viernes, 12 de mayo de 2017

ENEMIGOS DE ESPAÑA GOBERNANDO ESPAÑA: EL CASO DEL SUBMARINO (I)

El pueblo español está convencido, tras dos siglos de pertinaces esfuerzos por parte de quienes estaban interesados en generalizar determinadas creencias, que nuestra raza está incapacitada para la generación de ideas; así, en el campo de la filosofía, por ejemplo, nos encontramos que Europa tiene diversas escuelas catalogadas como tales, mientras el mundo hispánico carece de ellas. Lo mismo sucede en el campo de la industria y en el de la invención en general. Y lo curioso de ese chauvinismo europeo es que acusa de chauvinista a quienes opinan lo contrario.

Sin embargo, en el campo de la filosofía y en el campo del derecho hay una nómina de autores de la que sólo voy a destacar a dos pesos pesados: Francisco de Vitoria en el derecho y Miguel de Unamuno en la filosofía. ¡Va! ¡Dos casos! Bien, quien tal diga, que se preocupe un poco más…

Y en cuanto a los inventos e investigaciones en otros campos, sólo nos queda pensar en  autores como Gómez Pereira, el primero que, en 1554 propuso un modelo mecanicista para entender la conducta de los animales; Jerónimo de Ayanz y Beaumont, quién en 1606, ideó la primera máquina a vapor y los primeros trajes de bucear; Narciso Monturiol que en 1868 llevó a término el primer submarino moderno, si bien con los inconvenientes de no manejar la electricidad; Leonardo Torres Quevedo, las primeras máquinas aeronáuticas y las primeras computadoras… y en el campo de la botánica y la medicina, en el siglo XVI nos encontramos con personajes como Andrés Laguna o Simón de Tovar… José Luis Díez, destacado internacionalmente como investigador en el ámbito de la electricidad;  Federico Ardois, creador de un nuevo sistema de señales; Antonio Llopis, utilización de medios aéreos para la Armada; Fernando Villaamil, creador de un nuevo modelo de destructor, que debió construirse en Inglaterra, donde copiaron su invento; Joaquín Bustamante, creador de un nuevo tipo de mina;  José González Hontoria, inventor del cañón que lleva su nombre; Cajal, Ferrán, Esquerdo, Rubio y Galí, Echegaray, González de Linares … y aún en el pérfido siglo XIX se produjo lo que alguien ha denominado siglo de plata de la cultura española.

Pero si algo destaca en la España del siglo XIX (del actual y corriente siglo XIX que ya dura más de doscientos años) no es la existencia de genios capaces de descubrir y desarrollar aspectos de la ciencia, sino la existencia de genios que han triunfado destruyendo la obra de los primeros.

Uno de los genios creativos españoles del siglo XIX es, sin duda, Isaac Peral y Caballero, y su réplica, el artífice material de la destrucción de su obra, José María Beránger Ruiz de Apodaca, ministro de marina.

Pero no era sólo Beránger el interesado en destruir la obra de Peral. La clase política en su conjunto, sus dirigentes, el gobierno y la corona no escapan a la culpa. Todos debían cumplir su función y no podían permitir que un oficial de la Armada diese al traste con la misión que les había sido encomendada y que tan certeramente estaban llevando a cabo: la destrucción de España.

Una destrucción que venía siendo efectiva en todos los campos, de forma inmaculada, al menos desde la guerra franco-británica para la dominación de España, conocida vulgarmente como “Guerra de la Independencia”.

Esos aspectos ya han sido tratados en mis otros trabajos “Las Guerras Carlistas” y “El Cantonalismo”; a ellos me remito.

En los momentos que Peral desarrolló el submarino, vivía España una situación que claramente puede ser calificada de pre-guerra con los Estados Unidos. La guerra debía producirse en uno u otro momento, y los gobiernos, a pesar de las millonarias donaciones populares para modernizar la armada, parecían preocuparse porque ésta fuese cada día más obsoleta.

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