domingo, 2 de julio de 2017

Nada en común (XI)

1966
El diecisiete de enero de 1966, un transporte militar de los Estados Unidos pierde cuatro bombas atómicas en  Palomares. El perjuicio económico para la zona se alargaría hasta entrado el siglo XXI.



Fraga quitaría importancia al hecho, bañándose en la Playa de Palomares junto al embajador de los EEUU.

El nueve de marzo, en el convento de Capuchinos de Sarriá, en Barcelona, se reúne el Sindicato Democrático de Estudiantes, en un acto que será conocido como “la Capuchinada” según ellos y “la Cachupinada” según otros...  Prolegómeno democrático de lo que habría de acontecer diez años después.

En Septiembre, la elección de enlaces sindicales de la CNS, muestra de la libertad que sería la gran desconocida una década después, permite la representación sindical al amparo de unas leyes sociales que serían eliminadas al llegar la democracia.

El treinta de Noviembre se desata un conflicto laboral en Laminación de Bandas en Frio de Echevarri, Vizcaya, que duraría 5 meses.

En el secular conflicto de Gibraltar, la ONU ordena iniciar relaciones tendentes a devolver la soberanía a España, pero como es evidente, los ingleses no están por la labor. Su tradicional piratería no sucumbirá. Como consecuencia, el veinticuatro de Octubre se cierra la verja de Gibraltar, que no será reabierta, lógicamente, hasta llegar la democracia.


1967
Los años no corrían en balde. Se celebró en España el Referéndum para la modificación de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, que finalmente sería promulgada el 10 de Enero de 1967.

Los falangistas se opusieron al mismo, ya que definitivamente se fulminaba, de forma legislativa, toda esperanza que pudiera existir sobre el anhelado estado Nacionalsindicalista. Se instauraba, con título de rey, al heredero de la más nefasta dinastía monárquica que jamás hubiese conocido España. Pero ¿qué poder tenían los falangistas? Sencillamente ninguno.

El referéndum, lógicamente, y como siempre sucede en todo referéndum, lo ganó quién lo planteó. La propaganda del régimen cantaba que la Ley de Sucesión se la habían dado los españoles a sí mismos. Curiosamente, años después, el sistema democrático usaría la misma expresión para referirse a la constitución de 1978.

La fórmula aplicada: la de siempre. ¿Conocía el pueblo lo que votaba?; ¿conocía el pueblo que estaba dando el primer hachazo al sistema de la Seguridad Social?

La verdad es que, comparado con lo que han hecho los políticos en el último cuarto del siglo veinte y en lo que va del XXI, el hachazo era el propinado por un hacha de madera. Pero se produjo el hachazo.

La gente, como siempre sucede, no sabía lo que votaba, y el régimen, como copiando los métodos de los regímenes democráticos, como dando pasos en ese democratismo letal, enmascaró el referéndum con una vaciedad que arrastró a los votantes: SÍ A FRANCO. ¡Vaya falacia!

De ahí surgiría la propuesta de Juan Carlos de Borbón a título de sucesor en la Jefatura del Estado; propuesta que sería ratificada el 22 de Julio de 1969 por las Cortes, con 491 votos contra 19 y nueve abstenciones.

Entre 1964 Y 1977 más de 500 compañías extranjeras instalaron fábricas  en Barcelona. El régimen estaba llevando a cabo el desarrollismo, que a costas de la España agrícola, vertía todo el esfuerzo en núcleos como Madrid, Barcelona y Bilbao. Los pueblos de los alrededores de Barcelona se llenaron de inmigrantes que acudían a fortalecer el tejido económico y social de Barcelona mientras sus lugares de origen languidecían y morían en la miseria y el abandono. Poblaciones como Santa. Coloma de Gramanet, multiplicaron su población por siete entre 1950 y 1970.

El activismo político provocó que el Gobierno cerrase la Universidad de Madrid y que decretase el estado de excepción en Guipúzcoa; se entregó Ifni a Marruecos y se dio la independencia a Guinea.

Coincidiendo casi en idénticas fechas, exactamente el 20 de Julio de 1969, ocurrió otro hecho que fue seguido en directo por televisión por millones de personas, entre ellas el propio Cesáreo, y del que, transcurridos los años, se generalizó la creencia de que se trataba de otro fraude: el viaje del Apolo XI a la Luna. Dos fraudes de envergadura en tres días.

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