domingo, 30 de abril de 2017

La justicia en la Inquisición (I)



La fantasmagoría de la Ilustración nos ha presentado la actuación de los jueces inquisitoriales como déspotas sin entrañas actuando a su libre albedrío, sin normas que respetar. Nada más lejos de la realidad de la Inquisición, que la podemos definir como la regla de las normas.

Nada más lejos de la Inquisición que la actuación por libre de un inquisidor. Todo estaba reglado; todo medido, todo debía pasar por el filtro del conocimiento y de la experiencia. Con toda seguridad, y salvo muy honrosas excepciones, la actuación despótica de un miembro con responsabilidad de la Inquisición no es sino producto de la mente calenturienta de un ilustrado. Consecuencia de ello es que, finalmente, la Inquisición no puede pasar desapercibida, porque sus sentencias, salvedad hecha de casos muy concretos, debían ser o radicalmente perversas o radicalmente mejores que la media de los tribunales de la época.

“Bastaba muchas veces la discordancia de uno solo (juez) para sobreseer el asunto. Se requería de ordinario unanimidad. Ésta obtenida, aún quedaba mucho que andar hasta apoderarse del reo. Se hacía comparecer al delator para que, en presencia de un comisario del Santo Oficio y de un notario, reconociera formalmente su denuncia, y para que jurara que no procedía de malicia, odio ni mala voluntad…Mientras todo esto se evacuaba, el delatado seguía gozando de su libertad ignorara, barruntara ó supiera lo que contra él había.”

“Agotados todos los medios posibles para venir á pleno conocimiento del hecho y á la intensidad, digámoslo así, del delito, se seguía la sentencia que daba el tribunal, el cual o absolvía o condenaba. En el primer caso, se reintegraba al inocente en su fama, y en el segundo, se procedía al castigo.”

En cuanto a los resultados que tuvo la Inquisición con relación al problema judaizante, fue de una favorable espectacularidad; podemos decir que acabó con el problema en pocos años, y como vemos, con pocas sentencias. En cualquier caso no vamos a quitar relevancia a los hechos, pero tampoco vamos a cometer el error de no juzgarlos con la mentalidad de cuando se produjeron, pues seríamos absolutamente injustos, máxime si consideramos que, mientras los judaizantes estaban siendo perseguidos en toda la Hispanidad, los judíos estaban manteniendo plantaciones donde ejercían derecho de vida y de muerte sobre los esclavos que las cultivaban. Por otra parte, los autores judíos afirman que “Resulta obviamente incorrecto considerar a todas las víctimas de la Inquisición como mártires de su fe. Los “contumaces”, que fueron a la pira confesando orgullosamente su judaísmo, constituyeron una relativamente insignificante minoría.”

Los datos registrados por la Inquisición son muy pormenorizados, y existen en los archivos de la Inquisición. Eso da que pensar cuando, de forma arbitraria se da un número de víctimas espeluznante (aún teniendo en cuenta que cualquier número lo es). Los historiadores coinciden en señalar que en el primer auto de fe, celebrado en Sevilla el 6 de Enero de 1481, fueron quemados seis infelices, y así sigue el goteo… Inadmisible si se quiere, pero que en cualquiera de los casos no se corresponde con las noticias que dicen que ese mismo año 1481 fueron quemados en persona dos mil judaizantes; número extrañamente redondo señalado por Juan de Mariana en su obra “De rebus Hispaniae”. También señala Mariana que muchísimos fueron quemados en estatua, cuyo número no consta. Sin querer desmerecer al justamente admirado historiador, y dada la minuciosidad llevada por la Inquisición, parece que en este punto fue Mariana un tanto alegre, como alegre es al afirmar que tras el decreto de expulsión salieron de España más de 800.000 personas, siendo que, en el peor de los casos, historiadores nada condescendientes con el instituto, cifran el número en un máximo absoluto de cien mil expulsados, ya que el número de judíos residentes no llegaba, ni con mucho, a la cifra que Mariana da como expulsados, siendo que, además, debe detraerse de esa cifra el gran número de conversos.

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