miércoles, 5 de julio de 2017

Los cátaros (10)

Situación moral de la Iglesia

Dos de los problemas principales que presentaba la Iglesia Católica de los siglos X y XI eran la Simonía y el Nicolaismo. La reforma Gregoriana del Papa Gregorio VII en 1073 intentó atajar el problema creando disposiciones que pusieran fin a estas prácticas. En muchos lugares dichas disposiciones consiguieron reconducir la cuestión, y se produjo un cambio sustancial de costumbres.

El movimiento Cisterciense sería el abanderado de dicha reforma y su más ferviente impulsor.101

En relación a estos asuntos, el III Concilio de Letrán (1179) dictó doctrina; así, en el capítulo 10 sentencia: Los monjes no sean recibidos en el monasterio mediante un pago... Y si alguno, por habérsele exigido, hubiera dado algo por su recepción, no suba a las sagradas órdenes. Y el que lo hubiere recibido, sea castigado con la privación de su cargo.102

En este concilio, los herejes son excomulgados y deben ser denunciados, perseguidos y castigados de manera ejemplar y con éstos, a aquellos de quienes se sospeche que les protegen (la confiscación de sus bienes puede ser pronunciada, pero sobre todo se insiste en la búsqueda de éstos para poder condenarlos).103

Por otra parte, Inocencio III llegó a escribir: Por toda esta región, los prelados son el hazmerrerír de los seglares. Pero la raíz de este infortunio radica en el arzobispo de Narbona. Esta persona no conoce otro Dios que el dinero y tiene una bolsa en lugar de corazón. Durante los diez años de desempeño de su ministerio no ha visitado ni una sola vez su diócesis... Dondequiera que se observe, los monjes regulares y los canónigos desechan los hábitos, toman esposa o amante y viven de la usura.104

Por otra parte, los abusos por parte del clero eran manifiestos, hasta el extremo que el III Concilio de Letrán (1179), regula en su Canon 4 los ingresos de los miembros del alto clero, cuyos visitas canónicas solían ser la ruina de los sacerdotes rurales. En adelante, el cortejo de los arzobispos no ha de llevar más de 40 ó 50 caballos; el del obispo 20 ó 30 y el del archidiácono de 5 a 7 como máximo; el deán 2, y en su canon 11 prohíbe a los clérigos recibir mujeres en sus casas o frecuentar las suyas sin necesidad y los monasterios de monjas. 105

Inocencio III se marcó el objetivo de acabar con el desorden existente dentro del alto y bajo clero. Para su objetivo utilizaría a dominicos y  franciscanos, ejemplos de pobreza y de castidad, y por otra parte, gobernaba la turbulenta Roma con incontestable autoridad. Había consolidado sus posesiones, puesto de rodillas a reinos lejanos, llegado a ser el legislador de Europa y limpiado las filas del clero de holgazanes indeseables.

Hacía mucho tiempo que su hermano Ricardo había acabado de construir la torre de los Conti, la fortaleza de ladrillo que dominaba la ciudad como prueba del poder de la familia. Inocencio y su familia sólo tardaron unos años en obligar a los grandes clanes de la ciudad a obedecer; los Frangipani, los Colonna y otros de ese jaez habían sido sobornados o superados tácticamente y forzados a aguantar su pontificado en absoluto silencio. El denominado Patrimonio de Pedro, la ancha franja de la Italia central codiciada por los emperadores germanos, estaba de nuevo firmemente en manos del papado, y sus fértiles campos y sus ciudades comerciales pagaban cada año elevados tributos a Inocencio. Nadie prestó mucha atención a los papas indigentes del siglo XII; ahora, cuando Inocencio se levantaba para hablar, toda Europa se ponía derecha.106

No debemos olvidar, no obstante, que Inocencio III era de origen francés, y que los nobles normandos que habían quedado sin feudos, emigraban al Languedoc con el fin de asentarse, con lo que los francos se veían hostigados por su enemigo inglés por el norte y por el sur.

