jueves, 6 de julio de 2017

Idilia, una historia del futuro (10)

Capítulo Décimo

Mientras Antonio y Andrés permanecían en la Universidad, haciendo que ultimaban sus preparativos para los exámenes finales, Helena preparaba el habitáculo de Andrés para el desarrollo de su inminente función.



Experta ingeniera de telecomunicaciones, cuya formación le había acarreado un prolongado esfuerzo en sus cortos años de vida, la había facultado para encargarse de la peligrosa misión de dinamitar espiritualmente a la enferma Idilia.

Para el mundo exterior, el habitáculo de Andrés debía aparentar deshabitado, por lo que las paredes del mismo se vieron libres de las emisiones radiofónicas y televisivas de Idilia.

Los detectores de presencia humana sólo detectaban su ausencia gracias a las habilidades de Helena. La corriente eléctrica necesaria era suministrada por un generador silencioso que había transportado desde Humania, y los alimentos, también transportados desde allí eran consumidos en casa de Antonio, donde también efectuaba sus necesidades primarias, todo con el objeto de que el habitáculo de Andrés aparentase el más absoluto de los abandonos.

Mientras tanto, Antonio se puso en contacto con los seis compañeros “dormidos”, que fueron presentándose de manera espaciada en casa de éste para recibir las instrucciones oportunas.

Al décimo día estaba ultimada la operación.

El día de los exámenes fue el señalado para el lanzamiento de los panfletos.

Finalmente se decidió que habría una primera distribución en la Universidad. Así, desde las terrazas de los de la misma, y al unísono, a las doce del medio día, cuando más afluencia de alumnos había en el campus, nueve cañonazos sonaron en otros tantos puntos de las azoteas de los edificios. Nueve cañonazos que hicieron llover sobre los estudiantes centenares de papeletas subversivas.

Los guardianes del sistema, y entre ellos Antonio, se movían entre los estudiantes y demostraban su incompetencia para recoger todos aquellos papeles que de manera tan imprevista les habían llovido.

Los estudiantes, que en un primer momento se llevaron un gran susto por el estruendo, y sobre todo por la lluvia de algo que desconocían por completo, cogieron aquellos papeles y los leyeron.

“Conciudadanos:

Estamos viviendo en un mundo donde la libertad es ficción.

Se nos repite hasta la saciedad que somos libres, al tiempo que se nos aniquila intelectual y humanamente.

Este sistema nos ha quitado lo más intrínseco a la persona humana: La dignidad como personas, la familia, el criterio, la historia, la literatura, la cultura.

La gente “desaparece” cuando al sistema le interesa que eso ocurra, mientras toda la sociedad ve anulada su más mínima iniciativa por parte de los medios que el sistema utiliza a su antojo.

La televisión y los medios “informativos” entretienen nuestra mente con vacuidades que anulan nuestra razón.

Los partidos políticos se alternan en el poder para dar sensación de que las cosas se discuten y se cambian, con el único objetivo de que todo siga igual; de que todos sigamos siendo esclavos del sistema.

La homosexualidad, una enfermedad, se nos presenta como la panacea de la libertad y de la dignidad.

El aborto, un crimen, se nos impone al tiempo que se nos presenta como un derecho.

Todo en Idilia, en fin, es contrario al espíritu humano.

Os invitamos a que os rebeléis contra el sistema opresor:

-    No miréis la televisión.
-    No os traguéis las mentiras de los periódicos del sistema.
-    No sucumbáis a la enfermedad de la homosexualidad.
-    Formad una familia estable y exigid su reconocimiento social.
-    Tened muchos hijos.
-    No permitáis el asesinato del aborto ni el de la eutanasia.
-    Leed. Abrid las bibliotecas y desempolvad los textos que ocultan.
-    Luchad por erradicar la explotación en los centros de trabajo.
-    Exigid alimentos naturales. ¿Os habéis preguntado cómo se produce lo que coméis?
-    Averiguad qué es Humania.

Eso es Libertad.

Existen otras formas de vida… De vida humana, donde la persona y la familia es respetada, y donde existe la felicidad, pero el imperio de Idilia la tiene acogotada, perseguida, martirizada militarmente. Más allá del desierto existe Humania. Buscadla.

Movimiento por la Liberación de Idilia”

Antonio, en su papel de agente de Idilia cogió una de las octavillas y se presentó en el cuartel general de la policía para denunciar lo acontecido.

La noticia alarmó a los funcionarios que atendían el servicio, quienes de inmediato la transmitieron a sus superiores, al tiempo que ordenaban ocupar de inmediato todos los edificios del Campus esperando encontrar a los responsables.

Pero nada sacaron en claro, salvo que ese acto subversivo estaba provocado por algún agente de Humania.

Nadie recordaba un hecho como el acontecido aquel día, y los servicios secretos se vieron en la obligación de investigar, pero el resultado fue negativo. Nadie sabía nada. Nadie era sospechoso, porque todos eran minuciosamente controlados desde el momento de su nacimiento y el control era exquisito.

El gobierno de Idilia determinó poner en estado de máxima alerta a todas las fuerzas de información, reforzó muy especialmente las bases militares existentes en los confines del desierto que bordeaba la ciudad, y mandó comprobar los métodos electrónicos de vigilancia que rodeaban el contorno.

Todo estaba perfecto. No podían comprender cómo estando tan férreamente controlados todos los movimientos de la ciudad entera hubiese podido ocurrir esto.

Esa tarde resultó frenética para la seguridad de Idilia. Las reuniones de los responsables se sucedían en cadena, y las órdenes eran tajantes: No podía volver a repetirse un hecho como el de aquel día. No obstante, los medios de comunicación no harían ninguna referencia.

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