jueves, 13 de julio de 2017

COMPONENDAS PARA LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA (1820-1830) (I)

COMPONENDAS PARA LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA (1820-1830)

Miguel Aspiazu Carbo, embajador que fue de la República de Ecuador en España, descubrió el año 1966 en el Archivo Nacional el titulado Proyecto de Decreto sobre la emancipación de la América y su confederación con España, formando un grande Imperio federal”,  "Plan de reconciliación entre la España y la América", gestado en 1820.



La esencia del plan consistía en una Confederación entre América y España. La base de la Confederación era el reconocimiento explícito por parte de la Monarquía de la independencia de los Estados americanos. Esta asociación política o "Imperio compuesto de Repúblicas perfectamente independientes, reunidas para su felicidad baxo la Presidencia, no baxo el dominio, de una Monarquía constitucional" convocaría a una Dieta confederal, supremo parlamento del Imperio hispano-criollo. Existiría libertad de comercio dentro de los marcos del Imperio, creándose un Zollverein aduanero para construir un mercado nacional único. Todo español que se radicase en América adquiriría automáticamente los derechos de ciudadano americano, y viceversa. En caso de guerra se prestarían auxilio recíproco todas las partes de la Confederación. Cada una de las partes confederadas miraría "cada una como amigos o enemigos suyos a los amigos o enemigos de la otra".

Pero todo quedó en un proyecto esperando que doscientos años más tarde se perfeccione.

Entre tanto, veamos qué hacían los artífices de la atomización de España. No es este lugar para tratar la actuación de agentes británicos que con el título de “libertadores” entregaron la España americana, atada de pies y de manos a sus verdugos británicos. Aquí vamos a tratar de los agentes británicos que desarrollaron esa misma labor en la España peninsular.

El 10 de febrero de 1817, día de la célebre batalla de Chacabuco que puso fin a la presencia española en Chile, salió Rafael Maroto de Santiago acompañado de sus ayudantes. Parece ser que Maroto anduvo en negociaciones secretas con el agente británico José de San Martín, que dirigía el ejército separatista. El combate comenzó a las nueve de la mañana y terminó a las dos de la tarde. En la madrugada del día 13, poco después de pasada la medianoche, tuvo lugar en Santiago una Junta de Guerra. En ella prevaleció el criterio de Maroto, por el que el ejército nacional se retiraba a Valparaíso con el objetivo de embarcarse hacia el Perú.

En diciembre de 1820 y enero de 1821 se produjeron tensiones entre los realistas del Perú que acabaron con el motín de los Canterac, Valdés, Rodil, Seoane, Verraz, Espartero, etc., en favor de La Serna, liberal y apoyado por la joven oficialidad, y contra el virrey legitimo, Pezuela. Se trató de un plante, de una sedición de los que, cuatro años más tarde, recibirán el apodo de «ayacuchos».

En las zonas donde se desarrollaba un conflicto encarnizado entre realistas y secesionistas (Venezuela, Nueva Granada, y Chile), se produjo un acuerdo de cese al fuego entre los secesionistas y los ejércitos realistas que favoreció a las fuerzas independentistas. El cese al fuego básicamente significó la rendición de los ejércitos realistas y el logro de la denominada “independencia” en Venezuela y Nueva Granada como también en Chile. En Perú el cese al fuego facilitó la invasión de San Martín que concluyó con la toma de Lima.

Al alimón de lo acontecido en América, en este lapso de tiempo, en la península se producían otros acontecimientos que acabarían siendo decisorios en el proceso de descomposición nacional, y muy concretamente en el desarrollo de las guerras separatistas de América.

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