domingo, 25 de junio de 2017

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (II)


La intromisión británica resultaba evidente, siendo su cabeza en la isla el cónsul británico David Turnbull, que curiosamente, habiendo sido Inglaterra el centro neurálgico de todo esclavismo, actuaba ahora como adalid del abolicionismo, mientras España se había convertido en esclavista en virtud de la dominación a que estaba sometida desde 1808.



El 20 de marzo de 1848 O’Donnell era sustituido por Federico Roncali, que el año siguiente acabó expulsando a algunos agentes extranjeros que promovían la sedición.

publicóse entonces en los periódicos franceses que, para vengarse Inglaterra de España por la expulsión de Mr. Bulwer, enviaba a Cuba y a Filipinas agentes secretos a insurreccionar aquellas Posesiones. (Pirala 1895: 68)

Algo que no era de extrañar, teniendo en cuenta que ya en 1827, y por boca nada menos que del duque de Wellington, como queda expresado en otro capítulo, había sido anunciada la conspiración al gobierno español, sin que éste tomase medida alguna, salvo comunicar el hecho a los Estados Unidos, y éste a su vez a Inglaterra.

No sería el único problema separatista al que haría frente Roncali, ya que el 19 de mayo de 1850, un intento de invasión filibustera, conformada por usenses y comandada por Narciso López, se hizo presente en Cárdenas, al amparo de la desidia del gobierno de Roncali, quién finalmente, el día 21, dos días después del desembarco, los obligó a reembarcar, no sin hacer prisioneros a varios filibusteros usenses que finalmente serían puestos en libertad.

Esta actuación de debilidad exasperó los ánimos de los patriotas y posibilitó que, tras tres años de mandato, el 18 de Septiembre de 1850, fuese  nombrado Capitán general de Cuba José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen en sustitución de Roncali.

Pero los prisioneros hechos por Roncali no fueron liberados por él, sino por de la Concha. Los argumentos que dio para llevar a cabo semejante medida son, cuando menos, peregrinos. Afirmaba que debía evitar, y en su caso reprimir inmediatamente, cualquier sedición por insignificante que fuese, compaginando la medida con la suavidad necesaria para evitar cualquier situación indeseada, y señalaba:

En la situación en que se hallaba la Isla, con los elementos de orden que, como he dicho, encierra, y con las tropas de que disponía, hubiera podido tal vez, por medio de aquellos bandos derramando sangre, llegar al mismo resultado de exterminar la expedición; pero preferí llegar a él de manera que pareciese el país adicto al gobierno, y no sujeto por la fuerza de las bayonetas y el rigor de los bandos militares. Por eso no hice declaración de estado de sitio ni di más bandos que una orden general poniendo fuera de la ley a los invasores, como piratas que eran de hecho y por el derecho de las naciones» (Pirala 1895: 177)

Pero… ¿en qué situación se hallaba la isla? El mismo de la Concha lo relata:

el país se hallaba al lado del gobierno: ni un solo hombre se había unido a la expedición; el gobierno tenia únicamente que premiar, ni un sólo castigo que hacer por crimen de rebeldía con motivo de la expedición de López. La derrota y destrucción de los invasores no era una victoria militar; era un gran triunfo moral, pero triunfo que daba también al gobierno toda la gran fuerza material de la Isla. Así lo comprendieron los enemigos, así lo comprendieron los extranjeros moderados e imparciales, así lo sintieron en su júbilo y alborozado contento todos los españoles, en quienes dominaba puro y libre el noble sentimiento del patriotismo; y en Méjico, en Centro América, como en la América del Sur, fue celebrada la derrota de los invasores de Cuba como un triunfo para nuestra raza. (Pirala 1895: 182)

A lo que parece, con las propias palabras del capitán general, la situación de la isla animaba al cumplimiento del derecho internacional vigente; a saber: los piratas debían haber sido ejecutados. ¿Qué motivó una acción tan contraria a los usos y al derecho cuando según el mismo informaba, la isla se encontraba  agitada por los proyectos de anexión, amenazada de nuevas invasiones y de conflictos interiores?

La respuesta quedó por resolver, como por resolver quedaron las propuestas de reformas que planteó al gobierno, que no merecen mayor atención, no por el contenido de las mismas, sino por la repuesta que obtuvieron del gobierno… ninguna.

Las muy importantes reformas propuestas por Concha al gobierno, las miró éste, por lo general, con esa lamentable indiferencia con que se suele mirar lo que no se entiende o lo que se quiere entender, lo que necesita atención y estudio para comprenderlo y talento para que la resolución que origine no produzca más daños que los que se trataba de remediar. (Pirala 1895: 186)

Concha, víctima de las reformas de Bravo Murillo, fue relevado el 11 de Marzo de 1852 por Valentín Cañedo, que, contrariamente a lo actuado por su predecesor, no dudó en ejecutar y desterrar a los conspiradores.

Si pudo gozar la Isla de algún momento de tranquilidad, cesó ésta cuando en Febrero de 1853 se vio la causa de la última conspiración descubierta, por la que fueron condenados a pena capital diez de los más comprometidos, de los cuales se hallaban presentes los señores Valdés, del Cristo, Hernández Perdomo y Álvarez; a extrañamiento perpetuo de Cuba el conde de Pozos Dulces y otros, y deportados a la Península los Arangos, Armas, Agüero, Castillo, Cisneros, Bombalier y hasta más de veinte, incluso don Francisco Quesada y Guerra. (Pirala 1895: 107)

Pero, ¿se equivocó Cañedo en su actuación?, ¿cumplía debidamente las órdenes del gobierno?... A lo que parece, no, pues los conspiradores que escaparon de la ejecución y fueron condenados a otras penas, no sufrieron mucho, ya que fueron rápidamente indultados, y volvieron a conspirar de inmediato, y Cañedo fue sustituido del mando a los dieciocho meses de haberlo tomado.

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