miércoles, 26 de julio de 2017

Guerra de secesión de Portugal (11)


Vasconcelos fue el noble portugués que actuó eficazmente para que se consolidara el poder español en Portugal a través del mantenimiento de la dinastía Habsburgo en toda la Península Ibérica, encabezando a la nobleza portuguesa que defendía la opción de mantener unidas España y Portugal.

“Varios relatos narran como el secretario fue encontrado escondido en su armario entre sus malditos papeles, acuchillado o disparado, según las versiones, y arrojado por la ventana de su despacho hacia la explanada del Palacio. A ras del suelo la vana chusma pudo ensañarse contra el cadáver de la víctima.”

“Aunque no fue unánimemente apoyado, la publicística portuguesa presentó el golpe como una Restauración de Portugal a la condición completa de reino,” de tal modo procedieron que dieron lugar al lenguaje más rancio del nacionalismo, que no tomaría carta de naturaleza hasta la Revolución Francesa: “Con criterios lingüísticos, geográficos, históricos, institucionales e, incluso, religiosos, se afirmaba la existencia y particularidad de un pueblo lusitano que, desde los remotos tiempos de la Antigüedad clásica, se habría asentado en el suelo de Portugal. Después de hecho esto, el siguiente paso era mostrar cómo un pueblo particular debía  extenderse también en una comunidad política propia; si la nación lusitana era peculiar en todo, y no sólo en su estatuto jurisdiccional, debería ser la única rectora de sus destinos, ateniéndose solamente a sus intereses y deseos, sin tener que depender de instancias no nacionales como eran las de la Monarquía Hispánica.” 

Argumentos que pasaban por alto, por ejemplo, la unificación nacional llevada a cabo por Roma, de la que Lusitania formaba parte esencial, y que parte de Lusitania era lo que en estas fechas era Portugal, entidad que, en esos momentos, sencillamente no existía, como tampoco existía Castilla, Navarra, o Aragón. Sin embargo callaban que sí existía Hispania, que primero como provincia romana y luego como reino visigodo, sí constituyó una unidad política que cubría territorialmente toda la península ibérica más la Narbonense, y la Hispania Tingitana. También negaban que la acción guerrera de todos los reinos hispánicos estaba dirigida a la Reconquista de España, de la unidad visigoda rota por la acción de la asonada árabe un fatídico año de 711.

Presentaban la monarquía hispánica, además, como tiranía, acusándola de haber intentado reducir a Portugal a una provincia sin identidad propia, obligada a pagar impuestos injustos, a intervenir en guerras extrañas, etc.

La sublevación no fue generalizada, aunque los sublevados controlaron de forma rápida los sitios estratégicos. Contra la sublevación “hubo un levantamiento del arzobispo de Braga y de algunos nobles que solicitaban que el nuevo rey renunciara y devolviera la corona al rey de España. Estos nobles y eclesiásticos fueron sometidos a tormento y juzgados sin ningún tipo de piedad por el nuevo monarca.”

1640 eran otros tiempos, y por supuesto, Felipe IV no era Felipe II. El nieto del rey prudente quedó sorprendido ante los acontecimientos. “Fue tal el sucesso de Portugal que, experimentado, apenas es creído. No se pudo temer, ni discurrir y assí no admira se dificulte la credulidad. Lo preuenido de los sediciosos para la execución, la presteza en el obrar y, finalmente, el modo con que todo se assentó no pudo ser inteligencia de hombres y, assí, sólo fue disposición de los Cielos” . Vamos a intentar desentrañar lo que de verdad tiene esa extrañeza que todos mostraron en el momento, desde el Conde-duque de Olivares hasta el último implicado.

¿Y cómo reaccionó el Conde-Duque? “Es fama que hallándose un día entretenido con el juego el indolente monarca, se llegó a él el de Olivares con alegre rostro y le dijo: «Señor, traigo una buena noticia que dar a V. M. En un momento ha ganado V. M. un ducado con muchas y muy buenas tierras.— ¿Cómo es eso? le preguntó el buen Felipe.—Porque el duque de Braganza ha perdido el juicio: acaba de hacerse proclamar rey de Portugal, y esta locura da a V. M. de sus haciendas doce millones.»

Un asunto que prometía ser resuelto en breves fechas se alargó de forma inesperada y dio pie a un contra sentido histórico: la separación de los dos reinos hispánicos. “Las dificultades por las que atravesaba la monarquía hispánica con los frentes abiertos en Cataluña y las Provincias Unidas, le llevó a retrasar la invasión de Portugal hasta casi 1660. Durantes esos años, Portugal se preparó diplomática –pactos de 1654 y 1661 con Inglaterra– y militarmente.”

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