sábado, 1 de julio de 2017

LA INQUISICIÓN Y LA BRUJERÍA (2)


LA INQUISICIÓN Y LA BRUJERÍA (2)


Cuando el fenómeno llegó a España con los que huían de la persecución en Europa, las gentes se alarmaron y comenzaron a contagiarse del espíritu europeo. “Como la violencia empieza a hacer estragos, el orden interviene. Lo hace depositando el problema en manos de la Santa Inquisición… hacia 1609…los inquisidores se dejan ganar por la presión…pero la Inquisición es una casa muy seria: hay que estudiar los sumarios, documentar las acusaciones…”



Los días 7 y 8 de Septiembre de 1610 se celebró en Logroño auto de fe en que fueron relajadas once personas por brujería. Ese hecho movió a la Inquisición a realizar un estudio en profundidad sobre la brujería, lo que condujo a determinar que la brujería era un fenómeno que acontecía a personas enfermas, que como tal debían ser tratadas por especialistas. Ejemplar la actuación del Inquisidor de Logroño, Alonso de Salazar Frías que, mientras en Europa y sus dominios se quemarían brujas hasta un siglo después de que él hubiese fallecido, salvó del martirio a un número indeterminado de infelices.

La posición del Santo Oficio fue puesta a prueba con ocasión de los problemas de Zugarramurdi,”cuando en 1612, el inquisidor de Logroño, Salazar y Frías, hizo notar en un célebre informe dirigido a la Suprema, hasta qué punto carecían de fundamento los supuestos aquelarres e intervenciones diabólicas, reduciendo todo aquello a su real dimensión de habladurías y chismes, fruto de la ignorancia. Ese informe, donde textualmente se dice que no hubo brujas ni embrujados hasta que se habló y se escribió de ello, ha sido considerado como un monumento a la razón por encima de la superstición general reinante entonces.”

Pero el asunto no queda en la genialidad de una persona; pocas cosas, en la Inquisición quedaban relegadas a la genialidad de una persona; así, don Alonso de Salazar coincide en sus postulados con los que defendía  Pedro de Valencia, “que había estudiado los procesos de brujería y llegado a la conclusión de que, en la mayoría de los casos, eran invenciones de los testigos, producto del miedo, manifestaciones de algún trastorno mental o, simplemente, una tapadera para encuentros indecentes.” 

Los inquisidores determinaron que estas actividades eran alucinaciones provocadas por la ingesta de determinadas drogas, y propio de gentes con salud mental deteriorada. Pedro de Valencia, teólogo, manifestó que “No debe hacerse gran caso de los testigos en estas materias aunque sean muchos y graves, porque sabemos que cuando los emperadores romanos perseguían a los cristianos, se justificó contra ellos con muchos testigos conformes que mataban niños, se juntaban de noche a comerlos y se mezclaban hombres y mujeres a oscuras para obscenidades horrendas….Pedro de Valencia concluyó manifestando que para ningunas causas necesitaba tanta crítica el santo oficio como para las de brujos y magos ; que seria conveniente se formase instruccion particular que sirviera de gobierno á los inquisidores en adelante, y que nunca le parecería seguro condenar á relajacion los negativos de este crimen por mas pruebas que hubiere, mediante ser todas ellas muy falibles, y que es mejor en caso de duda dejar sin la condena a un culpado, que castigar un inocente, ó imponerle mayor que la merecida.”

Estos informes emitidos por especialistas no pasaron desapercibidos en la Inquisición. Consecuencia de ellos, “los Inquisidores españoles adoptaron frente a la brujería una actitud escéptica, y se las persiguió más por presuntos engaños o supercherías que por creyeran seriamente en sus contactos con el demonio y que hubiese componente herético en sus actividades.”

Como consecuencia, y al considerar a la brujería como un acto de debilidad mental, “mientras que la Inquisición solía mostrarse dura y tajante con judios, mahometanos y protestantes, se mostró inusitadamente blanda en cuanto al castigo de la brujería y otras formas de delitos mágicos. Tan blanda, que considerado con los ojos de un europeo del norte o del centro de Europa, debió resultar un escándalo.”

Obviando estos datos, siguen existiendo autores que hacen afirmaciones como la que sigue: “Durante la Edad Media la Iglesia reinventó la brujería como significante antagónico a la voluntad de Dios y como desafío a sus representantes legítimos en la tierra. La bruja mala, un invento de la teología cristiana. Todo lo contrario a su ordenamiento caería bajo el signo del pecado, estigma por excelencia de la violencia política de la Iglesia. Bajo sus fueros quedarían proscritos los conocimientos sobre el cuerpo y la sexualidad sometida al dominio del tabú; sobre todo la de la mujer, sometida irremediablemente a una cultura de subordinación patriarcal por encargo o maldición del Dios- Padre en Génesis.”  Para estudiosos de ésta categoría de nada vale remarcar la estadística incluida en la primera parte de este apartado de brujería, y que señala que fue el poder civil, y en Europa, no en España, quién se llevó la parte del león en la persecución de brujas.

Esas cosas y otras, como el caso de Rodrigo de Xerez, el “importador” del tabaco de América, son usadas de forma aviesa por quienes desconocen o niegan con dolo la verdad histórica.

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