jueves, 18 de mayo de 2017

La revuelta comunera (10)

Es el caso que la partida para atender sus derechos como emperador exigía inmediatez, motivo por el que dejó el periplo por los reinos hispánicos y emprendió la marcha hacia Aquisgrán en demanda de su corona de emperador, no sin antes haber enviado embajadores en defensa de su candidatura. Y emprendió la marcha contraria a la que había seguido hasta llegar a Barcelona.

“Llegando su Magestad en Burgos, el enbaxador del dicho Rey de Francia por su mandado le dixo que sy su Alteza non dava en rrehenes personas principales e villas e cibdades, asy destos Reynos como délos sennorios de Flandes, al dicho Rey de Francia, para seguridad dele entretener e guardar todo lo asentado entre ellos, e de entregar luego el Reyno de Nabarra a don Enrrique déla Brit, que dende entonces daba por rrotas las capitulaciones con él lechas , lo qual fue cavsa que su Magestad con mas presteca seguiese su camino , y llegando en Santiago, donde por su mandado estaban convocadas Cortes destos Reynos , mandó dar aentender alos procuradores que enellas se hallaron, como la cavsa de su acelerada partida hera la nescesidad en quele ponian los tratos quel dicho Rey de Francia traya, e la turbación que quería poner enla cristiandad y mayormente en los Reynos e sennorios de su Alteza.”

Si acaso no tenía apretada la agenda, tuvo que llegar quién presumiblemente iba a ser su suegro y cuyo trato había molestado tanto a Fernando el Católico, para terminar de complicar las cosas. Navarra podía terminar siendo el precio que tuviese que pagar por la mala atención de los negocios.

¿Dónde era más necesaria la presencia del César? Era imprescindible que permaneciese en España, pero la ambición de la corona imperial le hacía imprescindible en Europa, donde no podría estar sin el apoyo de España. ¿Qué era lo importante? Para España, desde luego, España.

Pedro Mártir, en su carta de 21 de Febrero de 1520 señalaba: “Les hago ver lo que interesa si el inglés queda persuadido por el francés; que el Cesar perderá mucho si no gana por la mano al inglés, lo que no podrá si se detiene a hacer Cortes.”  En la misma señala que no fueron oídos en Cortes las ciudades de Castilla, y que “la paciencia apurada  suele convertirse en rabia. No hai asnillo tan perezoso que, aguijoneado vivamente, no levante la coz contra su amo alguna vez.”

De Carlos decía Pedro Mártir de Anglería: “De la índole del Rey nada se puede decir que baste. Es de una condición excelentísima y generosa: pero sus avaros pedagogos le traen como atravillado, y ni sabe negarles cosa alguna, ni hacer sino lo que le aconsejan.”

La situación era muy tensa; en carta de Pedro Mártir a Gattinara de 27 de Diciembre,  dice: “Acaso diréis:¡oh, que se nos llama de Alemania! ¿Quieres que perdamos la ocasión del Imperio? No, no la perdais; pero esperad un poco. El Imperio está ya seguro. ¿Qué temeis? Los Electores no se retractarán, principalmente porque hemos oído que les habeis prometido mucho dinero con lo que los habeis ganado.”

Pero lo peor es que, conforme dice el mismo Pedro Mártir, “los oídos del Rey están cerrados para todos menos para los que trajo del Norte. No sabe apartarse de sus chismes.”

El 22 de mayo se embarca Carlos en La Coruña con destino Alemania, dejando como regente, contra la voluntad general, a un hombre excepcional: Adriano de Utrecht. Pero las comunidades no apreciaban su excepcionalidad, sino su condición de flamenco. Sería la gota que haría saltar la revuelta.
La entrada de Carlos I fue, así, francamente conflictiva, pero no cabe duda que el rey aprendió y asumió gran parte de los postulados que ocasionaron los conflictos. Podría afirmarse que el Carlos I de 1523 no hubiese actuado nunca como el Carlos I de 1520.

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