martes, 14 de marzo de 2017

SIGLO XIX: OBJETIVO, LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA (4)

La conflictividad social seguía, y sólo remitía en tanto en cuanto crecía la conflictividad militar; así desde 1843 no se producen actos reseñables hasta que en 1848, se produjeron en España como en toda Europa, levantamientos, manifestaciones y protestas revolucionarias.

En el caso español se debieron más a la crisis económica con sus secuelas de hambre y miseria, si bien es cierto que los causantes de las mismas, en su versión de progresistas y republicanos (tengamos en cuenta que todos son ramas del mismo árbol, escisiones de partidos precedentes) estuvieron detrás. La respuesta del gobierno, liberal conservador, fue la suspensión de garantías constitucionales, acompañada de una durísima represión que culminó en docenas de fusilamientos.

El fracasado intento revolucionario acentuó la división del Partido Progresista, del cual surgió en 1849 el Partido demócrata.

En 1854, ya con Espartero recalificado, aunque durmiente en Logroño desde 1848, se produjeron estallidos revolucionarios en Barcelona, Valencia, Zaragoza y Madrid en la que fue conocida como “revolución de las barricadas”. En Barcelona se protestaba por la modernización de la industria textil, consiguiendo que fuesen desmontadas varias máquinas de reciente instalación.

La revolución prendió en otras ciudades como Valladolid, y la Reina Isabel II se vio obligada a llamar al general Espartero, quien compartió el poder con el general O’Donnell, en lo que se vino a llamar el Bienio Progresista, dando lugar a la convocatoria de Cortes, que se inauguraron el 8 de noviembre con el objeto de elaborar un nuevo cuerpo constitucional que finalmente sería truncado en septiembre de 1856 cuando Isabel disolvió las cortes, dio el poder al general O’Donnell y restableció la constitución de 1845.

Las críticas más certeras al progresismo las lanzaba en este momento Jaime Balmes, asegurando que:

Los hombres partidarios de innovaciones se agrupan en el partido progresista. Progresar es marchar hacia la perfección, que algunas veces será antidemocrática. Para el partido progresista progresar significa limitar las facultades de la corona y combatir las clases antiguas. Parecen demócratas porque invocan el pueblo, pero sólo invocan el pueblo que participa de sus ideas. (Balmes 1950: 57 vol 6)

Pero había otro tipo de críticas menos cultas; así, con ocasión del sorteo de quintas, el 6 de abril de 1856, se produce un motín en Valencia en contra del mismo, que es reprimido con una violencia extrema. El motín es ocasionado por los milicianos nacionales, que ya llevaban un rosario de incidentes de todo tipo, y que ya a primeros de este año, se amotinaron el 7 de enero, actitud que era aprobada por sectores del parlamento, que no dudaban en manifestar que:
Cuando se le quita a la Milicia el derecho de discutir; cuando se le cierra la boca, no le queda más que una boca abierta, y esa debe procurarse que esté siempre cerrada, -salvo cuando puede peligrar el orden público o la libertad; no le queda más boca abierta queja de su fusil, y yo quiero que antes que esa boca se presente a decir lo que desea, lo diga la boca del ciudadano, del hombre honrado. (Urquijo 1981: 42)

Y, ciertamente el fusil tuvo que hablar. El ambiente era tenso, y cuando circuló el rumor de que la ley había sido aprobada, el gentío se congregó en los alrededores del Congreso gritando ¡Viva la Milicia Nacional! y ¡Muera O'Donnell!

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