jueves, 27 de julio de 2017

EL EJÉRCITO EN LAS ANTILLAS Y FILIPINAS DURANTE EL SIGLO XIX (II)


Santo Domingo se había reincorporado a España en 1861, pero esa iniciativa sería rechazada por la propia España… siguiendo las instrucciones emanadas de Inglaterra, que, bajo ningún concepto podía admitir que se rehiciese lo que con tanto esfuerzo había deshecho.



Ya desde el primer momento, Serrano, a la sazón capitán general de Cuba, se manifestó contrario a la reincorporación, al tiempo que O’Donnell pedía un aplazamiento a la misma, al alimón con Inglaterra, que movía sus hilos para que sus dictados no sufriesen menoscabo. Así, en  julio de 1862, agentes usenses turbaban la tranquilidad en Santo Domingo, igual que habían actuado antes en Texas, y del mismo modo, el cónsul usense Woldemeyer promovía una revuelta en 1864.

En medio de esta brevísima reseña, cabe recordar al respecto que en  1843, el secretario del Consejo de Ministros “español”, Vicente Sancho, reconoció públicamente y con satisfacción, que Inglaterra consideraba a España su protectorado.

También conviene señalar que en 1863, los generales Dulce y Gándara, y con  ellos toda la prensa democrática, aconsejaban el abandono de Santo Domingo.

El 28 de octubre de 1864, O’Donnell, durante cuyo mandato se llevó a efecto la reincorporación, pero que en estos momentos estaba en la oposición, felicitaba a Gándara por haber llegado a un acuerdo, que no se había alcanzado, y que significaba la separación de Santo Domingo de la Patria común.

Finalmente, y de forma inequívocamente democrática, el 10 de enero de 1865 las cortes “españolas” redactaban el proyecto de abandono de Santo Domingo. No obstante, España debería pagar un castigo por haber accedido a la reincorporación en 1861… Una guerra que aportó 10.000 bajas al ejército, y una paz unilateralmente declarada por el gobierno, de cuyo acuerdo se enteraron antes los enemigos que las fuerzas españolas…

El asunto de Santo Domingo sólo había sido un anticipo de lo que irremisiblemente debía ocurrir treinta y cuatro años más tarde con lo que quedaba de la España Ultramarina.


El descontrol, que no tanto la improvisación, sería la norma aplicada  que serviría como justificación para el abandono. Un descontrol que estaba marcando el triste destino. ¿Tuvo justificación el abandono de Santo Domingo?... Para los políticos, como para los militares de ellos dependientes, evidentemente sí.

Por eso no es de extrañar que tres años después del abandono de Santo Domingo, y al rebufo de la “Revolución Gloriosa”, se diese en Yara el grito de independencia el 10 de octubre de 1868. Algo previsible también por los responsables de la asonada, que diecisiete días antes habían conocido en Puerto Rico la revuelta iniciada con el “grito de Lares”. Todo estaba bien orquestado… La “Gloriosa” se había iniciado tan sólo seis días antes.

El grito de Yara daría comienzo a la guerra larga, un conflicto que era enfrentado por un ejército de pequeñas dimensiones

Al comenzar la guerra, las tropas de Lersundi eran sólo de 8.350 hombres del ejército regular, 1.675 de milicias y unos 35.000 voluntarios recién alistados. (Miguel 2011: 52)

Ya en 1869, y atendiendo las demandas del general Lersundi, comenzó el gobierno a enviar grandes contingentes de tropas peninsulares, pero acordes con las formas que les caracterizaba, los contingentes estaban compuestos por soldados sin preparación y sin aclimatación.

Los soldados peninsulares se adaptaban con dificultad al clima, estaban mal instruidos para el combate, diezmados por las enfermedades, pésimamente alimentados, mal pagados y con equipos muy deficientes, lo que le convertía en presas especialmente vulnerables en este tipo de guerra. Además, los generales españoles dudaban si debían controlar las ciudades y pueblos, dejando el campo a los mambís, o lanzar columnas a la manigua a perseguir las partidas independentistas, con escasos resultados y enorme sufrimiento de la tropa. (Togores 2010)

Esa falta alimentos, de equipo, de aclimatación y de preparación militar hacía que el ejército fuese inoperativo y representase una carga adicional a la población cubana. ¿Era justamente ese el objetivo perseguido por el gobierno?

Para el Ejercito Regular Español era casi imposible luchar en la manigua con eficacia. Las tropas peninsulares eran incapaces de operar mas de cuatro días seguidos. Solo unidades como los Cazadores de Valmaseda eran capaces de igualar a los mambís operando sobre el terreno. (Togores 2010: 543)

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