lunes, 12 de junio de 2017

La rebelión de Paulo (X)

Esta actuación, probablemente, motivaría varias cosas; la primera, la desafección del clero, que tuvo una muestra evidente en el mismo que escribió el panegírico de la “Historia Wambae”, Julián de Toledo, que acabaría siendo cómplice principal en la defenestración de Wamba y en la redacción del canon II del Concilio XII de Toledo, en el que quedaba justificado el evidente golpe de estado que acabó con el reinado del último gran rey visigodo.

Y es que, con la idea de cortar esos excesos, el año 673 dictó “una ley de obligaciones militares para la reorganización del ejército, pero que también tendría un evidente alcance político... Se dictaminaba en ella la ayuda y participación en la defensa del reino que debían prestar tanto nobles como clérigos de rango superior, en caso de ataque exterior o de rebeliones internas. Asimismo, se regulaban los castigos por el incumplimiento de estas obligaciones; es significativo que las mayores penas se refirieran a la falta de asistencia en caso de rebelión interna.”

Lógicamente, esa circunstancia viene marcada por lo que venimos señalando que estaba sucediendo en el ámbito de la nobleza. Ya los cargos habían pasado de ser de designación regia a hereditarios. Curiosamente, un conde ya no era nombrado por el rey, sino que daba en herencia su circunscripción, mientras el rey era elegido por los nobles.

La situación de la monarquía, que salvo en contados reinados no fue precisamente ejemplar, como ya hemos señalado más arriba tenía dificultades para reclutar el ejército real, precisamente por el poder local que poseían los nobles “Así, una de las primeras medidas de Wamba fue evitar este inconveniente. Con su “Ley militar” estipula, en caso de invasión del exterior, como en caso de rebelión interna, la obligatoriedad de todos los que se encontrasen a no más de 100 millas de distancia, de acudir con sus fuerzas. En caso de incumplimiento se pagaría con el destierro, la confiscación de sus bienes y la pérdida de capacidad de testificar. Esta ley revela que el ejercito real en esta época estaba protofeudalizado (al constituirse por contingentes armados de grandes propietarios feudarios) y representaba un esfuerzo de controlar esa estructura protofeudal por parte del Estado.”

Sin duda esa protofeudalización sería la que acabaría con el reinado de Wamba, que a toda costa procuraba el predominio del interés general nacional sobre los particularismos locales. Era un enfrentamiento que tendría consecuencias, que acabaría imponiendo el poder de la corona, o al revés, como sucedió, acabaría con la vida de quién intentase poner freno a los abusos localistas. “El más que patente distanciamiento de la nobleza y el clero respecto del Estado, induce a Wamba a dictar una ley…  que obliga a ambos estamentos a movilizar los recursos necesarios, económicos o militares, en caso de necesidad por parte del Estado, poniendo a todos los ejércitos particulares a las órdenes del rey”  Pero este es un ideal que no sería conseguido sino… por los Reyes Católicos, ocho siglos más tarde.

La capacidad de la nobleza para eludir las leyes no conocía límite. “Lo más grave era que aún habían sido muchos más los que, vulnerando el cumplimiento de las leyes que regulaban la movilización en caso de guerra o sedición, alegando razones más o menos dignas de crédito se habían abstenido de acudir en ayuda del rey cuando éste lo había ordenado, con el encubierto propósito de no definirse claramente hasta que no se viese el cariz que iba a tomar el curso de la sublevación. Ello había puesto de relieve claramente el poco arraigo que entre la nobleza tenían las leyes dictadas en el seno de los concilios.”  Era evidente la necesidad de reestructurar el ejército.

Luego, junto a la reestructuración del ejército era necesario efectuar la reestructuración de la organización de la Iglesia nacional. “El control del episcopado y el inmenso patrimonio eclesiástico se realiza creando nuevas sedes episcopales. Dictó leyes para impedir la rapacidad de algunos obispos que se apropiaban para su provecho personal de los bines de las iglesias y monasterios rurales. ”  Y ello le acarrearía la enemistad de la cúpula religiosa, que acabaría, primero, traicionándolo a él, y décadas más tarde, traicionando a España.

“Por otra ley puso freno al aumento de la fuerza del trabajo dependiente de los fondos
eclesiásticos mediante la costumbre de hacer contraer matrimonio a personas de condición libre con libertos de la iglesia, así los hijos pasaban a estar bajo el patrocinio de la iglesia. Esta política, contraria a la jerarquía de la Iglesia visigoda se refleja también en la ausencia en su reinado de un concilio general.”  

A ese respecto señalado de la ausencia de concilio nacional, remarcar el hecho que durante el reinado de Wamba tan sólo se celebró un concilio, dando lugar a un largo periodo sin que éstos actos legislativos se produjesen. El motivo no puede ser otro que la enemistad del alto clero con Wamba, que legislaba en perjuicio de los intereses espurios de ese alto clero.


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