jueves, 1 de junio de 2017

LA CONQUISTA BRITÁNICA DE ESPAÑA (XXVII)

 

ASPECTOS ECONÓMICOS DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX


La separación de la España americana comportó una seria de problemas, también económicos, en unos momentos en los que se hacía más necesario el apoyo financiero; así, la falta de plata generó una escasez de oferta monetaria, lo que llevó, de inmediato, a una subida de tipos de interés que frenó la actividad financiera y, a renglón seguido, la empresarial. (Velarde 2005)

La evidencia del servicio que prestaba a España el Tratado de Libre Comercio tuvo una de sus primeras expresiones el 16 de febrero de 1836, cuando Mendizábal liquidó y declaró nulos todos los créditos a cargo del estado que no fuesen presentados a reconocimiento antes de 31 de diciembre del mismo año. Una argucia liberal que sirvió para despojar de sus derechos a los prestamistas menos avispados, que no eran precisamente banqueros.

Y es que Juan Álvarez Mendizábal era un liberal radical procedente, curiosamente, de Gran Bretaña, donde se dedicaba a los negocios. Fue reclutado por la regente Maria Cristina para solucionar la situación militar, política y sobre todo económica, creada por los liberales moderados encabezados por Cea Bermúdez y Martínez de la Rosa, y era tenido por los liberales como la panacea.

En lo económico, el agradecimiento de los liberales al apoyo inglés posibilitó la crisis del textil de 1837 en Barcelona, lo que conllevó una importante revuelta que fue duramente reprimida por Espartero en 1842. El autor del bombardeo, el jefe de la masonería barcelonesa y militar a las órdenes de Espartero, Juan Van Halen, llegó a derribar más de cuatrocientos edificios con las bombas que para el caso le proporcionó el ejército inglés.

La situación provocó un malestar generalizado que acabaría con la regencia de Espartero en 1843.

E, este periodo, no obstante, tomaría auge el sistema crediticio, siendo que el año 1838 se crea la primera Caja de Ahorros de España, la de Jerez de la Frontera, que dará lugar en 1839 a que se ordene la creación de cajas provinciales, ligadas a los Montes de Piedad de la Iglesia.

Pero la situación de crisis generalizada era manifiesta; a la crisis del conflicto carlista se unía la crisis económica, así como la falta de sentido solidario que había posibilitado el predominio mundial de España en los siglos anteriores. Y de ello se daban cuenta también en el extranjero; así,

En su Diario de un Turista, de 1839, Stendhal, el maestro de la novela realista, recoge con la perspicacia propia de su talento sus impresiones tras un viaje de Perpiñán a Barcelona: «Los catalanes quieren leyes justas –anota–, a excepción de la ley de aduana, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara, por el hecho de que Cataluña está en el mundo. El español de Granada, de Málaga o de La Coruña no puede comprar paños de algodón ingleses, que son excelentes, y que cuestan un franco la vara». Stendhal, que amén de escritor era también un ducho conocedor de la administración napoleónica, para la que había trabajado, capta al instante la anomalía: el arancel proteccionista, implantado por los gobiernos de España en atención a la perpetua queja –y excelente diplomacia– catalana, ha convertido al resto de España en un mercado cautivo del textil catalán, cuando es notorio que es más caro y peor que el inglés. (Ventoso 2014: 3)

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