martes, 18 de abril de 2017

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (IX)

Decidida ya la muerte de Escobedo por la princesa de Éboli y por Antonio Pérez, llegó el turno de llevarlo a efecto de forma y manera que quedasen impunes del asesinato. El secretario de estado era consciente que lo más favorable era justificar la comisión del crimen so capa de interés de estado, como ya ha quedado relatado.

Felipe II dio el visto bueno al asesinato, inducido por las justificaciones que el secretario de máxima confianza, Antonio Pérez, le presentaba.

Finalmente,“el 31 de marzo de 1578 Escobedo, después de varios intentos de envenenamiento, fue asesinado por unos espadachines en Madrid (junto a Santa María de la Almudena). Los rumores populares hicieron responsable a Antonio Pérez, cuyos amores secretos con Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli, habría descubierto Escobedo; así, para asegurarse de su silencio, lo había hecho matar. Posiblemente Antonio Pérez era instigador del crimen, pero por diferente motivo: lo que aquel sabría sobre él era la venta oculta de secretos de Estado, que también beneficiarían a la princesa. Otra posible hipótesis es que Felipe II creyó las difamaciones de su secretario hacia su hermanastro y consintió en hacer desaparecer a Escobedo.”

Hasta tres intentos fallidos de envenenamiento practicó sobre Escobedo el ambicioso Antonio Pérez, pero la constitución física de la víctima, unido a una evidente falta de profesionalidad del autor, evitó el éxito de las intentotas, por lo que finalmente optó por asesinarlo a estoque, y encargó la faena a tres asesinos, que la llevaron a término el 31 de marzo de 1578.

El asunto tuvo la importancia que puede suponerse al tratarse de personajes con unas responsabilidades de gobierno evidente. Por ello, las legaciones extranjeras dieron noticia del asunto a sus respectivos gobiernos. Destacamos el relato del Nuncio, amigo personal de Pérez: “La noche del segundo día de Pascua, aproximadamente a las ocho…/… el Secretario Escovedo volviendo de casa de doña Brianda Guzmán a su casa a caballo y acompañado de sus hombres y pajes con antorchas, no muy lejos de su casa, fue rodeado por cuatro hasta ahora desconocidos y herido de una estocada en el costado por uno de ellos, cayó al suelo y sin poder hablar murió al cabo de una hora. La pérdida es de gran importancia en muchos aspectos, ya que era muy afecto a los negocios que sabe V. S. Illma. y en todas las ocasiones y siempre se muestra muy afectuoso, por lo que me causa gran sentimiento.
Hasta el momento no se sabe de dónde viene el mal, a pesar de las extraordinarias diligencias. Y puesto que son varias las sospechas no me extenderé sin saber qué escribir…/… No hace mucho que fue envenenado junto a su esposa y a su esclavo, y con todo el gran peligro, con la ayuda de Dios, se liberó y no hacía ocho días que había comenzado a salir de la casa. El Rey ha perdido a un verdadero gran ministro y su Santidad un buen servidor.” 

Todo este asunto es relatado por el propio Antonio Pérez como sigue: “Es de saber que el rey católico, por causas mayores y forzosas, y muy cumplideras á su servicio y corona, resolvió que el secretario Juan de Escobedo muriese sin preceder prision ni juicio ordinario, por notorios y evidentes inconvenientes de grandes riesgos, en turbación de sus reinos si se osara de cualquier medio ordinario aquella coyuntura, y de mayores si se difiriera la ejecucion. La razon de esto y de las causas que movieron al rey á tal ejecución, remito al memorial que Antonio Perez presentó en el juicio de Aragon.” 

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