domingo, 14 de mayo de 2017

SIGLO XIX: OBJETIVO, LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA (5)


La milicia había sido definitiva para aupar al poder a los progresista en numerosas ocasiones: En 1822, 1835, 1836, 1840... y evidentemente, en el mismo año 1854, cuando Espartero era reconocido como el símbolo de la revolución. Incluso en Barcelona, ciudad que no olvidaba el bombardeo inicuo perpetrado dieciséis años antes, lo proclamaba como héroe, y los revoltosos gritaban vivas a Espartero. Y cuando se declaró la huelga general en 1855 y una delegación obrera se preparaba para salir hacia Madrid, se elaboró un manifiesto que concluía con un «¡Viva Espartero! ¡Viva la Milicia Nacional! ¡Viva la libertad! ¡Viva la libre asociación, orden, trabajo y pan.

“Desde 1830 aparecieron en Cataluña sociedades de resistencia entre los obreros de la industria textil, las cuales tuvieron una vida incierta, más o menos complicada por las alteraciones políticas de la época. El momento de mayor auge del societarismo catalán corresponde a 1854-1855. El ímpetu ideológico subversivo fue una adaptación del utopismo de un Cabet y, sobre todo, del individualismo antiestatal proudhoniano. Ello explica la aceptación del credo bakuniniano, difundido por Fanelli, discípulo de Bakunin, en 1869, y la fundación en Barcelona de la Federación Regional Española de la Internacional (1870), de declarada tendencia anarquista. Esta corriente se difundió por Valencia, Murcia y Andalucía, mientras que el grupo madrileño se orientaba, conforme a un espíritu burocrático y ordenancista, hacia la posición autoritaria marxista. Disuelta la Internacional en 1874, este último grupo engendró, sucesivamente, el Partido Socialista Obrero Español (1879) y la Unión General de Trabajadores (1888). Su organizador fue Pablo Iglesias. El socialismo logró escasos adherentes en la periferia mediterránea y andaluza; en cambio, los obtuvo en la zona de la industria pesada del Norte (Vizcaya y Asturias).” (Vicens 1997: 65)

El bienio progresista fracasó, entre otras cosas, por la permanente conflictividad social a la que se unieron otras causas: epidemia de cólera, alza de precios del trigo, malas cosechas, tensiones entre obreros y patronos en las fábricas, incumplimiento de promesas hechas por el gobierno…

Durante el primer trimestre de 1855 los tumultos se suceden de forma ininterrumpida, y en casi todos ellos la motivación profunda radica en el malestar social que domina el país. (Urquijo 1981: 20)

El 21 de julio de 1855, el capitán general de Cataluña, Juan Zapatero, promulgó la prohibición de todas las asociaciones obreras, lo que ocasionó la convocatoria de una huelga general que sería la primera convocatoria de este tipo en la historia de España.

Cataluña asistió a la primera huelga general, declarada por los trabajadores para arrancar del gobierno —donde de nuevo se hallaba Espartero— el derecho de asociación (1855); Andalucía y Castilla contemplaron extensas manifestaciones de campesinos, en son de protesta por la terrible condición en que habían caído desde que la Iglesia había perdido sus bienes y éstos habían pasado a manos de capitalistas sin escrúpulos. El gobierno de Espartero no pudo resistir ni las presiones de base ni las intrigas de altura. Y así se esfumó el bienio de la Vicalvarada. (Vicens 1997: 61)

La larvada y creciente conflictividad social surgiría nuevamente con fuerza seis años más tarde, en 1861, con la sublevación de los campesinos en Loja, que obtuvo una cruel respuesta del gobierno, que acabó llevando a efecto fusilamientos en masa, y llevaría una marcha creciente hasta 1868, el año de la Gloriosa.

Al amparo de la septembrina, el obrerismo catalán empezó a movilizarse con la intención de crear una amplia plataforma que representara sus intereses de clase: la Dirección Central de las Sociedades Obreras de Barcelona, que meses después pasará a llamarse Centro Federal de las Sociedades Obreras de Barcelona. A animarlos llegaría Giuseppe Fanelli, enviado por Bakunin como representante de la AIT. La Asociación Internacional de los Trabajadores había sido fundada en Londres (otra vez, curiosamente Inglaterra), el año 1864, como iniciativa de anarquistas, sindicalistas y socialistas.

Por su parte, Bakunin, en septiembre, había fundado en Ginebra la Alianza de la Democracia Socialista

Sus miembros más destacados fueron Eliseo Reclús, Giuseppe Fanelli, Alberto Tucci, Arístides Rey y Nikolai JUkovsky. Esta organización pidió posteriormente su ingreso en la AIT. El Consejo General denegó esta solicitud, disolviéndose la Alianza como organización internacional e indicando a sus secciones el ingreso en las respectivas federaciones nacionales y locales de la Internacional. Teniendo en cuenta estas premisas, el Consejo General aceptó la entrada de la Alianza a la AIT en julio de 1869. (Tormo: 7)

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