martes, 6 de junio de 2017

EL CANTONALISMO: ARMA BRITÁNICA CONTRA ESPAÑA (5)

EL CANTONALISMO: ARMA BRITÁNICA CONTRA ESPAÑA


El partido republicano –federal–, que se había fundado en noviembre de 1868 y conseguido una representación parlamentaria apreciable en las siguientes elecciones, no había hecho sino decaer desde entonces. “Nadie ha destruido la Monarquía en España, nadie la ha matado; la Monarquía ha muerto por una descomposición interior”, declararía el republicano Emilio Castelar. (Dardé 2014)



Reforzando esa idea, hay que señalar que para la proclamación de la República hubo de alterarse la legalidad, ya que el artículo 47 de la constitución vigente no autorizaba la reunión conjunta de las cámaras, el artículo 74.4 señalaba que la abdicación del rey debía ser sometida a autorización legal, y el artículo 110 y siguientes impedían semejante alteración. Al respecto señalaba Pi y Margall:

A pesar de tratarse de un cambio tan radical en nuestras instituciones, no dio la proposición lugar a rudos ni acalorados debates; los más acérrimos enemigos de la República doblaban la cabeza ante la inexorable ley de las circunstancias, y se circunscribían a salvar sus opiniones o manifestar el temor de que no correspondiera la nueva forma de gobierno a las esperanzas de los que con tanto calor la habían defendido y estaban llamados a regirla. Eran sosegados y patrióticos, así los discursos de los que defendían la proposición, como las breves arengas de los que las combatían, y la discusión llevaba todo aquel sello de majestad que desde un principio caracterizó sesión tan grandiosa.

Lo único cierto es que al haber quedado vacante el trono, el 12 de febrero se proclamaba la república, siendo designado presidente Estanislao Figueras, que procedió a convocar cortes constituyentes y afrontar los problemas que acosaban: La guerra carlista; la sublevación de Cuba; las revueltas sociales. Su forma de solucionar los problemas se centró en promulgar una amnistía y en suprimir las quintas.

Lo que también parece cierto es que la situación cogió a todos por sorpresa, y al fin fue el resultado de una maniobra política improvisada sobre la marcha.

Los progresistas radicales encabezados por Ruiz Zorrilla pactaron con la dirección del republicanismo federal la proclamación de la primera República en una decisión inconstitucional de las Cortes, el once de febrero de 1873. El régimen republicano se constituyó en una Europa en la que la mayor parte de las potencias eran monarquías. La III República francesa, instaurada en 1871, estaba dirigida por políticos conservadores, y Suiza era la excepción que confirma la regla. (Pich 2012)

Es el caso que en la sesión del 11 de febrero de 1873 Pi y Margall  presentaba una moción, apoyada por Salmerón y Figueras, en la que se proclamaba: «La Asamblea Nacional reasume todos los poderes y declara como forma de gobierno la República, dejando a las Cortes constituyentes la organización de esta forma de gobierno». Fue aprobada la proposición por 258 votos contra 32.

Quedaba evidenciado que la huída del rey puso en vigor lo que los republicanos se habían mostrado incapaces de instaurar: la República, que como culminación del esperpento venía a señorearse en la desmembración de España; algo que, dada su inutilidad, no podrían conseguir… de momento.

Y es que es necesario tener en consideración que

En Europa antes de 1789 -y en Hispanoamérica antes de la Emancipación-la noción de patria estuvo íntimamente ligada a la persona -simbólica-del monarca, que individualmente podía ser odiado o atacado, sin afectar la idea misma de la monarquía. Este concepto integraba la sociedad en un todo organizado, con una jerarquía de dominación y subordinación, teniendo al monarca en la cúspide de tal sociedad. Por consiguiente, a través de esta relación común, los súbditos de un monarca pertenecían a una misma patria, los que no lo eran resultaban extraños a esta patria. Pero cuando el monarca desaparece, ¿sobre qué se funda el concepto de nación? (Bonilla 1972: 62)

La realidad, ante esta situación, se presentaba con todas las divisiones, incluso en el seno de la división de los progresistas. Todo hacía indicar que la llegada al gobierno de los más inútiles entre los inútiles no iba a solucionar los problemas que acuciaban a España.

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