miércoles, 24 de mayo de 2017

La caída del Imperio Romano (10)

El rey Leovigildo (565-586) es el verdadero creador del Estado hispano-godo y, por ende, de la nacionalidad hispánica misma: Hispania, reino, entidad política independiente, sucedía a la antigua provincia sujeta al poder de Roma. Primeramente, desde su gobierno de Toledo, a salvo de la amenaza de francos y de bizantinos, intentó con éxito someter a la autoridad central la mayor parte del territorio peninsular en un momento crítico de fragmentación político-territorial, Así, tras consolidar el poder real, derrotó a los suevos del noroeste, que eran católicos, incorporando su reino y redujo a cántabros y vascones, alzados contra su autoridad. Desde su coronación tuvo al menos una importante campaña militar anual, en cada una de las cuales sometió a cántabros, astures, suevos, sappos, bizantinos… hasta que en 570 tuvo unificado el reino salvo una franja mediterránea ocupada por Bizancio. No obstante, los conflictos con astures, cántabros y vascones serían un problema enquistado hasta la misma desaparición del reino.

Leovigildo, el unificador, acuñó un ideal nacionalista que identificaba el Reino de los Godos («Regnum Gothorum») con Hispania, acotando nítidamente las diferencias respecto al Imperio de Bizancio, heredero oriental de Roma. En torno a ese nuevo ideal hispánico debería producirse la aproximación definitiva, la fusión entre godos e hispano-romanos, con lo que derogó la prohibición de matrimonios mixtos establecida por el Emperador Valentiniano. Sin embargo, el mantenimiento de Leovigildo en su fe arriana (religión nacional de los godos) y el intento de imponerla a sus súbditos hispano-romanos de religión católica, impedía la constitución de ese pueblo verdaderamente unificado. Sería su hijo, Recaredo (586-601), quien al convertirse al catolicismo, y con él, oficialmente, todos los godos, pondría las bases de una comunidad político-religiosa nacional diferenciada, una nueva sociedad, en definitiva.

Los arrianos sobrevivían como religión étnica, pero soportando la rivalidad de las iglesias católicas de la mayoría de la población, como signo de identificación visigodo frente a los hispano-romanos, y Leovigildo, con la idea de unificar la nación, ejerció persecución contra el catolicismo, especialmente durante el  enfrentamiento armado con su hijo San Hermenegildo, a quién había designado duque de la Bética, con vistas a que le sucediese en el trono. Este enfrentamiento se produjo entre los años 579 y 584, como consecuencia de la persecución realizada sobre la persona de Ingunda, esposa de Hermenegildo y católica. Juan de Biclaro lo recoge en su crónica: Mientras Leovigildo reina en tranquila paz con sus enemigos, una riña doméstica perturba la seguridad, pues en aquel año su hijo Hermenegildo, por conspiración de la reina Gosuinda, asume la tiranía, se encierra en la ciudad de Sevilla, después de haberse rebelado, y lleva consigo la rebelión contra el padre a otras ciudades y castillos.
Esta causa produjo mayores daños en el reino de España, tanto para los godos como para los romanos, que la incursión de los enemigos.

Bajo la influencia de Ingunda y del Obispo Leandro de Sevilla, Hermenegildo se bautizó católico, se proclamó rey y emitió moneda, animado por la mayoría católica de España; religión que, al fin, practicaba desde niño, siendo como era hijo de Teodosia, naturalmente católica… y hermana de San Leandro y de San Isidoro.  

A pesar de esta manifiesta sublevación, Leovigildo no marcho contra su hijo, sino que continuó sus campañas militares tendentes a la unificación del reino; organizó una campaña contra los vascones, y posteriormente llamó a Hermenegildo a Toledo, pero éste se negó a acudir y organizó un levantamiento en el que le siguieron Córdoba, Mérida y Ébora. Toledo estaba al alcance.

Leovigildo retomó Mérida en 582 y en 583 Sevilla y Córdoba. A principios de 584 acababa la guerra con clara victoria de Leovigildo, que continuó la guerra contra los suevos.

Y es que en aras de la religión, Hermenegildo pidió y consiguió ayuda del reino suevo, pero la ayuda llegó tarde, cuando ya estaba prisionero. En 584, tras un pacto entre Leovigildo y Bizancio, había sido vencido Hermenegildo, que tras negarse a abrazar el arrianismo fue degollado por el duque Sisberto en Tarragona el 13 de Abril de 585. En 1585 sería canonizado. 

Aprovechando las circunstancias, los francos invadieron Septimania, pero fueron rechazados por Recaredo.

Tiernas son las cartas que padre e hijo se remitieron. El padre, reprochando cariñosamente que el hijo abandonase el arrianismo, y el hijo aduciendo que es sumiso a su padre, pero que está presto a derramar hasta la última gota de su sangre por la única religión verdadera.

Muerto ya San Hermenegildo, se intentó la conversión forzada al arrianismo de todo el pueblo, asumiendo la divinidad de la segunda persona de la Santísima Trinidad, pero negándola al Espíritu Santo, pero esta sería cuestión resuelta en tiempo de su sucesor, Recaredo. No obstante, no hubo persecución religiosa, por lo que se deduce que el enfrentamiento no obedeció a otra cosa que a la voluntad de San Hermenegildo de erigirse como rey por encima de su padre, Leovigildo.

0 comentarios :

 
;