel de las mujeres en el clero cátaro, si se compara la proporción de mujeres perfectas con la de monjas. Según cifras provenientes de la Inquisición, a comienzos del siglo XIII, en algunos lugares, la
proporción de perfectas llegó a ser del 45% comparado con el 5% de mujeres en el clero regular católico. Esta situación particular no impide desconocer que aún en el catarismo las mujeres estaban subordinadas a los hombres. Sus tareas de sacerdotisas sólo las realizaban cuando no había un perfecto presente. Nunca llegaron a desempeñar el cargo de obispo y ni siquiera el de diácono.

Las perfectas eran consideradas inferiores por llevar consigo el pecado original

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