martes, 2 de mayo de 2017

Nada en común (X)

Sigue 1965

Una persona se identifica como tal en tanto en cuanto se reconoce a sí misma como ente autónomo, distinto de los demás. Cuestión de la socialización, y para el caso, cuestión de la OJE, imbuir en los educandos que esa individualidad, debiendo fomentarse, jamás debe enfrentarse a los intereses de la sociedad, sino que, bien al contrario, y como nos enseñase Nuestro Señor Jesucristo, cada uno debe aplicar sus talentos, no en beneficio exclusivamente propio, sino al servicio de la comunidad, al servicio de la Patria.

En el Hogar Valencia se integró en una escuadra, organizada jerárquicamente, con su Jefe de Escuadra y su Subjefe, la cual se integraba en una Centuria, y ésta en un Hogar, cada una con sus respectivos mandos. El mando estaba reservado para los mejores, y para los mejores en todos los aspectos. La jefatura no era democrática, sino que surgía de la propia esencia del grupo.

¿Quién era el jefe de escuadra? Aquel que en el seno de la escuadra demostraba mejores cualidades era elevado a la jefatura por sus propios compañeros.

Los otros mandos del Hogar... o en su caso del Campamento, estaban representados por otros compañeros que habían demostrado cualidades para el mando; cualidades para desarrollar las actividades propias de cada momento, y además habían realizado los correspondientes cursos preparatorios, con una formación pedagógica que les capacitaba para el desarrollo de sus funciones.

Toda actividad desarrollada en la OJE perseguía un fin concreto, enmarcado, indisolublemente, en la formación integral del chico. El objetivo era formar hombres viriles y responsables en la vida, desarrollar la iniciativa y la invención; la salud, la energía física y espiritual; la alegría de vivir; el amor al prójimo. La enseñanza no era reglada, sino vivida, enmarcada en la virtud y el esfuerzo y exigencias personales.

A los mandos se les exigía formación de lo más variada, donde no escapaba formación para actuar ante un incendio o ante un accidente, ante una inadaptación de un muchacho o ante actividades de aire libre.

Una formación que les permitió realizar labores que perduraron en el tiempo; desde la repoblación forestal de grandes extensiones de territorio, que transcurridas décadas pudieron ser arrasadas por el fuego y la incompetencia de los políticos democráticos, hasta la formación de maestros o de agricultores. Eugenio Martí Sanchís, Jefe Nacional de Rurales del Frente de Juventudes tuvo mucho que decir al respecto.

Y es que, primero la O.J., posteriormente el Frente de Juventudes, y finalmente la O.J.E., desarrollaron una serie de funciones de lo más variado, tendentes todas a la formación integral de una juventud que debía ser el futuro de España.

Parece mentira que, tras cuarenta años de desarrollar ésta actividad, fuese todo tirado por la borda, despreciado hasta el infinito, olvidado con saña, e insultado sin límites por quienes, careciendo de toda virtud, se adueñaron de los resortes económicos, sociales y políticos de España.

Y es que, un fallo tuvo el Frente de Juventudes y la O.J.E.: Apartarse del poder; despreciar al sinvergüenza sin ejercer acciones oportunas. Creaba ángeles para un mundo corrompido por demonios, pero ángeles que no imitaban a San Gabriel.

Eran los Campamentos de la O.J.E. ámbitos de libertad, de igualdad, de Justicia. Ámbitos, cotos cerrados a la realidad cotidiana, monopolizada por los demonios familiares de siempre, derechistas, tiranuelos que despreciaban en lo más profundo de su alma la actividad humanista desarrollada por estos idealistas.

En los campamentos se encontraban chiquillos de todos los rincones de España; gallegos y andaluces; canarios y catalanes; y murcianos, y guineanos... Todos en igualdad, con un objetivo común: la revitalización de España en todos sus aspectos; la igualdad entre todos los españoles.

¡Cuántas canciones se cantaban! ¡Cuántos acentos distintos!, ¡cuánta hermandad!, ¡cuánta felicidad! Es una verdadera pena que las últimas generaciones de españoles se hayan visto privadas de tanta generosidad y tanta apertura de espíritu.

Sí, decididamente la OJE dejó su impronta en el espíritu de Cesáreo. No cabe duda que ahí aprendió a amar a España y a la Justicia. Y no cabe duda que su inadaptación a un sistema político eminentemente inhumano procede de estas experiencias.

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