martes, 25 de abril de 2017

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (I)


Aunque ni en el Caribe ni en Filipinas se sufrió la espiral separatista que en el primer cuarto de siglo llevó a la ruptura de España en dos decenas de territorios fácilmente controlados por Inglaterra, no por ello dejó de sentirse, especialmente en Cuba, la acción de los agentes británicos.



Las acciones, debemos convenir, fueron de menor importancia, pero marcaban la ruta que inexorablemente seguirían.

Una de ellas, quizás la más importante antes de la de 1868, fue la acaecida en 1843, coincidente con la oferta de compra de la isla que ese mismo año efectuase el embajador usense en Madrid, Saunders, por 50 millones de dólares, que no fue respondida por el entonces presidente Espartero.

Del entramado no andaba alejado Narciso López, que había llegado a Cuba en 1838, siendo mariscal de campo del ejército español.

Pero las conspiraciones venían de tiempo atrás. A partir de este momento vamos a tratar del mando político en Cuba.

El dos de mayo de 1823, Francisco Dionisio Vives tomaba el mando de Cuba de manos de  Sebastián Kindelán Oregón.

Las conspiraciones nacidas a raíz de las guerras separatistas en el resto de América se hacían sentir también en Cuba, donde tuvo que hacer frente a las organizadas por las sociedades secretas “Soles y Rayos de Bolívar” y la “Gran Legión del Águila negra”. No obstante, en vez de enfrentarse a ellas, las toleraba, en un raro equilibrio propio del reinado de Fernando VII, experimentándose durante su mandato un gran desarrollo de la corrupción, protegiendo subrepticiamente la trata de esclavos. Su actuación significó un gran desarrollo económico de la isla.

El 12 de mayo de 1832 sería sustituido por Mariano Ricafort Palacín, que asumiría el reingreso de los exiliados liberales amparados al decreto de amnistía de 1833 y afrontaría las demandas arancelarias presentadas por los productores cubanos.

El 1 de junio de 1834 sería sustituido por Miguel Tacón Rosique, que recibió la isla sumida en un gran desorden.

Cuando en 1836 fue reimpuesta la constitución de 1812, fue impuesta también en Cuba, como así sucedió  en 1837, cuando la nueva constitución establecía que Cuba, como Puerto Rico y Filipinas, dejaban de tener los derechos que habían tenido hasta el momento y pasaban a regirse por leyes especiales, sin derecho a representación en Cortes.

Durante su mandato se inauguró la línea de ferrocarril que unía La Habana con Güimes.

El 16 de abril de 1838 fue sustituido por Joaquín de Ezpeleta Enrile, durante cuyo mandato se hicieron importantes obras, como la ampliación de la línea férrea o la organización del cuerpo de bomberos.

El fin de su mandato llegó el 10 de enero de 1840, con el nombramiento de Pedro Téllez Girón , que desarrolló una importante labor cultural y acabaría su mandato el 10 de mayo de 1841, cuando asumió el mando Jerónimo Valdés Sierra, que se significaría por su posición antiesclavista.

El 19 de noviembre de 1843 Leopoldo O’Donnell tomó el mando en Cuba. El general Valdés, su antecesor, había dejado un memorando explicando la deriva separatista, auspiciada por agentes británicos.

Culpóse de esta insurrección (de 1843) a los maquinistas ingleses de los ingenios; y ya fueran aquellos, u otras causas, no escaseaban las víctimas que a sus resultas inmolaban los Consocios de guerra. (Pirala 1895: 55)

La intentona fue sofocada por la misma población. Pero O’Donnell tuvo que hacer frente a conspiraciones, entre la que destaca la “Conspiración de la Escalera” de 1844, a consecuencia de la cual fueron expulsados de la isla todos los libres de color.

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