sábado, 22 de abril de 2017

La familia, base de la sociedad (IX)


3.6.- En el Corán

La familia de la sociedad musulmana es esencialmente patriarcal; el padre de la familia ejerce su poder sobre la esposa, los hijos y los criados; la poligamia antes era corriente entre los ricos, pero los pobres eran y son monógamos por necesidad. El Corán reconoce el repudio de la mujer, debiendo buscar dos testigos para efectuar el mismo .



La mujer carece de autonomía, ya que “no puede ser dada en matrimonio sino con el consentimiento de su tutor matrimonial o de otra persona de juicio en su familia, como un varón de su tribu o el sultán.”  Para que un matrimonio pueda ser reconocido como legal, debe ser realizado con un tutor o wali, con dote o sadaq, y con dos testigos honrados que deben estar presentes en el momento del contrato, ya que de otro modo, no podrá consumarse el matrimonio . No obstante, cuando la mujer no es virgen, tiene derecho a dar su consentimiento en el matrimonio, y no es admitida imposición de nadie .

Reconoce la poligamia: “Casaos con las mujeres que os gusten. Dos, tres, cuatro, pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas” . Discrimina a la mujer: “Alá os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras. Si éstas son más de dos, les corresponderán dos tercios de la herencia. Si es hija única, la mitad. A cada uno de los padres le corresponderá un sexto de la herencia, si deja hijos; pero, si no tiene hijos y le heredan sólo sus padres, un tercio es para la madre. Si tiene hermanos, un sexto es para la madre” .

“Está permitido al hombre, libre o esclavo, casarse con cuatro mujeres libres, musulmanas o del Libro” , y los conversos que se conviertan teniendo más de cuatro esposas, deberán repudiar a las que exceden de tal número .

Reconoce el repudio por deshonestidad. “Llamad a cuatro testigos de vosotros contra aquéllas de vuestras mujeres que cometan deshonestidad. Si atestiguan, recluidlas en casa hasta que mueran o hasta que Alá les procure una salida”.  También reconoce el repudio por placer o desidia: “Y si queréis cambiar de esposa y le habíais dado a una de ellas un quintal, no volváis a tomar nada de él. ¿Ibais a tomarlo con infamia y pecado manifiesto?” .

Admite la promiscuidad: “Os están permitidas todas las otras mujeres, con tal que las busquéis con vuestra hacienda, con intención de casaros, no por fornicar. Retribuid, como cosa debida, a aquéllas de quienes habéis gozado como esposas. No hay inconveniente en que decidáis algo de común acuerdo después de cumplir con lo debido” .

El patriarcado queda manifiesto: “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas” .

Reconoce el divorcio: “Si teméis una ruptura entre los esposos, nombrad un árbitro de la familia de él y otro de la de ella. Si desean reconciliarse, Alá hará que lleguen a un acuerdo. Alá es omnisciente, está bien informado” , e incluso impone el divorcio en caso de que uno de los esposos apostate del Islam, así como si alguien casado con una infiel abraza el Islam y ésta no hace lo propio, salvo que ella pertenezca a las Gentes del Libro (judíos y cristianos) . También la mujer puede acceder al divorcio mediante la entrega de la dote o si se trata de una esclava manumitida y casada con otro esclavo .

Y a las mujeres también les reconoce derechos; así, “el que sea incapaz de copular podrá intentarlo durante un año y si lo consigue, bien estará, pero si no, ambos cónyuges se separarán a petición de la mujer”. También la mujer que sufra  cuatro años de ausencia continuada del esposo podrá volver a casarse

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