Relatos contemporáneos ratifican que en Languedoc, como en muchos otros lugares, los abades y los obispos llevaban una vida licenciosa. Se entregaban al juego y a la blasfemia; a la hora de los maitines todavía estaban en la cama, comadreaban durante los oficios divinos en las raras ocasiones que acudían a la capilla, excomulgaban a su antojo a cualquiera con el que se tropezaban, se hacían pagar por todo, desde impartir los sacramentos hasta la bendición de matrimonios ilícitos, y anulaban testamentos legítimos para embolsarse el peculio. Por el contrario, los albigenses contaban con muchos hombres y mujeres píos. Estos perfecti rehuían el matrimonio y los placeres terrenos. Enjutos, pálidos, el cabello largo, vestidos de negro, eran recibidos con júbilo dondequiera que fuesen por la pureza de sus vidas. Oradores elocuentes, mucho más cercanos a sus feligreses que los sacerdotes, su autoridad moral era inmensa.107

Este estado de cosas, propició que fuera creada la “Cruzada”, tanto por parte del Papa Inocencio III en connivencia con rey de Francia Felipe Augusto108, quién no obstante no participaría en la misma.

La posición de la Iglesia —que llamaba pecaminoso al dinero mientras practicaba una voraz recaudación de impuestos— era difícil de sostener, incluso para alguien con las dotes oratorias de Fulko. En sus sermones de réplica, los cátaros remachaban su ventaja. Para los perfectos, las palabras de Fulko sobre la virtud y sobre el vicio de las cosas enlodazadas en lo material eran otro ejemplo más de las argucias que la Iglesia hacía pasar por enseñanzas morales.109

Fulko avivó los ataques contra los aprovechados, los ateos, los que no poseían tierras y los usureros, llamando esa vez a tomar represalias. Entre las filas de los descontentos, formó una milicia religiosa denominada Hermandad Blanca. Por su parte, los cátaros organizaron la Hermandad Negra… las emboscadas dejaban docenas de muertos o heridos. 110

Resumamos: la herejía fue lo de menos en la guerra de Provenza. Dominaba allí un indiferentismo de mala ley, mezclado con cierta animosidad contra los vicios, reales o supuestos, de la clerecía. Había, además, poderosa tendencia a constituir una nacionalidad meridional, tendencia resistida siempre por los Francos. Bastaba una chispa para producir el incendio, y la chispa fueron los cátaros.111

Notas:

101 GUILLERMO DE TUDELA Y "LA CANCION DE LA CRUZADA CONTRA LOS ALBIGENSES"
Joaquín Guillén Sangüesa. dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2273363.pdf
102 El Magisterio de la Iglesia. Enrique Denzinger. http://www.diocesisdecanarias.es/pdf/denzinger.pdf
103 La Inquisición contra los Albigenses en Languedoc. Pilar Jiménez Sánchez (1229-1329).
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_443_1.pdf
104 La Cruzada contra los Albigenses. http://www.cayocesarcaligula.com.ar/papado/albigences.html
105 Tercer Concilio de Letrán. Traducido por Pedro Royo.
http://ec.aciprensa.com/wiki/Tercer_Concilio_de_Letr%C3%A1n
106 STEPHEN O'SHEA LOS CÁTAROS, la herejía perfecta.
https://docs.google.com/viewer?a=v&q=cache:MZkOULdhX5QJ:ahuramazdah.files.wordpress.com/2009
/11/oshea-stephen-los-cataros-la-herejiaperfecta1.
doc+stephen+o%27shea+los+c%C3%A1taros+la+herej%C3%ADa+perfecta&hl=es&gl=es&pi
d=bl&srcid=ADGEEShOD0drVoOkq1ATBIduBAXHrh6LDho-gndEFlteXXCiKcx9OhZEYAzzTZpOGy9mXUZLmX4PeHaksDTBDXf7nsYvvw0eXwS1Oj1BzQpRfnU86UOztzWJ1-
SzMW47uWv649Skg9o&sig=AHIEtbQn_HfrO0A21gN_4550o5jHg5WoiA
107 La Cruzada contra los Albigenses. http://www.cayocesarcaligula.com.ar/papado/albigences.html
108 HISTORIA DE LOS CÁTAROS http://www.loscataros.com/la-ruta/situacion-politico-social-dellanguedoc-/
288/38.html
109 STEPHEN O'SHEA LOS CÁTAROS, la herejía perfecta.
110 Id. Id.
111 Historia de los cátaros, los albigenses y los valdenses http://www.thecult.es/Lecturas-yanalisis/
historia-de-los-cataros-los-albigenses-y-los-valdenses.html






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