sábado, 6 de mayo de 2017

Idilia, una historia del futuro (9)

Capítulo Noveno

Esas ideas habían sido largamente debatidas por los dirigentes de Humania, y siempre habían sido rechazadas por inmorales.



Idilia sí podía hacerlo, porque Idilia era iniquidad, pero el que utiliza las armas del enemigo se pasa al enemigo.

Antonio y Helena explicaron a Andrés el plan de acción:

En primer lugar, proselitismo. Andrés se trasladaría a vivir a casa de Antonio, extremo que daría más tranquilidad a la Administración de Idilia, que vería en el hecho una normalización en la vida de ambos.

Por su parte, Helena instalaría su base de operaciones en casa de Andrés, y tras bloquear con un sistema electrónico los controles implantados por Idilia, instalaría suficiente infraestructura de ordenadores e impresoras para, en un primer momento, producir propaganda escrita que sería repartida a través de los sistemas de ventilación de los edificios y desde las terrazas de los mismos, según fuese conviniendo.

Antonio y Andrés continuarían asistiendo a la Universidad, y procurando atraer nuevos acólitos, al tiempo que, junto a los acólitos existentes, y todavía “dormidos”, irían extendiendo la idea, y los panfletos.

Helena también sería la encargada del suministro de libros.

En una segunda etapa sería necesario arriesgarse un poco más. Cuando la existencia del núcleo de resistencia fuese suficientemente conocida, sería necesario dar otro paso. Entonces, desde algún ordenador de algún responsable de la administración al que se tenga acceso será conveniente hacer un masivo envío de correos electrónicos a toda la población de Idilia, haciendo conocer la existencia de Humania y la situación de esclavitud que se vive en Idilia, al tiempo que se incita a los habitantes a tener más hijos.

-    Me parece que soñáis demasiado –dijo Andrés - ¿Cuántas veces creéis que podremos utilizar un sistema de aire acondicionado para el reparto de octavillas? ¿Y cuántos mensajes podremos enviar desde el ordenador de un político del sistema?
-    Es verdad lo que dices –dijo Helena -, y ya lo tenemos pensado. Por eso es necesario que la distribución de panfletos se realice una sola vez, al mismo tiempo, en el mayor número de edificios, y que el lanzamiento de los correos electrónicos también se produzca a los pocos días del lanzamiento de panfletos.
-    Luego –Continuó Antonio – será conveniente que, de entre nosotros mismos, se levante la polémica mediante una generalizada queja por el “ataque efectuado por elementos incontrolados de algo que llaman Humania”, reclamando protección por parte de las administraciones públicas, y represión ejemplar sobre los cavernícolas.

Continuaron explicando que, de ese modo, se crearía un generalizado estado de opinión que les permitiría entrar en discusión, sobre todo a través de correos electrónicos, ya que los periódicos, con absoluta seguridad filtrarían los mismos, sin correr riesgos.

A partir de ese momento, la cuestión consistiría en calentar permanentemente la cuestión, desde diversos ordenadores y procurando que nadie en concreto destacase sobre los demás.

Una nueva pega planteó Andrés:

