miércoles, 28 de junio de 2017

Un repaso al genocidio (10)

Y para conseguir sus objetivos no dudaron en utilizar todo tipo de recursos; desde el envenenamiento de indígenas hasta la programación de desastres ecológicos. “De 13 a 15 millones de bisontes habían vagado por las llanuras a mediados de la década de 1860. Entonces comenzó la matanza. Miles fueron liquidados para alimentar a las cuadrillas de obreros del ferrocarril Unión Pacific. Otros miles cayeron bajo los rifles de los cazadores. Las compañías del ferrocarril fletaron trenes para los cazadores; se permitió incluso la vergonzosa costumbre de abatir a los animales directamente desde los vagones. El descubrimiento en 1871 de un modo de usar comercialmente las pieles del bisonte completó la tragedia. Los tres años siguientes fueron muertos unos 9 millones de cabezas; una década después los animales estaban casi extinguidos. No se encontró modo más eficaz de destruir a los indios de las llanuras. (cf. Garraty, A Short History of the American Nation, cap. 17)” 

En unas instrucciones dadas al comandante de los Arizona Guards, el año 1862 se decía: “Sé por el teniente J. J. Jackson que los indios han estado en su puesto con objeto de hacer un tratado. El Congreso de los Estados Confederados ha aprobado una ley que dispone el exterminio de todos los indios hostiles. Por lo tanto, utilizará usted todos los modos para persuadir a los apaches o a cualquier tribu de que acudan con objeto de hacer la paz, y cuando los tenga reunidos a todos, matará a todos los indios adultos y tomará a los niños prisioneros y los venderá para cubrir el gasto de matar a los indios. Compre whisky y las demás cosas que puedan ser necesarias para los indios y yo haré librar órdenes de pago para cubrir la suma gastada. No deje nada por hacer para asegurar el éxito y tenga dispuesto alrededor un número de hombres suficiente para que no se escape ni un indio”.

“Pero el dato decisivo para juzgar de la importancia de una voluntad resueltamente genocida, evitando su disimulo por el complicado problema del choque entre culturas, es la ley norteamericana de 3 de marzo de 1871, que declaraba innecesario negociar con los indios para ocupar su territorio.” 

Los índios con los que batallaban, que montaban a caballo, usaban armas de fuego y tenían nombres tan hispánicos como Gerónimo, fueron súbditos de la Corona, y más tarde abandonados. Los que quedaron fueron obligados a vivir aparte, arrinconados en las reservas que hoy día quedan en Estados Unidos.

“Unas cifras sobre los apaches: en 1970 se contó a unos pocos y sueltos individuos apaches lipanes y quiovas, 1.000 apaches jicarillas, 8.000 apaches occidentales y 1.100 apaches chiricahuas y mescaleros.”  Eso es todo lo que queda tras las campañas de exterminio llevadas a cabo por WASP (Blancos, anglosajones y protestantes).

No debe olvidarse el exterminio de las tribus existentes en California, que habían sido cristianizadas por España. A mediados del siglo XIX fueron exterminados chilucas, chimarikos, urebuses, nipewais, alonas… bajo la inquisición liberal buscadora de oro.

Pero esas actividades que tuvieron lugar en el siglo XIX tuvieron sus prolegómenos. “En 1788 se inició la colonización británica con el desembarco en la actual Nueva Gales del Sur de la Primera Flota, una flota de 11 navíos con casi 1.500 personas a bordo. Eran presos deportados que habían sido autorizados a fundar una primera colonia penitenciaria. Ante la llegada repentina de los colonos británicos, los aborígenes tuvieron reacciones diversas, pero se volvieron inevitablemente hostiles cuando tuvieron que competir por conservar sus recursos vitales, y cuando asistieron a la ocupación y secuestro de sus territorios según iba avanzando la "frontera" hacia el interior del continente. Para los colonos, se podía expulsar a los aborígenes de las tierras que querían destinar a la agricultura y a la ganadería, porque eran nómadas e ignoraban el concepto de posesión de la tierra. Pero la cultura aborigen estaba intrínsecamente relacionada con la tierra en la que vivían, por lo que al tener que abandonar sus territorios tradicionales no podían mantener las prácticas sociales y espirituales que aseguraban la cohesión de los clanes y las interrelaciones entre los grupos. Además de la desestructuración de la sociedad aborigen, la pérdida de sus territorios de caza y de recolección provocó graves hambrunas… Los efectos combinados de las enfermedades, de la pérdida de sus tierras y de la violencia directa redujo la población aborigen en un 90% entre 1788 y 1900.”

Hagamos hincapié en el dato, no vaya a pasar desapercibido: En 112 años exterminaron al 90% de la población aborigen.

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