domingo, 16 de julio de 2017

Algunos apuntes sobre la Inquisición (10)

Las Cortes de Toledo de 1480 acordaron que las aljamas se trasladasen a los guetos donde voluntariamente se encerraban los judíos, y en 1481 comenzaba a actuar la Inquisición en Andalucía “Fr. Miguel de Murillo y Fr. Juan de Sanmartín… de la orden de predicadores” . Pero el verdugo era la peste, que se llevó por delante a más de 15.000 personas en Sevilla, a las que hay que añadir las de Jerez, Écija, Córdoba y otras ciudades. Entre ellos, Fray Hernando de Talavera, judeoconverso que había sido confesor de la Reina Isabel, y en ese momento estaba procesado por la Inquisición; proceso del que fue absuelto, aunque ya había fallecido. La prosecución del proceso tras la muerte no es extraño, sino común por parte del Santo Oficio; no en vano el proceso inquisitorial no era sino la búsqueda de una confesión. Esas 15.000 víctimas de la peste son las primeras en la contabilidad de los enemigos irracionales de la Inquisición.

“Y aquel año desque cesó la pestilencia volviéronse los Inquisidores á Sevilla é prosiguieron su Inquisicion fasta todo el año de ochenta y ocho que fueron ocho anos, quemaron mas de setecientas personas, y reconciliaron mas de cinco mil y echaron en cárceles perpétuas, que ovo tales y estuvieron en ellas cuatro ó cinco años ó mas y sacáronles y echáronles cruces é unos San Benitillos colorados atrás, y adelante, y ansi anduvieron mucho tiempo, é despues se los quitaron por que no creciese el disfame en la tierra viendo aquello”. Las cifras acostumbran a ser exageradas en estos tiempos, tanto en lo referente a los participantes en una batalla como a los muertos, sea en exceso o en defecto, a fin y efecto de causar pavor en el contrario; como tal debemos poner entre comillas el número de ajusticiados por la Santa Inquisición, y en cualquiera de los casos, si bien no podemos estar de acuerdo con estos métodos, ello no debe significar ponerse en contra de la Santa Inquisición, porque en definitiva, esos eran los métodos aplicados en el momento histórico por todos, y si a ello nos remitimos, tendremos que convenir que, si comparamos los métodos aplicados y el número de relapsos de la
Inquisición con los que pueden equipararse en el mundo europeo, protestante, hugonote… o en el lado musulmán, la Santa Inquisición, necesariamente, deberá ser considerada muy moderada.

Y no caben desviaciones de importancia, porque el estricto control documental de la Inquisición lo impide, y así como permite ver la dimensión del número de relapsos, permite el estudio de otros capítulos. Tal es la meticulosidad del tribunal. “La exploración del ramo Inquisición exhibe un fabuloso depósito documental que permite construir novedosas y sólidas interpretaciones acerca del discurso religioso, la ortodoxia y la heterodoxia de la sociedad colonial. En el mismo capítulo se ubica la sexualidad, las prácticas morales y sexuales, la conducta, las pautas de comportamiento comunes, las mentalidades, los diferentes modelos de principios y de valores cultivados en lo individual y en lo colectivo, todas distinguibles en los grupos etnoculturales. La documentación también ayuda a explicar el sentido de la justicia, la utilidad moral y religiosa aplicada en la punición inquisitorial. En la medida que fue una institución que registró minuciosamente sus denuncias, informaciones y procesos, el ramo Inquisición abre las puertas de una inmensa vitrina documental. Los detalles fácticos que se desprenden de sus legajos favorecen un análisis pormenorizado que muchas veces están ausentes en otra clase de documentación.”

Esa meticulosidad acaba yendo indefectiblemente en beneficio de la institución, para lo bueno y para lo malo.

El reino de Granada, en principio, quedaba al margen de la actuación inquisitorial. Al frente de la evangelización del reino de Granada estaba el judeoconverso Fray Hernando de Talavera, santo y sabio varón, confesor de la reina a la que tantos consideran santa, Isabel. Su máxima en su función, que tan magistralmente desarrolló era de un cristianismo radical, que le llevaba a afirmar que “a la fe se llegaba por libre decisión personal, no por coacción externa sino por impulso interior de aceptación de la voluntad de Dios, que quiere que el pecador se convierta y viva.”  Un santo varón con unas ideas dignas de estudio, justas, revolucionarias, cristianas. Digno confesor de tan gran ejemplo de virtudes como es Isabel. Querido por todos, los mudéjares le llamaban “santo alfaquí”.

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