-    Pero el número de direcciones de correo electrónico, en cualquier caso, es limitado.
-    Cierto –dijo Helena -. Pero en ese momento, distribuiremos entre todos los acólitos la totalidad de correos electrónicos de Idilia, de forma y manera que el número de cada uno vaya quedando reducido conforme los receptores de los mismos se uniesen a la pirámide remitiendo el correo recibido a sus círculos personales.
-    El problema –dijo Antonio- será el primer envío, pero a partir de él, la distribución quedará diluida con la incorporación de nuevos remitentes. Y como al principio del movimiento se realizará desde un ordenador de los opresores, la administración caerá en un momentáneo descontrol que será el que utilicemos para generalizar el movimiento.
-    Y luego, ¿qué?
-    Luego, y aunque no creamos en las instituciones de Idilia, crearemos un partido independiente que concurrirá a las próximas elecciones. Porque entonces la administración ya no podrá silenciarnos del modo que tiene por costumbre. Entonces, con todo el poder de sus medios, donde por supuesto no tendremos cabida, y si la tenemos será bajo sus condiciones, con lo que nos pondrán en el mayor de los ridículos, nos atacarán de manera constante, pero se cuidarán muy mucho de hacerlo tan solo dialécticamente. No tendremos ninguna posibilidad tan siquiera de sacar un diputado o un concejal. Para eso tienen el poder económico y el control sobre los medios de comunicación. No obstante, habremos plantado la semilla de la perdición de Idilia, porque aún callados y tergiversados por los medios, se habrá sembrado la rebelión, larvada, sí, pero ello provocará que haya gente que se cuestione todo el sistema imperante, haya quién se plantee establecer un hogar humano, quién cuestione la homosexualidad y la antieducación de los colegios, quién reclame el derecho a no abortar, a no vivir en un asilo o a no ser sometido al crimen de la eutanasia.
-    Pero lo que sucederá entonces –dijo Andrés -, y en el mejor de los casos, es que los partidos del sistema digan que asumen todas esas reivindicaciones, que en un pasado mañana lejano las van a poner en práctica, y que todo se quede igual.
-    Sí, es más que probable que suceda eso, y más que probable que el partido que nosotros creemos no llegue ni a existir un año. Entonces tendremos que procurar el segundo paso. Después de todo, en lo que a nosotros respecta, lo que debemos perseguir es una consolidación de la crítica al sistema, y mediante la difusión de constantes mensajes por correo electrónico debemos, en principio, perpetuar la misma. A partir de ahí se deben crear foros de discusión en internet que propicien conferencias y concentraciones en defensa de la vida, de la dignidad humana, en aras de facilitar a los homosexuales el necesario tratamiento médico para curar su enfermedad, en pos de una educación libre donde a nuestros hijos se les eduque en libertad y en conocimientos; donde la religión tenga su necesario ámbito y sea libre su práctica; foros donde se combata abiertamente la eutanasia… y se imponga que los no homosexuales puedan acceder a puestos de responsabilidad social.
-    Muy bonito porvenir nos estás pintando –dijo Andrés -. Pero seguiremos en la esclavitud.
-    Sí, cierto, seguiremos en la esclavitud –respondió Helena -, pero en camino hacia la libertad. No es lo mismo recorrer el camino que te proponemos que recorrer el inverso, como en algún momento de la Historia sucedió.

La conversación satisfizo muy someramente el espíritu de Andrés, y aún más someramente la última afirmación de Helena, aunque comprendía que, dada la situación, tenía parte de razón. Todo lo cual no impedía seguir pensando en medidas más drásticas. A la postre lo que debían alcanzar no era una Idilia más suave, sino la destrucción de Idilia, puesto que Idilia era el Mal en forma de sociedad.

Sin otra posibilidad inmediata, finalmente diseñaron la ejecución de las acciones. Los miembros dormidos de la resistencia pro Humania serían despertados con carácter urgente.

Andrés se ilusionó con lo que había oído de los miembros “dormidos”, pero cayó redondo en el sillón donde se encontraba cuando le comunicaron que el número de militantes alcanzaba la cifra de … seis.

-    ¿Seis? – gritó- ¿En total somos nueve para hacer todo lo que hemos dicho? Estáis locos de atar.
-    ¡Seis! –dijo Antonio -, y nosotros tres, ¡nueve!
-    ¡Pues lo tenemos claro!. Hace nueve meses erais ocho, y ahora somos nueve. A este ritmo nos habrán convertido en salchichas y seremos diez…
-    ¿Y qué quieres?, ¿que la gente salga por las calles a aclamarnos? Las revoluciones siempre han sido cuestión de pocos. Las cosas grandes son privativas de los grandes espíritus. El resto debe seguirnos. ¿No eras tan admirador de Don Quijote de la Mancha?, ¿no admiras tanto a San Agustín?, ¿no te dices cristiano? Pues mira esos tres ejemplos, y si no tienes suficiente, nosotros ocho nos sobramos.

Se habían caldeado los ánimos entre los dos amigos, pero Helena, que estaba al quite cogió a entrambos por las manos y les animó con voz cándida diciendo:

-    Pero mira que sois tontos.

¿Qué sucedió en alma de los dos amigos? La calma se impuso en Antonio, pero un fuego abrasador corrió por todo el cuerpo de Andrés al sentir sobre su mano la suave mano de Helena.

Se turbó su espíritu, dijo que era tarde y que tenían que descansar, que al día siguiente debían empezar su mediana locura.

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