miércoles, 26 de abril de 2017

La crisis del siglo XVII (IX)

“La situación de la Monarquía española en el otoño de 1647 era más que preocupante. A las revueltas de Nápoles y Sicilia acaecidas en julio de aquel año, siguió una sonora suspensión de pagos en octubre, mientras Castilla padecía la peor cosecha de cereales en lo que iba de siglo y la peste hacia acto de presencta en Levante.”  Esta situación, sin duda, influyó en la falta de atención que se prestó a los intentos brasileños por aproximar los intereses del territorio a los de la causa de la monarquía hispánica, distanciándose de la casa de Braganza.

Los siempre amigos, de lo ajeno, los ingleses, no perdían comba en la situación. Mientras España estaba en guerra con Francia, Francia e Inglaterra se aliaron para que ésta asaltase a la flota de Indias, mientras la esperanza militar de España, Juan José de Austria, se hundía ante el ejército francés y se veía forzada a firmar el Tratado de los Pirineos en 1659, por el que se venía a confirmar la posición de sumisión de España. Si en la paz de Westfalia se perdieron las posesiones de los Paises Bajos que, siempre representaron una carga para España, y que sólo nos han dejado el cuadro de Velásquez, “La Rendición de Breda”, la Paz de los Pirineos, consecuencia de la guerra de los segadores y de la ambición de políticos como Pau Claris, que se echó en los brazos de Richelieu, costó a España Dunquerque, Jamaica, Rosellón y la Cerdaña. La siguiente puntilla llegaría en 1713 con el Tratado de Utrecht.

Finalmente, “el Tratado de los Pirineos de 1659 puso fin a la Guerra de los Treinta Años y significó el punto de inflexión en la lucha por la hegemonia en Europa. Los Austrias españoles intentaron por todos los medios sostener un imperio que había sido declarado en bancarrota, acuciados por una inflacción galopante y donde el oro americano no era suficiente para sanear las arcas reales, empobrecidas por el gasto de la guerra continua.”

El tratado de los Pirineos significó el primer zarpazo a la unidad nacional llevado a cabo por los intereses europeos. En el desarrollo llevado a cabo posteriormente, “establecían el reparto de la Cerdanya de forma que 33 lugares o aldeas quedaran para Francia para garantizar el paso de un extremo al otro del valle. La concreción de esos 33 lugares fue el eje central de una negociación posterior, el Tratado de Límites de la Cerdanya, firmado en Llívia el 12 de Noviembre de 1660…/… Tras el Tratado de los Pirineos y sus epílogos, la política exterior española aceptó el fin de su hegemonía y se centró en la búsqueda de aliados para contrapesar la maquinaria bélica y diplomática de Luis XIV. La idea era conservar lo que quedaba del imperio.”

La única victoria de España en el tratado de los Pirineos: “apartar a Francia de Portugal y restaurar al príncipe de Condé, su aliado francés de los últimos años, lo que equivalía a reintroducir la vieja quinta columna de los Austrias en el corazón del enemigo.”  Y la muerte de Mazarino, acaecida el año 1661, meses antes de fallecer el de Haro.

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