domingo, 2 de abril de 2017

LA INQUISICIÓN Y LA BRUJERÍA (1)


LA INQUISICIÓN Y LA BRUJERÍA (1)

La desinformación general sobre el tribunal del Santo Oficio propicia que existan creencias de lo más variopinto para cada una de las cuestiones con ella relacionada. Así, el año 2013, en Televisión Española, en una obra de ficción, “Águila Roja”, tuvieron la desfachatez de tratar el problema de las brujas en España, en una época que se puede situar en el siglo XVI, como si los hechos se hubiesen desarrollado, no en España, sino en Francia, Inglaterra o Alemania. Y eso es lo que queda en la memoria colectiva como verdad irrefutable: El culto a la mentira.



Pero si por casualidad la víctima intelectual de la Ilustración acaba aceptando la realidad en lo tocante a la brujería y a la Inquisición, siempre le queda el arma llena de orín que afirma “que en España, Portugal e Italia, el Santo Oficio tenía tanto que hacer persiguiendo a judíos, mahometanos y protestantes, que no le quedaba tiempo para perseguir también a las brujas. La revisión sistemática de los archivos inquisitoriales nos demuestra algo muy distinto. Calculo que la Inquisición en los países católicos del Mediterráneo llevó a cabo entre 10.000 y 12.000 procesos de brujería, que, no obstante, fueron sentenciados con penas menores o absolución.”

¡A caramba!, al final resulta que la Inquisición sí trató temas de brujería… Sí, efectivamente la Inquisición trató temas de brujería. Según el historiador Joseph Perez, “En España se juzgó a tantas brujas como en los demás países; la gran diferencia consiste en que los españoles –gracias a la meticulosidad de la Inquisición- rara vez quemaron una bruja; mientras tanto, los tribunales de la mayoría de los países europeos perseveraron en esa práctica cruel hasta finales del siglo XVII.”

Parece que, efectivamente, la Inquisición trató casos de brujería que por lo general acababan con los acusados en manos de médicos. Ese trato dado a la brujería hace destacar un caso de brujería tratado por la Inquisición: Las brujas de Zugarramurdi, en el valle de Baztan.

Por otra parte, en lo tocante a este asunto, “No fue la Inquisición quien inició la persecución sino la justicia civil en Suiza y Croacia. Resulta interesante ver cómo la Inquisición de Milán no sabía qué hacer con dos caminantes nocturnas, que en 1384 y 1390 confesaron haber participado en una especie de aquelarre blanco en el que el hada Madonna Oriente les instruía en la forma de ayudar a la gente a combatir la brujería.”

Siempre en Europa y no en España, el tratamiento de la brujería nos señala que “de un cálculo aproximado de 1000 causas, el 63% fue juzgado por las autoridades civiles; el 17% corresponde a tribunales episcopales, mientras que el 20% corresponde a la Inquisición. La mitad de las 200 causas de que se trata, se debieron al inquisidor Heinrich Institoris, cuya persecución de brujas en el año 1484 había sido autorizada por una bula del papa Inocencio VIII.” 

Las brujas eran adoradoras del diablo, y a quienes confesaban los pecados de haber asistido a misa, los castigaban con azotes que eran infligidos por un brujo. Hacían un remedo de la misa y besaban al “demonio” en las partes pudendas. Acabada la misa, todos cometían actos impúdicos, renunciaban a todos los principios cristianos y esperaban el paraíso del demonio.

Para servir al demonio, profanaban tumbas de niños, a los que mutilaban, comiendo después las partes mutiladas, y llegaron a declarar que habían matado a muchos niños, a los que les chupaban la sangre y comían sus miembros ya que, según les decía el demonio, era mejor la carne de los niños asesinados por ellos.  Pero todo era mentira, producto de las mentes enfermas adoradoras del diablo y sometidas al influjo de determinados brebajes que consumían.

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